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música

DAF: la revolución industrial alemana

Los ritmos maquinales del dúo, ahora rescatados en un cofre, fueron un arma contra el fascismo y la hegemonía del rock

Gabi Delgado-López (izquierda) y Robert Görl, de DAF. Ampliar foto
Gabi Delgado-López (izquierda) y Robert Görl, de DAF.

El punk británico trastocó en 1977 las reglas por las que se había regido hasta entonces el pop. Uno de los efectos a corto plazo de ese golpe liberador fue que la música de raíces afroamericanas dejó de ser la fuente sonora por excelencia cuando una generación de compositores fijó su mirada en Europa, especialmente en Alemania. La culpa no fue de los Sex Pistols, sino de los discos berlineses de David Bowie, editados ese mismo año. Cabaret, Portero de noche, Fritz Lang, Nico y, por supuesto, el muro que dividía la capital en dos países proyectaban una estampa decadente que influenció a Siouxsie, Ultravox, Human League o Visage. La popularidad de Kraft­werk —surgidos de Düsseldorf—, con el éxito de ‘The Model’, contribuyó a expandir dicha fascinación más allá de Berlín. Los sintetizadores ya no eran muebles inmensos, sino aparatos fáciles de transportar, tan asequibles como una guitarra. El lema “Hazlo tú mismo” cobró un nuevo significado gracias a estos instrumentos. En medio de ese panorama, el naciente pop electrónico se topó con un dúo llamado DAF. La electrónica alemana, acostumbrada al sonido ambiental de Tangerine Dream y las polifonías de Kraftwerk, no estaba habituada a una propuesta de unos músicos que se negaban a usar los mismos instrumentos que habrían tocado sus padres.

El sonido caótico e improvisado de los comienzos de DAF —cuando todavía eran un quinteto— configuró, junto con la aportación de Einstürzende Neubauten, las raíces de la música industrial alemana. Eine Produkt Der Deutsch-Amerikanischen Freundschaft (1979) es un compendio de piezas improvisadas que parten del rock y buscan el caos con mayor o menor fortuna. Para cuando publicaron su tercer álbum, el proyecto ya se componía únicamente de sus elementos más visibles: el vocalista de origen cordobés Gabi Delgado-López (su hermano Eduardo tocaría en Caspar Brötzmann Massaker, grupo experimental y ruidista). El primero había militado previamente en Mittagspause, un grupo punk donde ya dio forma a ‘Kebab Träume’, que acabaría siendo una de las canciones emblemáticas de DAF.

Su música incitaba a la experiencia física, que se potenciaba a través de la imagen filogay de cuero y sudor de las portadas de sus álbumes

Convencidos de que, a pesar del éxito de Kraftwerk, Düsseldorf no era la ciudad idónea para fraguar su carrera, el quinteto se traslada a Londres en 1979. Después de escucharlos en Earcom3 (una serie de discos corales donde también editaron sus primeras canciones Joy Division), Daniel Miller los contrató para su recién fundado sello Mute. En 1980 aparece Die Kleinen und die Bösen, obra que ejerce como embrión de lo que posteriormente será el estilo del dúo. Un álbum de sonidos densos y primitivos, que en ocasiones conecta con los experimentos de Cabaret Voltaire, combinando la heterodoxia con la búsqueda de la canción como formato. Se ha dicho que fue el ‘I Feel Love’ de Donna Summer y Giorgio Moroder lo que empujó definitivamente a Delgado-López y Görl a desterrar su aridez experimental. Pero a diferencia de otros grupos de pelaje electrónico como Depeche Mode o Soft Cell, DAF no se nutrieron de melodía. Su música se basaba en el ritmo. Era, tal y como anunciaba ‘Sato Sato’ al abrir Alles Ist Gut (1981), agobiante, opaca, urbana. Y además recordaba a la amenazadora esencia de otro dúo pionero, los neoyorquinos Suicide. No en vano DAF (Deutsch Amerikanische Freundschaft) significa “amistad germanoamericana”.

Así y todo, DAF se convierte en uno de los grupos más bailados en clubes como el londinense Blitz, cuna de los new romantics. Su canción más popular —la que les lleva a ser uno de los grupos más vendedores en Alemania ese año— se llama ‘Der Mussolini’ y transforma tanto a nazis y comunistas en un estribillo para el baile. ‘Kebab Träume’ reaparecerá en Für Immer (1982), su quinto y último álbum antes de una separación temporal. “Somos los turcos del mañana”, decía una profética letra sobre los prejuicios de la inmigración.

Su música incitaba a la experiencia física, tendencia que el dúo potenciaba a través de ciertas temáticas (canciones tituladas ‘Músculo’, ‘Sexo bajo el agua’ o ‘Absoluto control corporal’) y de la imagen filogay de cuero y sudor de sus portadas. En 1982 rompieron el grupo para desarrollar carreras en solitario. Delgado-López cambió completamente de registro. Mistress (1983) estaba hecho de funk con percusiones caribeñas y latinas, pero mantuvo su inconfundible fraseo, lleno de connotaciones eróticas. Görl registró Night Full Of Tension (1984), sin apartarse del camino electrónico recorrido anteriormente por el dúo, pero sin añadir nada valioso a su recetario. En 1985, DAF revivió y desde entonces han grabado discos —también con DAF DOS— y realizado giras de manera intermitente. Nada de lo que han hecho desde entonces está a la altura de lo creado durante su primera etapa. En sus inicios fueron como un carro de combate con un cañón apuntando tanto al nazismo como a la hegemonía del rock and roll. Por ello, sus álbumes registrados entre 1980 y 1982, reeditados ahora en el cofre Das Ist DAF, no han perdido vigencia en estas tres décadas.

‘Das Ist DAF’ está publicado por Grönland / Pias.