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CUZCO CRÍTICA i

El tiempo de la verdad

‘Cuzco’, de Víctor Sánchez Rodríguez con la Wichita Company, es un baile de pareja joven al borde de un precipicio

Imagen de 'Cuzco'.
Imagen de 'Cuzco'.

Un espectáculo íntimo, conciso, vivo y contundente, escrito con musicalidad y nervio dramático y dirigido con guante de seda. Cuzco escenifica la peripecia sentimental, jalonada de revueltas vertiginosas, de una pareja española joven que viaja al corazón del Perú con la esperanza de que el cambio de aguas, altitud y cultura restañe las heridas abiertas en su relación.

Víctor Sánchez Rodríguez, su autor y director, dibuja a sus dos protagonistas sin contornos precisos, mediante veladuras y suaves degradados, con técnica literaria equivalente a la del esfumado (difuminado) renacentista, usada por Leonardo para imprimir profundidad y un halo de misterio a sus retratos de San Juan Bautista y de La Gioconda.

Ambos personajes alternan diálogos picados con monólogos torrenciales que a mi amigo Juan Ignacio García Garzón le recordaron certeramente a los de La clausura del amor, del francés Pascal Rambert, aunque en mi opinión los de Sánchez Rodríguez tienen vitalidad y nervio mayores. Hay en Cuzco otra media docena de criaturas sugestivas que sin aparecer en escena cobran presencia real, tal es el vigor con el que las evoca la pareja de baile al borde del precipicio encarnada por Silvia Valero y Bruno Tamarit, intérpretes taumaturgos.

Sus actuaciones, contenidas pero rotundas, culminan en sendos pares de soliloquios: el del encuentro iniciático de la joven en el bar del hotel, el que su chico (lanzado pero dubitativo en la afinada interpretación de Bruno Tamarit) le suelta por respuesta, el que él mismo le arroja a la cara cuando le invita a decirle sin tapujos qué opinión le merece... Magnético, el silencio seco subsiguiente de Silvia Valero, preámbulo de una cadena final de acontecimientos elocuentes, como lo es también el vestuario que Teresa Juan, uno de los tres pilares de la briosa Wichita Company junto a Sánchez Rodríguez y Valero (premio de la Asociació d’Actors y Actrius Professionals Valencians a la mejor intérprete de 2018 por su trabajo en esta función), ha dispuesto para ella.

El espacio escénico concebido ex profeso para el escenario con público a tres bandas de la recoleta sala Jardiel del madrileño Teatro Fernán Gómez conserva el carácter de la escenografía original, diseñada por Mireia Vila para teatros a la italiana, como el Rialto valenciano, donde Cuzco se estrenó la temporada pasada. La luz de Mingo Albir pone impronta expresionista al violento final del relato de una cópula primigenia, de cromañón con neandertal, y la música de Luis Miguel Cobo, sin hacerse notar, colabora decisivamente en la creación de un clima febril.

Como lo bien hecho bien parece en todas latitudes, Cuzco se estrenará en el Theatre 503 de Londres en enero de 2019, traducida por William Gregory, con dirección de Kate O’Connor.

Cuzco. Texto y dirección: Víctor Sánchez Rodríguez. Madrid. Teatro Fernán Gómez. Hasta el 25 de noviembre.