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arte

El segundo nombre de las cosas

La artista Mar Arza elige al azar páginas de libros, disecciona textos y frases o enfatiza palabras que adoptan forma escultórica

Un detalle de 'En vano' (2018).
Un detalle de 'En vano' (2018).

Hay palabras que parecen habitar otro mundo, uno lejano del tiempo corriente, al margen de matices y de modas. Definen bien la no-escritura, ese fino lirismo que circula entre líneas, o en el revés de una nota al pie, que de por sí funcionan como microrrelatos. Son como ventanas sin alféizar, sin marco ni cristales. Un hueco, sin más. Un agujero en la tripa. A veces Mar Arza (Castellón, 1976) las ha llamado doledad. Otras, nubledad. Palabras que circulan por su enciclosofía.

En la pequeña exposición que tiene ahora en La Virreina, comisariada por Valentín Roma, dice el título que habla En vano. Encaja con ese debate que mantiene desde hace tiempo con las palabras y su dimensión sensible y matérica. La artista lleva tiempo investigando el reverso de las tipificaciones, así como ciertos mecanismos polarizados entre clarificar y aturdir, entre estandarizar e imponer. Para ello, elige al azar páginas de libros, disecciona textos y frases o enfatiza palabras que adoptan forma escultórica. A menudo parecen casas, nidos o marañas. El proyecto cuestiona dos certezas que han enmarcado las interpretaciones del arte, el conocimiento y las imágenes: nitidez contra opacidad, transparencia en oposición al hermetismo, luz frente a oscuridad. De ahí que utilice la celosía que invita a mirar al tiempo que nos obliga a descifrar o a traducir nuestra torpe posición mientras la adquirimos.

Mar Arza parece tomar una actitud disruptiva de la idea de lectura: de los libros y del propio arte contemporáneo. Sus obras interrumpen el relato hegemónico de cualquier idea de linealidad que tengamos en la cabeza. Ella construye tirando de narración circular llena de recovecos. Como en El castillo, de Kafka, el volumen sobre el que gravita la exposición, también aquí hay una alta dosis de complejidad estructural y de madurez simbólica. La artista toca un nervio fino: el deseo de ser principio y final al mismo tiempo. Ese espacio libre entre dos estribos.

Mar Arza. En vano. La Virreina. Barcelona. Hasta el 30 de septiembre.