Un libro para retirar una tonelada de basura del Everest

Ediciones del viento y los autores de uno de sus libros, ‘Sherpas’, promueven un proyecto de reciclaje de residuos en el Himalaya

Lakpa Nuru Sherpa, uno de los autores del libro ‘Sherpas. La otra historia del Himalaya’ en el Zetra La.
Lakpa Nuru Sherpa, uno de los autores del libro ‘Sherpas. La otra historia del Himalaya’ en el Zetra La.Ediciones del Viento

Bombonas de oxígeno, latas, camping gas o trozos de plástico de tiendas de campaña son algunos de los restos que dejan los alpinistas en su travesía a la cima del Everest. El problema medioambiental que afecta a la zona se suma al social que ha dejado la pandemia: no hay expediciones y los porteadores ―trabajadores autóctonos que ayudan en su recorrido a los viajeros― no tienen ganancias. Para resolver el doble conflicto, los autores de Sherpas, la otra historia del Himalaya (Ediciones del Viento) y la editorial apoyarán económicamente a la ONG Sagarmatha Pollution Control Committee (SPCC), encargada de la limpieza del Monte Everest en su lado nepalí y sus alrededores. Por el momento, con los ingresos devengados por los derechos de autor ya han contratado a porteadores para la retirada de una tonelada de residuos reciclables de la región más alta del mundo.

La periodista barcelonesa Xiana Siccardi y el escalador sherpa Lakpa Nuru escribieron a cuatro manos el texto, publicado en mayo y agotado tres meses después, que vuelve ahora a distribuirse. Siccardi reconoce en conversación telefónica que el libro en sí ya era una declaración para empatizar y comprender el modo en el que viven los sherpas. También para acercarse a esta profesión, la de porteadores. “Desde el principio decidí que mi parte íntegra iba para ellos y su comunidad. Son personas que no cuentan con ayudas públicas. De hecho, muchas veces son los propios restaurantes los que les donan sacos de arroz, aceite, galletas. Este apoyo no es dinero, es comida”, puntualiza.

Lakpa Nuru Sherpa reconoce la grave afectación de la covid-19 en su comunidad, porque muchos trabajan en el turismo como guías de trekking, como escaladores, porteadores, en los hoteles y como guías de yaks. “Aquí decimos que si un turista viene a Nepal, diez personas consiguen empleo, así que sin turismo es difícil sobrevivir y aunque queramos cambiar nuestra profesión es imposible en esta situación de pandemia”, comenta en una nota de voz.

Xiana Siccardi junto a Lakpa Nuru Sherpa y su madre Lakpa Futi en su casa natal en Khari Khola, en los Himalayas nepalíes.
Xiana Siccardi junto a Lakpa Nuru Sherpa y su madre Lakpa Futi en su casa natal en Khari Khola, en los Himalayas nepalíes.Xiana Siccardi

El director de la editorial, Eduardo Riestra, añade que su aportación a la recogida de basura no es solo con un fin ecológico, también es social; porque las tareas de limpieza de la SPCC se realizan mediante la contratación de porteadores, ya que en esta zona del Himalaya no existen carreteras. Nuru Sherpa cuenta que la organización —que es no gubernamental, pero lleva 20 años trabajando con el Gobierno— recolecta toda la basura de las montañas, aunque también hay agencias de trekking que suelen hacer expediciones de limpieza del Everest: “Los sherpas llevan la basura de la montaña al campo base y se les paga por kilo de basura que han bajado, y luego se separa de la que se elimina y la que no se elimina. La que no se puede eliminar la llevan a Namche y allí se destruye”. La que no, como vidrio o hierro, se lleva hasta el aeródromo de Lukla, y desde allí, por vía aérea, llega a Katmandú, donde se procesa y recicla. “A veces, la compañía aérea lo hace a coste cero”, explica.

Los desperdicios son producidos, principalmente, por el impacto del turismo de altitud. Antes de subir a la montaña, los escaladores pagan una cuota que se les devuelve cuando llegan con sus restos. Esta medida para controlar la basura de la zona, acompañada de los grandes contenedores de piedra ubicados en el trayecto, es insuficiente. “El problema es la bajada. Muchas veces se enfrentan a heladas y en esos momentos lo dejan todo. Priorizan la evacuación, el volver con vida”, cuenta la periodista. La situación afecta a los residuos orgánicos, porque con el deshielo los habitantes temen que lleguen a los ríos, a los cultivos, a los pueblos. Uno de los vertederos se ubica en el asentamiento de Gorakshep, que se sitúa junto al Campo base del Everest, a más de 5.000 metros de altitud. En esas alturas difícilmente crece vegetación, pero Siccardi cuenta que se escucha el graznido de los cuervos: “Las aves se han adaptado porque se alimentan de la basura orgánica”.

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