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COLUMNA

Autocontención

Antes todo era más sencillo. Al menos en televisión. Había buenos y malos y tramas que terminaban

Autocontención

Antes todo era más sencillo, al menos en televisión. Había buenos y malos, un argumento sin complicaciones y, si te encontrabas un episodio de tu serie favorita, podías quedarte a verlo y seguirlo sin estrés. Todos eran felices tras una hora. La trama no se alargaba semana a semana en un ciclo sin fin. La era de la televisión ingenua quedó felizmente en el pasado, pero, ojo, la época de las series de prestigio podría aprender varias lecciones de aquellos añejos capítulos autocontenidos cuyo único objetivo era enganchar al espectador.

Hoy se lleva la novelización de las series, las películas de 100 horas. Las que marcan la conversación son Breaking Bad, Los Soprano o Juego de tronos, pero con casi cientos de estrenos, no todas deben competir por ser la mejor de la historia. Y muchas no quieren enterarse.

La serialización tiene importantes riesgos narrativos. En la era de los atracones, la evolución de personajes y el continuará, los capítulos de relleno y el ritmo es el peor enemigo. Perdidos pasó capítulos encarcelado en sus entramado. Este año pasan el bache UnReal, Bloodline, Better Call Saul e incluso Outcast, Fear the Walking Dead o Predicador, que tras presentar conceptos interesantes se vieron obligados a parar el acelerador y guardarse material para próximas temporadas. No puede haber un giro espectacular y un momento dramático semanal. No se puede crear una obra maestra cada siete días.

Uno de los secretos de Stranger Things, el éxito del verano, ha sido precisamente evitar alargar su premisa. Va al grano y en ocho episodios completa la estructura narrativa. No había momento para siesta. Es accesible hasta para los que no pueden (ni quieren) ponerse frente a la pantalla durante cientos de horas.

Los capítulos autocontenidos no deben ser el virus de la televisión de prestigio. The Good Wife, House, Expediente X o El Ala Oeste demostraron que se puede contar mucho en 40 minutos, sin perder profundidad, interés y forma. Las cuatro grabaron con sangre (en nada menos que 22 episodios por temporada) su lugar en la historia de las series. Las producciones 'de prestigio' quizás puedan aprender algo de Colombo o Se ha escrito un crimen. Guionistas, autoconténganse.