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CRÍTICA / LIBROS

El ingenio de los pobres

'La noche de la Usina', último Premio Alfaguara, es una entrañable novela de buena factura sobre una estafa que remite a la Argentina del corralito

Enfrentamientos entre policía y manifestantes en Buenos Aires, en 2001, durante el corralito. Ampliar foto
Enfrentamientos entre policía y manifestantes en Buenos Aires, en 2001, durante el corralito.

Hay que presumir, sin entrar en detalles, que la novela a la que se le otorga el Premio Alfaguara, dotado con la bonita suma de 175.000 dólares, y con buena promoción a este y al otro lado del Atlántico, debe dirigirse a un amplio espectro de lectores. Esto no presupone que tenga que carecer de valor literario, pero permite sospechar que no será un valor incómodo. Los premios, como los jardines, se cultivan para el agrado del espíritu. Este año ha recaído en La noche de la Usina, de Eduardo Sacheri (Buenos Aires, 1967), autor de aquella El secreto de sus ojos que dio paso a la excelente película de Juan José Campanella, con guion del escritor y del director y que merecidamente tuvo una gran acogida y varios premios. Como suele decirse, funcionaba muy bien.

El ingenio de los pobres


Lo mismo cabe aplicar a La noche de la Usina, que tiene en común la reparación de un agravio. En esta ocasión no hay asesinato, sino una estafa que, con la inmovilización de depósitos decretada por el Gobierno a finales de 2001, el llamado corralito, deja sin recursos para montar una cooperativa a un grupo de ocho amigos de un pueblo de la provincia de Buenos Aires. El desfondamiento los acerca a la desesperación, no a la indignidad ni a la impotencia, y entre todos urden un habilidoso plan para recobrar el dinero, con ánimo más de justicia que de revancha, sin olvidar que, de tener éxito, el quebranto económico del estafador también es una recompensa. No ha de sorprender que el plan tenga de inspiración una película, Cómo robar un millón, de William Wyler, con Audrey Hepburn infundiendo el vigor para llevarlo a cabo. Sacheri maneja con extraordinario pulso, y con felices destellos expresivos, la preparación y consecución del robo, perpetrado por gente trabajadora y tenaz que convierte su torpeza en una épica del ingenio de los pobres. El empeño requiere de unas dotes a las que se adapta una narración al servicio de la redención social de los personajes, es decir, la gratificación en la ficción de los anhelos frustrados en la realidad, de lo que el capítulo inicial da cuenta al exponer que la historia es “un secreto hecho de asuntos sabidos y confundidos a propósito, o por azar, o por las dos cosas”. Esta retribución hace que La noche de la Usina derive al tipo de novela que se califica de entrañable, aunque no cabe dudar de la buena factura, de la óptima y bien acompasaba gradación narrativa, del cuidadoso ajuste entre sentimentalidad y audacia, de la plasticidad de las escenas cotidianas; también de la introspección psicológica, en especial del guía del grupo, Perlassi, que logró cierta fama en el fútbol en su juventud y regresó al pueblo para hacerse cargo de una gasolinera. Sobre este personaje concienzudo, honesto, conciliador, perseverante, al que traspasa una imprevista desdicha matrimonial, se sostiene esta narración coral cuya lectura, no hay que negarlo, es altamente satisfactoria. 

La noche de la Usina. Eduardo Sacheri. Alfaguara. Madrid, 2016. 372 páginas. 18,90 euros