Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
ANÁLISIS

La televisión musical agoniza más que nunca

Ya no hay programas en los que la música, como disciplina cultural y de entretenimiento, era tratada con rigor

Kiko Veneno y Jackson Browne en 'El séptimo de caballería'.
Kiko Veneno y Jackson Browne en 'El séptimo de caballería'.

Algunos jóvenes de ahora, los que los sociólogos han dado en llamar millennials, no lo creerían, pero es cierto: hubo una época que existía la televisión musical en España. Programas en los que la música, como disciplina cultural y de entretenimiento, era tratada con rigor a través de reportajes, entrevistas a sus protagonistas y actuaciones en directo. Esos mismos jóvenes, que hoy en día asisten a más festivales que nunca, suelen consumir muchísima música a través de Internet. Si alguno esperaba informarse en la pequeña pantalla de los últimos lanzamientos discográficos o ver conciertos de sus grupos preferidos, lo tiene muy difícil. La televisión es un páramo.

Cada vez se ve menos este tipo de información en las cadenas. Es una escasez que, seguramente, no preocupe a esta última generación de consumidores musicales, que tienen sus opciones en otras plataformas, pero que, sin duda, pasmará a otros más veteranos. Afectará a todos aquellos que crecieron viendo en los buenos tiempos programas de todo tipo, como Aplauso,Tocata, Popgrama, La edad de oro, Rockopop, Caja de ritmos, El séptimo de caballería, Música sí o No disparen al pianista. Son algunos de los ejemplos que han venido protagonizando los espacios televisivos desde finales de los setenta hasta el cambio de siglo, educando y entreteniendo al oyente inquieto. Todos forman parte ya de la memoria, como también los casos más recientes del último lustro como Música ligerísima, que sacaba joyas del pasado, o Mapa sonoro, que ofrecía entrevistas en profundidad de los artistas en su contexto.

A poco que se mira la parrilla, no es una cuestión solamente melancólica. Es un problema bastante más grande. La agonía actual es histórica, tanto en la televisión privada como en la pública, en otra época el verdadero garante de estos espacios. Es triste y preocupante que la mayor referencia de nuestros días sea Cachitos de hierro y cromo, la oferta de la televisión pública que se nutre de todos los fondos documentales de los verdaderos programas musicales. Dicho de otro modo: de todos los archivos de la mayoría de los programas arriba citados. Una propuesta televisiva que alimenta perfectamente la nostalgia, pero que no aporta nada al presente de la música, tanto para la industria como para el público con un mínimo de interés. Es, por tanto, un programa insuficiente. Luego, están Los conciertos de Radio 3, resistiendo a todos los azotes y horarios infumables, como un lugar exclusivo y casi romántico donde encontrar actuaciones en vivo, aparte del canal de Los 40. Mientras tanto, lo único reseñable es Un lugar llamado mundo, que desde 2013 se ha visto como un oasis sin una gran continuidad en La Sexta y Canal+ —ahora Movistar+— con su atractivo formato de entrevistas y conciertos bajo el formato de contenido patrocinado por una marca de cerveza.

Actuación de Lori Meyers y Annie B Sweet en 'Un lugar llamado mundo'.

Cuando más música suena en todas partes y más iniciativas hay en la industria por los formatos en directo, más huérfana está la parrilla. El problema, según los responsables de las cadenas, son las bajas cifras de audiencia. Son una sentencia de muerte antes incluso de nacer. A esta supuesta irrelevancia se suma otro inconveniente. Posiblemente el más determinante. La música se ha convertido en un problema por culpa de la gestión de los derechos de autor. Reconocen que el alto canon que las entidades ponen en la gestión de los derechos lleva a no apostar por este tipo de programas. De hecho, cuentan con sus propias librerías musicales para ahorrarse el pago. Y lo más sangrante: la realidad muestra que más canales en la pequeña pantalla no han traído más visibilidad en esta oferta cultural mientras, sin embargo, abundan los espacios de talentos musicales —eso dicen— como La voz, que nada tiene que ver con el desarrollo informativo y cultural de la música y mucho con el mero entretenimiento intrascendente. Una chorrada. Nunca antes habíamos estado tan mal en televisión musical.

El maravilloso programa de Jools Holland

A diferencia de España, los musicales son un producto consolidado en el extranjero. Buenos casos son los de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, que gozan de una oferta impensable para la parrilla española. Especialmente destacado es el Later... with Jools Holland de la cadena británica BBC. La televisión pública de las islas lleva años ofreciendo este maravilloso contenido musical, dirigido por el hábil Jools Holland, fundador de la banda Squeeze y conocido por ser un notable relaciones públicas de la música británica. En su programa, entrevista a todo tipo de artistas, desde estrellas de primer nivel a debutantes o músicos de segunda fila. Pero nada comparado con sus conciertos, en los que a los invitados se les puede ver tocar canciones —siempre tres— enteras de sus últimos discos. Estas actuaciones, que cuentan con una gran producción televisiva, terminan por ser un contenido muy demandado en YouTube.

Más información