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En televisión este año se mira al pasado para ver el presente

Una cantidad inusitada de series explora épocas pasadas para encontrar en ellas una explicación a nuestros días

Kate Nash y Chris Lowell, en la tercera temporada de 'GLOW'. En vídeo, el tráiler de la tercera temporada de la serie.

Se dice que toda distopía es una crítica al presente desde un futuro indeseable. Que, por más que la ficción viaje en el tiempo, su creador se queda en su sitio, y lo que le rodea encontrará sin duda su lugar en lo que sea que esté creando. Es muy sencillo trasladar dicha lógica a la ficción televisiva de hoy, en la que se viaja al pasado constantemente, en un ejercicio de nostalgia sin precedentes, pero con la lógica del presente. La que, a veces, explica mejor nuestros días que aquellos que se muestran en pantalla.

El ejemplo más claro es el ya clásico de los hermanos Duffer, Stranger Things (Netflix). La serie viaja a un pasado que ni siquiera llegó a ser presente de sus creadores alguna vez (el año en que la serie arranca es 1983 y ellos nacieron en 1984) pero que lo había sido de las películas que crecieron viendo, de Steven Spielberg o John Carpenter. El resultado es una serie que respeta los códigos no de la época sino de las películas de la época. ¿Acaso había niñas en bandas entonces? ¿Por qué las hay hoy? Nancy (Natalia Dyer), la hermana mayor de un protagonista, se enfrenta en el periódico en el que trabaja contra tipos que se ríen de sus propuestas de artículos y la mandan a hacer café. En la época, la problemática seguiría estando ahí, pero ¿se hubiese destacado?

GLOW (Netflix), de Liz Flahive y Carly Mensch, otro éxito de crítica de los últimos años, transcurre también en los ochenta, pero sin la intención de idealizar el pasado. Por un lado, pretende desempolvar la historia de los inicios de la lucha libre femenina y, por otro, dejar claro lo difícil que era ser mujer en cualquier entorno que implicase poder. En una de sus tramas, los tipos que dirigen el cotarro nombran productora a Debbie Eagan (Betty Gilpin) para luego reírse de ella, lo cual es una forma de hablar no solo de un pasado imperfecto sino también de un presente en el que también tratan estos temas.

"No van a dejar de tratarte así a menos que les resultes útil", le dice a Debbie una amiga. Ella idea una trama para ser mejor que sus rivales. Lo consigue. El pasado, más allá de las mallas y los cardados, es el lugar en el que las cosas empezaron a cambiar.

Jonathan Groff, en 'Mindhunter'.
Jonathan Groff, en 'Mindhunter'.

Mindhunter reproduce —a su manera— la historia real de los agentes del FBI John E. Douglas y Robert Ressler, quienes, a finales de los setenta, descubrieron que los asesinos en serie compartían ciertos patrones. Pero también trae de vuelta el mundo de su época —hasta el último decorado— en el que las madres eran a menudo solo eso, madres.

Ahí es donde entra el personaje del agente Bill Tench (Holt McCallany) en la recién estrenada temporada de la serie. En ninguna otra ficción que trate la misma época, hecha en cualquier momento, se le pondría en el brete en el que se le pone en los nuevos capítulos, que le juzgan por no escuchar las súplicas de su mujer, que no puede con todo en casa por no escuchar las súplicas de su mujer, que no puede con todo en casa. Todo esto se vuelve dramáticamente en contra al final. Es otro caso en el que el presente invade el pasado.

Indya Moore, en la segunda temporada de 'Pose'.
Indya Moore, en la segunda temporada de 'Pose'.

Pose (HBO España y Netflix), la serie de Ryan Murphy, invoca la era dorada del underground LGTBI en el Nueva York infestado de sida y prejuicios de finales de los ochenta. La serie homenajea a la comunidad transexual que encontró en la cultura del ballroom una manera de salir adelante mientras el mundo a su alrededor parecía rechazarlos. Pero la serie está escrita desde 2019 y habla sobre 2019. Hay cuerpos más musculados de lo que debería en, por ejemplo, en esas escenas. Los personajes, además, tienen una visión muy preclara de cuáles son los derechos que se merecen y las trampas que la sociedad heteropatriarcal es capaz de tenderles: y no es algo que se intuya o que sea propio de uno o dos personajes astutos. Todos tienen un momento en el que hacen suyos los problemas que el colectivo LGTBI tiene hoy. Se diría que Murphy, un amante de la relevancia, ha limado el pasado. Como todos en el presente.

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