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Bruce Nauman: romper con todo

El MoMA repasa en una gran retrospectiva el trabajo de uno de los artistas vivos más influyentes y un referente para varias generaciones

'Human NatureLife DeathKnows Doesn’t Know' (1983), de Bruce Nauman. Ampliar foto
'Human Nature/Life Death/Knows Doesn’t Know' (1983), de Bruce Nauman.

La retrospectiva de Bruce Nauman (Indiana, 1941), Disappearing Acts, que presenta el MoMA de Nueva York, está repartida entre la sexta planta de la sede de Manhattan y la de Queens, donde se ubica el PS1. El edificio de ladrillo rojo de Queens es una antigua escuela (de ahí su nombre) y la muestra de Nauman alberga los tres pisos del edificio. Al entrar, lo primero que asalta al visitante es el ruido estridente de un violín al golpearlo torpemente. El violinista es el propio artista. En la pared de ladrillo unos letreros de neón se sobreponen. Se pueden leer alternativamente las palabras violin (violín), violence (violencia) o silence (silencio). Lector de Ludwig Wittgenstein y de Samuel Beckett, Bruce Nauman incorpora a menudo palabras a sus obras. “El lenguaje siempre es susceptible de distorsionar. Es muy difícil que un ser humano entienda completamente al otro”, suele decir.

Esa primera obra, Violin Violence Silence (1981-1982), es ya un avance de lo que vamos a ver. Bruce Nauman es un artista en constante búsqueda. Entiende el arte como una actividad y no como un producto. En este sentido, su propuesta es todo lo contrario a lo que se muestra en las salas de arte canónico de la mayoría de los museos. Para Nauman, lo importante es la idea, y esa idea puede tomar la forma de fotografía, pintura, escultura, ready-made, performance o solo sonido. En esta gran retrospectiva, coproducida por el Schaulager de Basilea e inaugurada allí en primavera, la propuesta expositiva va más allá de las salas y hasta en las escaleras se escuchan sonidos. Para sus detractores, Bruce Nauman carece de estilo y de coherencia, sus muestras son un totum revolutum de cacharrería varia. Para sus admiradores, que son la mayoría, es un artista en constante experimentación y que siempre nos sorprende.

La exposición de Nauman muestra lo oculto, lo que se va, las partes traseras del arte y de nosotros mismos

Disappearing Acts nos muestra lo oculto, lo que se va, las partes traseras del arte y de nosotros mismos. Algunos proyectos se basan en recuerdos de la infancia. Su abuelo hacía desaparecer plátanos y naranjas. El abuelo murió, pero quedó el truco. La desaparición como fenómeno real pero también como metáfora. Ya lo dice él, “el verdadero artista es, en parte, un ilusionista”. Al salir de la primera sala al pasillo, el guarda jurado me indica que mire al suelo. Entre las tablas de madera hay un pequeño agujero por donde podría caber un ratón. En él, hay una diminuta pantalla en la que se puede ver a una mujer atrapada en el piso de abajo y que pide ayuda. Hay que agacharse para mirar. Es lo que busca Nauman. El espectador forma parte de la propia obra, no puede ser pasivo, sino activo. “La obra de arte se completa expresivamente solo con el mutuo compromiso del autor y el espectador”, reitera siempre. Este compromiso tiene que ir unido a hacer algo que uno en principio no se plantea hacer. Poniendo al artista y al espectador en situaciones incómodas.

En 1972, Bruce Nauman se fue a vivir a Nuevo México huyendo del ambiente intelectual y artístico de Nueva York. Ahí montó su estudio. Pero se dio cuenta de que estaba lleno de ratas. Lejos de reaccionar de manera negativa, colocó cámaras infrarrojas en su estudio para grabar de noche a los roedores. Pero en las imágenes no salen. El que aparece es él, vagando por delante de las cámaras. Una rata es también protagonista de su instalación Learned Helplessness in Rats (Rock and Roll Drummer), de 1988. En el centro de la sala hay un laberinto para roedores donde se encuentran sus heces, pero el animal ha huido. Al mismo tiempo se proyectan tres vídeos: la grabación de la rata dentro del laberinto, el de un joven tocando la batería con un volumen atronador y la reacción del propio espectador que visita la obra.

'Light Trap for Henry Moore, No. 1' (1967), de Bruce Nauman. ampliar foto
'Light Trap for Henry Moore, No. 1' (1967), de Bruce Nauman.

El desasosiego es una constante en toda la exposición. Como en la imagen de los perros de plástico ahorcados que dan vueltas en un carrusel, o el payaso que se esconde en el baño. Lo erótico es también perturbador en Nauman. Las luces de neón intermitentes de Sex and Death by Murder and Suicide (1985) representan imágenes sexuales explícitas. Pero la fragmentación y la repetición de las luces hacen que no se diferencie el género de las personas ni el límite entre el sexo y la muerte.

En 1968, Nauman expuso en la mítica galería Castelli de Nueva York. Para el cartel empleó una imagen suya expulsando un chorro de agua por la boca, Self Portrait as a Fountain. La imagen hacía referencia a la Fountain de Marcel Duchamp, aquel urinario firmado que cambió la historia del arte, pero también revisita irónicamente la noción de artista como fuente de sabiduría. A partir de entonces utilizará muchas veces su cuerpo para crear. “El cuerpo es ahora el medio. No me hace falta material”, explica.

En Walk with Contrapposto, de 1968, grabación doméstica en vídeo, el artista camina hacia arriba y hacia abajo por un estrecho pasillo de yeso creado por él mismo. Años más tarde, en 2015, retomó la idea para crear Contrapposto Studies. En las nuevas proyecciones, Nauman camina de un lado a otro, de frente y de perfil. Su cuerpo está seccionado, por lo que en muchas imágenes el torso no corresponde con la cintura ni con las piernas, que pueden ir en direcciones opuestas. Nauman ya no es joven, su cuerpo no es bello como antes, se nota el paso del tiempo.

Es un cuerpo lleno de contenido emocional. Para Black Balls (1969) se pintó los testículos de negro. Se quería imaginar a sí mismo como afroamericano, dentro del territorio marginado y mitificado de la sexualidad masculina negra. No es una denuncia. Aunque para Nauman el arte sí tiene un sentido moral, las categorías de lo bueno y lo malo no tienen cabida en él. Representar directamente las problemáticas sociales no basta. La respuesta ética se basa siempre en la experiencia artística y no en un mensaje directo.

La muestra acaba con un neón con la firma de Bauman. My last name. Or My Name as Though It Were Written on The Surface on the Moon (1967). Su nombre distendido, escrito como si estuviera en la luna. Bbbbbbbbbbrrrrrrrrrruuuuuuuuuucccccccccceeeeeeeeee. Tan largo, que parece que se deshace y pierde su sentido. Que desaparece.

Bruce Nauman. Disappearing Acts. MOMA y PS1. Nueva York. Hasta el 18 de febrero de 2019.

Kirmen Uribe es escritor.