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Dos orejas y grave cornada con tres trayectorias para Cayetano

El diestro, herido en el muslo izquierdo, se mantuvo en el ruedo hasta matar al toro

El diestro Cayetano Rivera es cogido este miércoles en la faena a su primer toro, de Parladé, durante la corrida de la Feria del Pilar de Zaragoza.
El diestro Cayetano Rivera es cogido este miércoles en la faena a su primer toro, de Parladé, durante la corrida de la Feria del Pilar de Zaragoza. EFE

La corrida

Enrique Ponce: dos pinchazos y estocada caída trasera (silencio); estocada baja trasera (oreja con petición de la segunda, tras aviso); y media estocada desprendida trasera y descabello (vuelta al ruedo tras aviso), en el que mató por Cayetano.

Cayetano: estocada trasera tendida (dos orejas), en el único que mató por resultar herido.

Ginés Marín: pinchazo y estocada desprendida (ovación tras leve petición de oreja); tres pinchazos, estocada y descabello (silencio).

El diestro Cayetano Rivera resultó corneado de gravedad en el muslo izquierdo por el segundo toro de la corrida de la feria del Pilar de Zaragoza, al que, a pesar de la herida y la profusa hemorragia, acabó estoqueando y le cortó las dos orejas.

Con casi lleno en los tendidos, se lidiaron tres toros de Parladé y tres de Juan Pedro Domecq, estos en los últimos lugares, y el quinto como sobrero del tercero, devuelto por partirse una pata. Corrida de buena presencia, por volumen y serias cabezas, pero de desigual remate. En cuanto a juego, estuvieron muy escasos de raza y de fuerzas, aunque alguno resultó manejable.

El equipo médico que dirige el doctor Val Carreres informó que Cayetano fue atendido en la enfermería de la plaza de una "herida por asta de toro a nivel de la cara interna del tercio superior del muslo izquierdo con orificio de entrada de 6 cm. y tres trayectorias: una superior que llega hasta el pubis; otra posterior de 10 cm. que desgarra las fibras de los músculos aductores, y otra inferior de 20 cm. que dislacera las fibras del cuádriceps. Profusa hemorragia a expensas de vasos musculares de pronóstico grave que le impide continuar con la lidia". El diestro fue trasladado a la Clínica Quirón de Zaragoza.

En el ambiente festivo y amable de la víspera del Pilar, este 11 de octubre se vivió en la plaza la dureza de la sangre humana derramada, la otra cara de las corridas de toros, que en este caso sufrió Cayetano, al que el segundo de la tarde infirió una grave y amplia cornada en el muslo izquierdo.

Hasta ese momento, el torero dinástico le estaba cuajando una estimable faena a un toro de Parladé que seguía y repetía con docilidad y largo recorrido, -aunque no con demasiada entrega-, la muleta que, sin exigirle mayores esfuerzos, le mostraba suavemente su matador.

Fueron muy jaleadas por el público esas tres vistosas tandas con la mano derecha, pero al echarse Cayetano la tela a la izquierda el animal comenzó a protestar y a cabecear, quizá por sentirse ya desfondado.

Y en la siguiente intentona ya no perdonó: al segundo muletazo respondió el astado con un seco tornillazo que alcanzó de pleno al diestro, infiriéndole esa amplia y profunda cornada.

Incorporado de la arena, con la cara teñida de rojo por el choque con el morrillo, Cayetano se rehizo lo suficiente como para volver a ligar tres o cuatro muletazos más con la derecha y matar al toro de una estocada trasera, a cuya salida le recogió directamente la cuadrilla para trasladarlo a la enfermería, mientras el presidente asomaba los dos pañuelos por el palco y el tendido no dejaba de aplaudir tan valiente y enervante gesto.

El percance no rebajó el entusiasmo del público y sus ganas de pedir trofeos para los toreros, y en especial para Enrique Ponce, que, si no pudo sacar nada de su vacío primero, sí consiguió ‘puntuar’ con el cuarto, un toro muy astifino y suelto de carnes que se dejó hacer sin demasiado celo.

El percance de Cayetano hizo que Ponce tuviera que lidiar un tercer toro, un sexto de cortas embestidas que el torero de Chiva no llegó a controlar en un empeño algo embarullado y envuelto de impostada gestualidad.

Ginés Marín sustituía al venezolano Jesús Enrique Colombo, que no pudo tomar la alternativa por una reciente cornada en Valencia, y no encontró apenas opción de contentar al generoso público con un primer toro rajado y cambiante, y un quinto sin fuerzas que besó la arena en varias ocasiones sin que surgiera ni una protesta desde un tendido que todo lo perdonó

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