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música electrónica

Un manifiesto sonoro

Karin Dreijer ahonda en temas como el capitalismo y el género en Plunge, un largo que no da tregua y lo tiene todo

La vocalista sueca Karin Dreijer.
La vocalista sueca Karin Dreijer.

Todo lo que hace Karin Dreijer (Gotemburgo, 1975) posee un halo de incomodidad y misterio. Aún hoy, seis años después de su estreno, Catherine Hardwicke, la directora de la versión de Caperucita roja protagonizada por Amanda Seyfried, y la propia Karin no se han puesto de acuerdo sobre si esta última hace un cameo o no en el filme. Así es todo en la carrera en solitario de esta sueca y también en el devenir del grupo que tiene (o tenía) con su hermano Olof, The Knife. Nadie sabe nunca si están en activo o no. El primer largo de Karin bajo el alias de Fever Ray se lanzó en 2009 en lo que parecía un parón con aspecto de disolución del dúo. Esta segunda aventura en solitario —ya disponible en versión digital, se lanzará en formato físico el 23 de febrero del próximo año—, lo mismo.

Han pasado cuatro años desde que The Knife lanzaran el impresionante Shaking the Habitual, un disco molesto que era un manifiesto, un ensayo sociopolítico cuya repercusión en la forma de abordar el capitalismo, el género y las opciones de inquietar al oyente con ruidos que creen tal desconcierto que este sienta la imperiosa necesidad de escucharlos una y otra vez en una fútil pero placentera búsqueda del sentido de las cosas, se puede escuchar hoy en casi todos los álbumes de electrónica con cierta vocación de trascender. Efectivamente, Fever Ray es un proyecto raro de verdad en un mundo dominado por gente que se hace la rara.

En esta segunda aventura en solitario, la sueca ahonda en los temas que empezaron a desarrollarse en el último disco de su banda, pero decide presentarlos de una forma algo menos obtusa, en ocasiones casi pop. Casi. Un tema como To the Moon and Back hubiera sido impensable hace unos años. Aparentemente amable, cuenta con un desarrollo electrónico cariñoso, posee una melodía adhesiva y produce un efecto deliciosamente sedante. Lo mismo sucede con Red Trails, que tiene incluso algo de latino y romántico, al menos hasta que uno presta un poco de atención a la letra y descubre que alguien le está metiendo los dedos en la vagina a otro alguien.

La sorpresa se matiza cuando uno recuerda lo que ha estado escuchando durante los siete temas que preceden a estos dos. Electrónica dislocada que hace malabarismos con el volumen, el silencio y el ruido, una voz que es como la de un gato estrangulado y unas letras que dan vueltas y vueltas al poscapitalismo y a las teorías queer, y que son tan brillantes que, al menos, dos de cada cuatro versos servirían para hacer una pancarta en una manifestación o una camiseta en una tienda de moda pseudorrevolucionaria.

Desde la increíble Mustn’t Hurry, un tema de esos que parece no hacer nada y lo hace todo, hasta la fascinante —es imposible dejar de adjetivar con esta mujer— IDK About You, que va a toda pastilla con un ritmo a 150 bpm mientras Karin canta como si se acabara de despertar de la siesta, pasando por This Country, que es como uno se imagina a la sueca explicándole a Björk cómo ser única sin perder por el camino la relación con el resto del mundo. “Aborto libre y agua limpia”, exclama Dreijer en un momento del tema, otro sobresalto en un largo que no da tregua y que lo tiene todo. Y no tiene más porque no queda mucho más.

'Plunge'. Fever Ray. Rabid.