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Carmen Frías, una diva en la sala de montaje

Para la creadora, montar era tener toda la película en la cabeza, había que haberla imaginado antes de hacer los cortes

 Carmen Frías, en noviembre de 2013 con el premio Mujer de Cine.
Carmen Frías, en noviembre de 2013 con el premio Mujer de Cine. WireImage

Ha muerto una diva de la sala de montaje, ese lugar, tal como ella decía, de soledad y reflexión. Aunque Carmen Frías era una diva siempre. Usamos la palabra a sabiendas de que le haría reír y la descartaría con un gesto leve, como dejando caer la ceniza del pitillo con boquilla que fumaba, pero con la misma firmeza con la que proponía desechar un plano. Carmen Frías lo sabía casi todo de las historias del cine y de la vida, y se atrevió a decir lo que merecía la pena y lo que no. De complexión pequeña, cuando entraba en un lugar donde había muchas personas era imposible no advertir su presencia, estaba ahí, su mirada abarcaba lo que sucedía, podía vivirlo y montarlo, esto es, reescribirlo, al mismo tiempo.

Frías, siempre en lucha, se abrió paso en el mundo entonces masculino de los técnicos de cine. No aceptó imposiciones, mantuvo su independencia y sacó adelante a una hija y un hijo de un primer matrimonio, muy breve, y a una hija de una segunda pareja, breve también, al modo de un personaje de las letras de Vainica Doble que luego dejó atrás para seguir a su aire. Luchó por la autonomía de las mujeres; logró que se escuchara, al menos en parte, su talento. Luchó para acabar con la dictadura desde el Partido Comunista; por ello la detuvieron policías voceando su nombre en los pasillos de una RTVE a donde regresó un tiempo, en agradecimiento a la movilización de sus compañeros. Siguió luchando en el siglo XXI y consiguió dar un fuerte impulso al sindicato de técnicos audiovisuales, del que fue secretaria general durante cuatro años. En la Red han aparecido algunas informaciones erróneas: no nació en 1936, sino en 1938; murió con 81 años. No dejó el cargo de secretaria general por otras actividades: si no quiso volver a presentarse fue porque pensaba que los cargos debían de ser rotativos para evitar que se crearan espurias estructuras de poder. Su hija Berta Frías no se dedicó “durante un tiempo” al montaje: sigue haciéndolo en España y en Latinoamérica, y es profesora de narrativa cinematográfica.

Como la enumeración de las películas que montó Carmen Frías sí está disponible, hablemos de su trabajo. El autor es el director, recordaba siempre, y si había que corregir se corregía, pero, insistía, “déjame que te haga mi propuesta porque yo tengo algo que decir”. Quien monta las películas tiene, decía, “en general, un estudio muy profundo de lo que se está contando y puede ofrecer al director alternativas que a veces, en el alboroto del rodaje, el director no ha visto”. Ganó dos premios Goya, pero es una frase muy pequeña para todo lo que hizo. Con motivo de la entrega del Premio Mujer de Cine 2013 a Frías, Patricia Ferreira recordaba que siempre le pedía más pruebas hasta que Frías le dijo que montar era tener toda la película en la cabeza, había que haberla imaginado antes de hacer los cortes.

Miguel Ángel Sánchez acude para describirla a dos palabras, generosidad y sabiduría, y cuenta: “Su trabajo iba mucho más allá del montaje y su mirada siempre era esencial. Le gustábamos los directores primerizos —había ayudado a varios a sacar adelante sus óperas primas— y sabía bien de la ilusión que uno invierte. Cuando vimos en Exa una primera copia de Arderás conmigo, pensé que la película no me había quedado del todo mal y me mostré contento. Me miró, con un cariño con el que poca gente me ha mirado, y me dijo: ‘Está bien, Miguel Ángel, pero no cantes victoria. Anda que no te quedan batallas por librar’. Una vez más, tenía razón”.

Faltan más voces que querrían y podrían hablar de ella y seguirán haciéndolo. Después de que le detectaran un cáncer, Carmen Frías decidió dejarse marchar. Tomó las manos del médico y sonrió al decir: “Como escribió Neruda, confieso que he vivido”.

Muy pocas personas son capaces de abrazar esa determinación con serenidad, tranquilas; solo, tal vez, aquellas que han podido imaginar su propia película y se han dejado la piel para contar con ella una historia hermosa y necesaria. Carmen Frías decía que montar era sintetizar, y que en sintetizar, aunque no lo pareciera, estaba la parte creativa del trabajo. Ella habría sabido montar también esta historia. Nos queda la certeza de que ningún resumen de su vida será nunca su película, sino apenas un fragmento de secuencia, unido a otros muchos que se han formado y se siguen formando en las trayectorias de todas las personas que tuvimos la inmensa suerte de recibir una parte de su inteligencia y de su afecto. Busquen, si no la conocieron, sus pocas apariciones en la Red, vean las películas que montó y fíjense en algún corte, en su sentido del tiempo, en alguna unión de planos que parece tan sencilla y que tiene tanto valor.