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COLUMNA i

De tal palo tal astilla televisiva: el caso Jennifer Lynch

La primogénita del creador de 'Twin Peaks' dirige los capítulos más oscuros de algunas de las series del momento sin que seamos conscientes de ello

El año 2008, Jennifer Lynch hizo llegar al Festival de Sitges su primera película, Surveillance, un policíaco oscurísimo, inquientantemente raro, que en muchos aspectos recordaba al Twin Peaks de su padre –que la había hecho debutar como actriz improvisada en su primera película, Eraserhead, y que luego le había dejado escribir El diario secreto de Laura Palmer, un spin off de la serie con aspecto de novela–, pero un Twin Peaks al que se le había extirpado el humor absurdo o, mejor, se lo había sustituido por una más que incómoda perversión.

Y aunque la cinta se alzó con el premio a mejor película, pasó por cartelera con un disimulo inaudito tratándose como se trataba de la primogénita del director de Mulholland Drive. Y algo parecido está ocurriendo con su ya más que dilatada carrera en la pequeña pantalla: Jennifer Lynch está dirigiendo los capítulos más oscuros de algunas de las series del momento sin que seamos conscientes de ello. ¿Un ejemplo? En 2015 abandonó la segunda y tercera fila (series también oscuras pero adolescentes como Finding Carter) para probar suerte en el equipo de un gigante como The Walking Dead.

De ahí dio el salto a la policíaca Quantico, y se especializó en fenómenos paranormales (aún adolescentes) –la revisión de Teen Wolf– y superhéroes no del todo ortodoxos –ha dirigido capítulos de Daredevil, Jessica Jones y Agentes de S.H.I.E.L.D.–. También está detrás de la vampírica The Strain, la serie basada en las novelas de Guillermo del Toro y Chuck Hogan, y dirige, habitualmente, para dos de las franquicias de Ryan Murphy (American Horror Story y 911).

A la espera de que se atreva a dar el paso y, quién sabe, dirigir algo propio para televisión –ahora mismo tiene en marcha la versión en largo de A Fall from Grace, un enfermizo corto sobre un detective de un pequeño pueblo, es decir: más cine–, podemos disfrutar de su perversa oscuridad en pequeñas y disimuladas dosis.

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