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“Yo, como el Cholo Simeone: concierto a concierto”

La directora de orquesta Lucía Marín asegura que a su chico "solo le es infiel con las partituras"

La directora de orquesta Lucia Marín, el pasado 15 de julio en Madrid.
La directora de orquesta Lucia Marín, el pasado 15 de julio en Madrid.

En la madrileña plaza de Tirso de Molina, Lucía Marín escucha los sones de Lavapiés. Llega vestida de blanco y con esa determinación de quien es capaz de ponerse al frente de 100 músicos.

Pregunta. ¿Por qué hay y ha habido tan pocas directoras de orquesta?

Respuesta. No es un caso extraordinario. Mantenerse es complicado. Primero llegas, después necesitas preparación física y psicológica. Saber que lo que requieres no solo se reduce a lo que ves. Eso es una ínfima parte, lo demás es digno de una escuela de alto rendimiento.

Tres pasiones musicales y una futbolística

Lucía Marín (Linares, Jaén, 1982) empieza a ser una consolidada rareza: directora de orquesta española. Se formó a conciencia en el Conservatorio de Sevilla y el Musikene de San Sebastián, se doctoró en Estados Unidos –Universidades de Illinois y Kentucky- y ha dirigido a varias orquestas nacionales e internacionales a las que presta el conocimiento de un amplio repertorio con tres pasiones: Puccini para la ópera, Brahms para la música sinfónica y Mozart para lo que haga falta. Como buena atlética, aplica el método del Cholo Simeone para el arte y la vida.

P. ¿Cómo se arma la fortaleza psicológica?

R. Con una capacidad de resistencia muy alta. Pero también de resiliencia, es decir, de recuperación. Muchos renuncian porque creen que no van a llegar.

P. Y usted, ¿cuántas veces temió caer?

R. Ninguna. Yo ya he llegado. El objetivo para mí es tener la capacidad de tratar a la música de tú a tú. Yo la llamo tesoro.

P. Olé.

R. Esto es un regalo. Aunque mucho no depende de mí, sino del negocio de la música.

P. ¿El lenguaje musical sufre problemas de género?

R. No. Es neutro. Resulta difícil para mí saber si una partitura está escrita por un hombre o una mujer.

P. ¿Sin estereotipos?

R. Existen los mismos que rigen los roles sociales. Pero ya casi no cuentan. Aunque podríamos decir que la música de Puccini es femenina y la de Wagner, masculina.

P. Mahler, entonces, ¿es transgénero?

R. Podría tener de los dos. Haydn es caballero, Mozart, juego, flirteo.

P. Menudo jardín.

R. Dirigir es un auténtico juego de seducción.

P. A ver…

R. Existen varias maneras de entrar. Para empezar, a la hora de ordenar los sonidos. Llegar a los músicos después y finalmente al público. A mi chico yo solo le soy infiel con las partituras. Lo sabe y lo acepta porque lo mío con la música es monacal.

P: Aun así, ¿con quién le engaña más?

R. Sabe que mi corazón es pucciniano y también de Brahms. Pero él me la juega con Wagner. Yo se lo paso.

P. Si en la sociedad actual existe un grado de machismo incontestable, ¿es mayor la proporción en la dirección musical?

R. Mucho mayor. Si cogemos 30 orquestas españolas y vemos quién las programa, lo comprobamos.

P. ¿También entre los músicos?

R. Ahí menos, porque cada vez más mujeres se sientan en los atriles. Otra cosa es el poder que ellas ejerzan dentro. También nos gusta la competencia, pero tenemos una ventaja: somos capaces de combinar lo racional con lo emocional.

P. ¿Cuándo supo que quería dirigir?

R. La música siempre me volvió loca. Hasta en los anuncios de la tele. Yo no me fijaba en los dibujos. Me quedaba con las sintonías de los Fraggle Rock y Barrio Sésamo.

P. ¿Quién la descubrió?

R. El maestro García Asensio. Me dijo que tenía unos brazos extraordinarios para este trabajo.

P. Parece que baila usted cuando habla.

R. Eso me lo han dicho también. No tengo formación de danza, pero para esto hay que abrazar y sacar las manos a pasear. Para convencer a los músicos y que suene como yo quiero.

P. ¿Para manipular?

R. Un poco. Absolutamente. Hay que tratar de que los egos no estropeen la música. Sino conducirla a un objetivo común, que brille la energía de todos y cada uno de ellos.

P. ¿Más diálogo que imposición?

R. Absolutamente.

P. Dice usted mucho absolutamente.

R. Es que hay cosas sin discusión. Como también hay que ser conscientes de que a los músicos se les debe dejar tocar solos. Lo nuestro es encaminar la energía en la dirección correcta.

P. Y ahí, ¿el fin justifica los medios?

R. Sí. El tesoro debe florecer y hacer más felices a los que tocan y a quienes escuchan para que no caer en la rutina.

P. ¿Hasta qué punto se permiten el lujo de ser insegura?

R. Todos los directores lo somos. Incluso si te conoces al dedillo la partitura. Pero hay que dejarse llevar por lo que ocurra en cada concierto. No puedes ser un frío mecánico, en cada obra tienes que pintar Las meninas. Los ensayos son el borrador del lienzo.

P. Me dicen que es usted del Atlético. ¿Cuánto le aporta la filosofía del Cholo Simeone a su batuta?

R. El partido a partido es real. Yo, como él: concierto a concierto. Si se trabaja y se cree, se puede. También defiendo la presión, aunque echo en falta que sea más vistoso. Eso que tienen a veces los brasileños, que les ves jugar y las caderas les van más sueltas que a los alemanes.