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EN POCAS PALABRAS

Miguel Ángel Arcas: “El peligro del aforismo es su aparente facilidad”

El poeta y editor recopila los últimos aforismos que ha escrito en 'Los tres pies del gato'

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Además de poeta y director de la editorial Cuadernos del Vigía, Miguel Ángel Arcas (Granada, 1956) es un gran cultivador del aforismo. El volumen Los tres pies del gato (Trea) recopila los últimos que ha escrito.

 ¿Qué libro le hizo querer ser escritor?

Fueron más, pero diré solo dos: Poeta en Nueva York, de Lorca, y Juan de Mairena, de Antonio Machado.

 ¿Y editor?

La histórica revista Litoral.

 ¿El último libro que le gustó?

La historia de Java, de Elisabeth Mulder.

 ¿Cuál no pudo terminar?

Bastantes menos de los que me he empeñado en terminar. Soy muy cabezota.

 ¿Qué poema ajeno le habría gustado escribir?

Muchos, pero en este momento diré que el sencillo y desolador Desayuno, de Jacques Prévert.

 De no ser escritor ni editor le habría gustado ser…

Periodista, que es otra manera de hacer ficción para entender la vida. También, jardinero de la Alhambra.

 ¿Su aforismo favorito?

No hay uno solo, pero este de Jorge Wagensberg me resulta, en los tiempos que corren, adecuado para ubicar nuestra capacidad de elección: “Una cebra no necesita correr más que una leona, sino más que las otras cebras”.

 ¿El aforismo está de moda? ¿Pasará de moda?

No exactamente. Si así fuera tendría muchos lectores y no los tiene. Sólo ha despertado cierto interés porque han aparecido más cultivadores, más editores. El peligro es su aparente facilidad. Ojalá permanezca como lo que es: un género oblicuo y estimulante.

 ¿Qué ha aprendido como escritor de su trabajo como editor?

Pulcritud, minuciosidad, paciencia…

 ¿Y viceversa?

La pasión por la búsqueda, la necesidad de construir una obra.

 ¿Y como poeta de su labor aforística?

La precisión, la economía lingüística, la luz que se desprende de lo que se acaba de romper.