Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
ARTE/FOTOGRAFÍA

Joséphine Douet, tras los pasos de Wyeth

La fotógrafa francesa recorre los lugares que inspiraron la obra del pintor Andrew Wyeth en una exposición que se muestra en el Museo Thyssen

Girl from Maine, 2015 Ver fotogalería
Girl from Maine, 2015

Siendo una niña Joséphine Douet conoció la obra del pintor Andrew Wyeth a través de un catálogo que su madre, también pintora, había comprado en uno de sus viajes a Estados Unidos. El inquietante silencio que desprende la obra del norteamericano impresionó ya entonces a esta fotógrafa, procedente del mundo de la moda y de la fotografía taurina, quien decidió adentrarse en el desasosegante universo del controvertido artista a través de su cámara. Así, viajó a Chadds Ford, un pueblecito de Pensilvania, allí donde Wyeth nació, murió y creó gran parte de su obra.

“De Wyeth me atrajo el sottovoce que hay en su pintura. A primera vista parece muy puritana, muy conservadora, pero si uno se fija un poco es extremadamente turbulenta. Wyeth siempre impone una distancia, no es una pintura directa. Hay que entrar poco a poco y una vez que se hace, uno se da cuenta de que esa apariencia bucólica esconde violencia, sexo y también muerte; un mundo muy alejado de lo convencional. Su fascinación por las cosas muertas y deformes es algo que me ha atraído mucho desde que era pequeña. Quizás porque procedo de una zona de Francia, Normandía, donde todo parece muy idílico, pero no lo es. También allí se esconde mucha violencia”, cuenta la fotógrafa, quien de regreso de Chadds Ford no parece haber perdido ni un ápice de su fascinación por la obra del artista: “Fue tachado de republicano, de conservador, de mero ídolo para masas. Cosa que sigo sin entender ya que su obra me parece de una universalidad absoluta”.

Karl´s Toychest, 2015 ver fotogalería
Karl´s Toychest, 2015

En 1977, en un estudio llevado a cabo por la revista Artnews acerca de los artistas más sobrevalorados e infravalorados del siglo XX, Andrew Wyeth (1917-1991) resultaba nominado para ambas categorías. Poco conocido en nuestro país, el pintor americano podría considerarse en términos populares y comerciales como uno de los más exitosos de la historia del arte. No así dentro de la comunidad artística y el ámbito de la crítica, donde surge la controversia. Ajeno, en apariencia, a cualquier soplo proveniente de la vanguardia, que situaba a la pintura americana en los años 50 dentro de la historia del arte, sus detractores tacharon su pintura realista de popular, reaccionaria, sentimental y anacrónica, sobre todo en lo relacionado con la elección de sus temas, ambientados en un paisaje rural, alejados de cualquier brizna de modernidad. Su popularidad dividió a la opinión publica y le hizo convertirse en representante de los valores de una clase media conservadora, de manera que los juicios sobre su obra traspasaron los límites artísticos para mezclarse con los sociales. Patriota declarado decía que: “Lo que uno tiene que hacer es romper las reglas”, y él creía romperlas a su manera, alejándose del cliché bohemio del artista. Entre los defensores de su obra se encuentran el escritor John Updike, y el provocador Thomas Hoving, comisario de una exposición dedicada a Wyeth en el Metropolitan, la primera exposición dedicada a un pintor vivo americano en dicho museo.

El Museo Thyssen muestra la primera exposición retrospectiva del artista en España, en la que está acompañado por la obra de su hijo, el también pintor Jamie Wyeth. La exhibición se complementa con una pequeña muestra fotográfica compuesta de 27 fotos, The Secret Sits (Wyeth Wonderland), fruto del recorrido que Joséphine Douet emprendió por el complejo universo del controvertido artista. “The Secret Sits, es el nombre de un poema de Robert Frost, amigo de Wyeth, que decía: Bailamos en círculo con nuestras suposiciones, mientras el secreto se encuentra en el centro, poseedor de todas las certezas ", señala Douet. Me parece que resume muy bien el espíritu de la pintura de Wyeth, donde intuyes que estás cerca de un secreto; lo sientes en el aire, en la tensión de sus pinceladas. Fue esto lo que más me interesó de este proyecto: intentar adentrarme en el secreto, en el círculo mágico.”

