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FOTOGRAFÍA

Manuel Álvarez Bravo: Cuando la realidad se encontró con el color

Se publica el primer libro dedicado íntegramente a la obra en color del artista, figura clave en la fotografía latinoamericana del siglo XX

Sin título (Doris Heyden), c. 1945. Ver fotogalería
Sin título (Doris Heyden), c. 1945.

“La realidad es más real en blanco y negro”, escribe Octavio Paz en Cara al tiempo, dedicado a Manuel Álvarez Bravo (México DF, 1902- 2002). Sin embargo, don Manuel, siempre inquisidor frente al mundo, supo que el acromatismo no traduce o revela mejor la realidad; la muestra de otro modo. De ahí, que en su archivo se encuentren más de tres mil imágenes en color.

Reconocido como “uno de los inventores del vocabulario moderno de la fotografía”´- en la retrospectiva que el MoMA le dedicó hace más de dos décadas-, heterodoxo por naturaleza, nunca se sujetó a teorías ni corsés, ni artísticos, ni políticos, de ahí que el continuado estudio de su archivo contribuya a liberarlo de las etiquetas y reducciones a las que en ocasiones se ha visto sometida su obra. “Fotografíen lo que vean, no lo que piensen: la filosofía de un fotógrafo debe ser no tener ninguna”, recomendaba a los más jóvenes. Así, cuando en 1976, Octavio Paz homenajeaba al fotógrafo con su poesía, se hacía eco de una corriente que denostaba el uso del color como algo que disfrazaba la materia, y la privaba de la riqueza lumínica y el rigor del blanco y negro. Walker Evans lo consideraba “vulgar”, Paul Strand, como un tinte sin “cuerpo, ni textura, ni densidad”. El autor mexicano se distanciaba de esta tendencia, en 1984: “Grandes fotógrafos, desgraciadamente ya muertos han negado el color, pero yo creo que el color y el blanco y negro son dos maneras que no se excluyen; y es posible que haya un fotógrafo que comprenda que vea y sienta exclusivamente en blanco y negro, otro en color, y un tercero que pueda interesarse por ambos”.

Brazo con margaritas, c. 1945-1947. ver fotogalería
Brazo con margaritas, c. 1945-1947.

“Álvarez Bravo es un fotógrafo principalmente de gelatina sobre plata”, apunta James Oles, curador e historiador, “Su obra en color es un experimento, dentro de una tendencia a explorar y a jugar con los nuevos medios a su disposición”. Oles ha colaborado junto con la hija del artista, Aurelia Álvarez Bravo y el editor Ramón Reverte en la edición de Álvarez Bravo a color (RM), donde también contribuye con un texto. Se trata de la primera monografía dedicada íntegramente a las imágenes en color del autor, y reúne aquellas más significativas, muchas inéditas.

El artista comenzó a investigar con el color en la década de los veinte para luego proseguir con más o menos intensidad y de forma intermitente hasta su muerte. Estas imágenes en color serían expuestas a lo largo de toda su trayectoria a partir de los años cuarenta. El estudio de esta parte de su obra no implica de modo alguno que sea necesario revisar la figura del autor. “Sigue siendo un fotógrafo de blanco y negro, pero hay dos cosas importantes que se desprenden de este trabajo: reafirma su figura como uno de los grandes genios de la fotografía en México en el siglo XX, y nos habla de su afición por la historia de la fotografía, por su complejidad y sus técnicas. Tenía mucha curiosidad. Era un investigador. Un gran experimentador”. destaca Oles. “Estas fotografías nos enseñan la complejidad de su carrera, de su mente, en cuanto  trataba de jugar con un medio a través de una técnica que requería materiales que no eran fáciles de conseguir en México. Las imágenes dan más densidad a su trayectoria y nos develan, aún más, su complejidad y sus ideas”.

Una casa reflejada en el Oude Gracht, Haarlem, Holanda (Homenaje a Monet; Monet Gracht), 1960. ver fotogalería
Una casa reflejada en el Oude Gracht, Haarlem, Holanda (Homenaje a Monet; Monet Gracht), 1960.

En su deambular por las calles posaba la mirada en objetos y en escenas cotidianas proponiendo nuevas e inusuales formas de observar el mundo. “Evitaba los colores o los contrastes brillantes y distractores, lo que le permitió llamar la atención sobre los detalles de la composición”, escribe Oles. La selección incluye paisajes e insólitos retratos, pero la atracción cromática del autor se hace más evidente en su interés por los muros coloreados de Coayacán (algo que despertó el interés de muchos fotógrafos mexicanos en los años cuarenta), también se interesó por el grafiti y las abstracciones, “quizás inspirado por el expresionismo lírico de los pintores mexicanos contemporáneos, como Lilia Carrillo y Manuel Felguérez”.

Para el historiador hay algo que resulta de suma importancia: la fotografía en blanco y negro es muy difícil de fechar a través de las fotografías o impresiones porque la técnica no cambia mucho. En el caso de la fotografía en color ese cambio de técnica facilita la tarea. Así, fechando ciertas imágenes en color se ha podido comprobar que la fecha atribuida a algunas de las imágenes más conocidas del autor, como es el caso de La hija de los danzantes, era errónea. “Estas diferencias son importantes en la historia del arte. Nos recuerdan que algunos de los artistas más estudiados tienen todavía secretos que revelar, muchas veces a través de las investigaciones”.

Sin título (Maudelle Bass), 1947. ver fotogalería
Sin título (Maudelle Bass), 1947.

Muchas de las obras nunca fueron ni impresas, ni expuestas, ni publicadas durante la vida del autor. Así, uno de los grandes escollos encontrados en la elaboración del proyecto es la incertidumbre sobre los tonos exactos de la imagen, debido a la degradación que padecen los negativos y las diapositivas en color con el paso del tiempo. Tal y como apunta su restaurador, Agustín Estrada, no existe una certeza, cien por cien, de que los colores hayan sido exactamente como se presentan, de ahí, que la labor sea valorada como la interpretación de un fotógrafo actual de la obra de un fotógrafo muerto ¿Qué hacer? “Los puristas dirían que no hay que mostrar nada porque el material se degradó, el artista murió, el muro original se repintó... Por tanto, no podemos estar seguros de cómo podría ser el original. Un argumento digno y noble “, destaca Oles. “Hay mucha resistencia a dar color a algo que nunca lo tuvo, como lo hay a la sobre restauración de pinturas. Pero yo no soy purista, ninguno de los tres editores lo somos. No estamos tratando de destruir ni de criticar. Los proyectos como este se hacen partiendo del amor por la fotografía. Se trata de un libro noble, donde tratamos de exponer una parte de obra olvidada, no de reescribir la obra. Luego decidimos que, ya que don Manuel no está y no puede opinar, ¿por qué no publicar las imágenes?".


 

 Manuel Álvarez Bravo a color. Editorial RM. 136 páginas. 45 euros.