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El veneno del triunfo

El Juli solo pudo dar una vuelta al ruedo con el público a favor, y el viento y los toros en contra

El diestro Alndrés Roca Rey, durante su primer toro, tercero de la tarde.
El diestro Alndrés Roca Rey, durante su primer toro, tercero de la tarde.

Jandilla / Ferrera, El Juli, R. Rey

Toros de Jandilla-Vegahermosa, correctos de presentación, mansurrones, blandos, sosos y descastados.

Antonio Ferrera: pinchazo y estocada (silencio); estocada (silencio).

El Juli: estocada caída (petición y vuelta); media caída (silencio).

Roca Rey: estocada (ovación); pinchazo -aviso- estocada (ovación).

Plaza de la Maestranza. Décima corrida de la Feria de Abril. 19 de abril. Lleno de ‘no hay billetes’.

Dio la impresión de que Roca Rey se tomó la corrida como un asunto personal contra sí mismo y contra El Juli. Quería triunfar contra viento y marea, y superar, cómo no, a su compañero, competidor, adversario… Pero no pudo ser porque los toros no se lo permitieron.

Pero es una gozada ver a un torero con el veneno del triunfo en los labios, dispuesto a todo para superar todas las circunstancias por muy adversas que sean.

Después de una media monumental de El Juli en un quite al segundo toro de la tarde, Roca le respondió con ajustadas chicuelinas, adornadas con caleserinas, y volvió el veterano con otro manojo de chicuelinas que pusieron la plaza al rojo vivo.

Esa no fue más que su carta de presentación. Esperó a su primer toro de rodillas en los medios y después de dos largas cambiadas, la segunda en el tercio, otra vez lanceó por chicuelinas. Volvió a la genuflexión en el inicio del tercio de muleta y se jugó el tipo -siempre acelerado, eso sí- ante un toro con genio, sosería y poca clase, que no le permitió alcanzar el ansiado triunfo.

Brindó la faena del sexto al respetable, comenzó por estatuarios, y continuó con una meritísima tanda con la derecha y un largo pase de pecho. Pero cuando la esperanza volvía a brillar en la plaza, el animal se rajó, huyó despavorido de los terrenos del torero y se acabó la pelea. Aun así, Roca Rey pudo robarle un par de naturales largos y hondos que supieron a poco. Las bernardinas finales parecían la antesala de un trofeo ganado a pulso, pero un pinchazo lo emborronó todo. Quede constancia, no obstante, que con media docena de toreros con este pundonor, este arrojo, esta ilusión y otros toros -otros encastes, se entiende-, quizá la fiesta tendría un color diferente.

El color del éxito, por ejemplo, que acompañó toda la tarde a El Juli. Fue obligado a saludar al romperse el paseíllo, y toda su actuación estuvo presidida por la confianza y la tranquilidad que ofrece el triunfo. No picó a su primer toro -la moda imperante parece que se convierte en norma-, y lo tuvo todo a favor menos el viento y sus oponentes de cuatro patas. A pesar de ello, a pesar de que su primero era parado y descastado, dibujó dos tandas de naturales hermosos, perfectamente hilvanados con obligados pases de pecho. Un largo muletazo con la derecha que derivó en un circular y un natural seguido que supo a grandeza predispusieron a los tendidos para ondear los pañuelos; y así fue a pesar de que la estocada cayó muy baja, motivo suficiente para que el presidente, al que le dijeron de todo, dejara el suyo en el bolsillo.

Acudió con presteza el quinto de la tarde al caballo y al cite de los banderilleros, pero se negó a embestir en el tercio final, y todo el gozo quedó en el pozo de la decepción.

No ha tenido suerte Ferrera con sus toros en esta feria. Quizá, quién sabe, es que no ha elegido bien. Con estas ganaderías tan comerciales se le ve desdibujado, como fuera de ambiente y gallina en corral ajeno, y no por falta de calidad, sino porque su toreo luce más, mucho más, con el toro encastado.

Inválido total fue su primero, que se echó a mitad de faena, y sosísimo el cuarto. Pero a este último lo recibió con cuatro verónicas templadísimas, de auténtica categoría. Y no hubo más.

Nota final: Si es cierto aquello de que un periodista se debe a la verdad, se impone una aclaración: en el ánimo de destacar la entrega de José Garrido el pasado miércoles, quedó en un segundo plano el juicio sobre la corrida de El Pilar. Quede constancia ahora de que fue un encierro anovillado, pobre de cara e indecoroso de trapío; un encierro gatuno, una burla y una sinvergonzonería impropia del prestigio de esta plaza. Amén.