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¡Dichosa manía de politizar (ahora, la bandera de Padilla) la tauromaquia!

El episodio del escudo del águila es una nimiedad manipulada para hacer el mayor daño

Juan José Padilla da la vuelta al ruedo con la bandera constitucional, en la plaza de León, en 2015.
Juan José Padilla da la vuelta al ruedo con la bandera constitucional, en la plaza de León, en 2015.

Detrás del episodio (error/despiste/ingenuidad/naturalidad) protagonizado por el torero Juan José Padilla con la bandera del águila subyace un nuevo y premeditado ataque a la tauromaquia, basado descaradamente en la más burda manipulación, la demagogia y un supuesto desconocimiento de las normas que rigen en este país.

Y oculta algo más: la manifiesta cobardía, otra vez, del mundo del toro, que ha guardado un desconsolador silencio y ha permitido que los leones devoren a uno de los suyos y, lo que es peor, que la fiesta de los toros sea de nuevo vapuleada y noqueada por los antitaurinos.

Y otro detalle: el suceso de la bandera del águila es una bobada, una nimiedad, carente de la más mínima importancia, pero magnificada y convenientemente manipulada para hacer el mayor daño posible.

Tan legal es que Padilla se envuelva en la enseña preconstitucional como que Podemos exhiba la republicana

La imagen de Juan José Padilla envuelto en la bandera del águila se ha extendido por las redes sociales, donde los adjetivos más livianos que le han dedicado al torero han sido los de fascista (totalitario, autoritario y antidemocrático) y franquista.

¡Las sorpresas que da la vida…! Quién le iba a decir a Padilla que en el pueblo de Villacarrillo, y después de cortar las dos orejas y el rabo a un toro, lo iban a poner a caer de un burro por envolverse en una bandera…

Porque, claro, si los insultos y las ofensas sufridas por el torero han dado la vuelta al mundo, no serán muchos los que sabrán a estas alturas que el gesto de Padilla no encerraba ninguna ilegalidad. Así lo han puesto de manifiesto varios expertos en derecho constitucional, y lo dejó claro el Gobierno en el Senado, el pasado mes de julio, a una pregunta de Compromís: la exhibición de cualquier bandera (la franquista, la republicana o la estelada) no es ilegal, y ese gesto está amparado por la libertad de expresión, recogida en la Constitución española. No son banderas oficiales y, por tanto, no pueden ondear en un organismo público o un acto oficial, pero sí está permitido su uso en el ámbito privado.

Dicho en cristiano: tan legal es que Padilla dé una vuelta al ruedo con la bandera del águila como que Podemos cuelgue la republicana en sus despachos.

Padilla, en la plaza de toros de Zaragoza.
Padilla, en la plaza de toros de Zaragoza.

La única prohibición prevista en las leyes de este país reside en que la exhibición de un símbolo fascista o republicano vaya acompañada de una conducta activa propia del crimen de odio o de un discurso que ensalce la violencia.

No es este el caso de Padilla, por lo que se puede y debe concluir que el torero no incurrió en delito alguno. En fin, que ni fascista ni franquista, sino víctima de una trampa bien orquestada por los enemigos de la fiesta de los toros.

¿Quién le lanzó y con qué intención la bandera al torero jerezano?

Padilla ha dado todo tipo de explicaciones, pero el mal ya estaba hecho. Dice que se colgó la bandera sin saber si era constitucional o no (normal), y que no quiso ofender voluntariamente a nadie (más normal aún). Lo que no ha dicho es que la próxima vez que le tiren un mantón, un sombrero o una bandera en una vuelta al ruedo avisará a la cuadrilla:

- Miguelete, mira a ver si son constitucionales o no…

- ¿Qué dice, maestro?

- Que te fijes si llevan dibujados un águila…

- Ojú, qué difícil se están poniendo las vueltas al ruedo, Juan José. Por cierto, maestro, ¿qué hago con esta bandera?

- De bandera ni hablamos…

Otro asunto: la persona que inició toda la movida contra Padilla fue Teresa Rodríguez, la líder de Podemos en Andalucía; publicó en su cuenta de Twitter la famosa foto del torero con la bandera y un texto que decía: ‘Juan José Padilla exaltando el fascismo. Una vergüenza que esto esté pasando y no pase absolutamente nada’.

Lo que no ha contado es cómo consiguió la instantánea. ¿Estaba ella en la plaza? Se supone que no. ¿Se la remitió un miembro de su partido? Eso es más creíble. Pero, ¿qué hacía un podemita en los toros?

Y otra pregunta inocente: ¿Quién le lanzó a Padilla la banderita? ¿Lo hizo alguien inocentemente o, quizá, con la malsana intención de burlar la ingenuidad del torero? ¿No sería, acaso, el mismo que le hizo la foto y se la envió a Teresa Rodríguez para que se diera un baño por Twitter y de paso lanzara una puya más contra la tauromaquia?

Lo que está claro es que los enemigos de la fiesta de los toros están vigilantes y prestos para el ataque, dispuestos a mentir y manipular para restarle prestigio, al tiempo que los taurinos duermen el sueño de los justos, ajenos al mundanal ruido, escondidos en su rincón, y disputándose las migajas de un negocio que parece que se acaba.

Hoy han dejado solo a un torero; pero se equivocan si creen que Padilla era el objeto de los insultos. La crítica iba dirigida a la línea de flotación de la fiesta, a la que han acusado de fascista y franquista en un nuevo intento de politizarla (¡dichosa manía!) y menospreciarla por su supuesta relación con uno de los periodos más nefastos de la historia de este país.

Quede claro, pues, que ni Padilla es franquista por dar una vuelta al ruedo con la bandera del águila (harto ilustrativas son las dos fotos que acompañan este texto), ni la fiesta es fascista porque se permitiera en tiempos de Franco.

La tauromaquia hunde sus raíces en la historia, ha convivido con todos los regímenes políticos y hoy, en pleno siglo XXI, sigue emocionando a aficionados de todas las creencias políticas.

Así es aunque algunos políticos se empeñen en lo contrario y busquen notoriedad con falsos mensajes que, a pesar del vergonzoso silencio de los taurinos, se vuelven contra ellos.

Teresa Rodríguez habrá aprendido que exhibir la bandera del águila, -como la republicana-, no es ilegal; lo supiera o no, bueno sería que ofreciera disculpas al torero que gratuitamente ofendió, y se abstuviera en el futuro de utilizar las modernas técnicas de manipulación para atacar la fiesta de los toros.

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