Scavenger, 2015 ver fotogalería
Scavenger, 2015

La fotógrafa pasó mes y medio en Chadds Ford, recorriendo los caminos por donde vagaba el pintor, en busca de todos aquellos detalles que habían conformado el pequeño pero intenso entorno donde transcurrió su vida ”. Me interesaba saber si los paisajes que rodearon al pintor eran reales o si los había embellecido, creando un mundo paralelo. Cuando llegué me di cuenta de que todo lo que está en su obra, estaba allí ”. También esa atmósfera a veces sofocante que destila la pintura de Wyeth: “El lugar tiene una energía turbia. Según se llega parece el paraíso, pero poco a poco uno se percata de que el lugar es extremadamente violento, como lo es la pintura de Wyeth”, cuenta Douet. Pone como ejemplo que la escultural lugareña que posó para ella en Shotgun le comentó que se había comprado un rifle. Acababan de robarle las ovejas para someterlas a un rito satánico.

Uno de los encuentros que más marcó a la artista fue con, quizás, el secreto mejor guardado de Wyeth: Helga Testorf, su supuesta musa secreta, una de sus vecinas, casada y madre de 4 hijos. Helga se convirtió en la protagonista de una de las anécdotas más sonadas del mundo del arte americano del siglo pasado. Llevó a Wyeth a ocupar la portada de las revistas Newsweek y Time en la misma semana, un honor del que nadie del mundo del arte había disfrutado hasta ese momento. El escándalo estaba servido cuando en 1986, Leonard Andrews, un editor de Dallas, reveló la compra por 6 millones de dólares de 240 obras completamente desconocidas de Wyeth y casi todas con una sola modelo: Helga. Cuando se le preguntó a la mujer de Wyeth, encargada de la promoción de la obra de su marido, sobre qué trataban las obras, soltó la palabra mágica: “amor”. Ello hizo que se disparan las especulaciones y durante semanas la tranquilidad de Chadds Ford se vio interrumpida por decenas de periodistas en busca una exclusiva. A raíz del escándalo se organizó una exposición con las obras y Andrews las revendió a un coleccionista japonés revalorizando su precio en millones de dólares. Finalmente, Betsy Wyeth reconoció que no había existido tal amor y que de hecho las obras no habían sido tan secretas. La crítica acabó clasificando el incidente como una estafa publicitaria. “Eres el retorno del espíritu de Wyeth”, le comentó la ya anciana Helga una vez que accedió a posar para la fotógrafa.

Meadow, 2015 ver fotogalería
Meadow, 2015

“Me gusta la dualidad entre la forma y el contenido, es algo hacia lo que tiendo cada vez más. Huyo de la violencia de forma, no veo esa necesidad. En mi trabajo sobre los toros nunca retraté un toro agonizando y he hecho tres libros. No lo veo necesario, se puede retratar la violencia de otra manera. Me parece más interesante dirigirse al cerebro que a las tripas. La violencia me interesa como tema, pero no quiero hacerlo obvio. Quiero que vaya saliendo poco a poco. Que la imagen se vaya revelando poco a poco, al igual que cuando surge en una cubeta ”, dice la artista.

Sugerir antes que imponer, de manera que el espectador pueda incorporar sus dudas, interpretaciones y sentimientos a la imagen, es su lema ante la cámara. Así, Joséphine Douet ha ido reconstruyendo el universo de Wyeth a base de sutiles insinuaciones donde se aprecia una tendencia hacía la abstracción y la geometría, revelando la misma predisposición que algunos críticos observaron en la obra de Wyeth como prueba de una ligera porosidad a las corrientes del momento. En busca de “ese instante cortísimo donde se puede expresar tanto lo que se ve como lo que no se ve”, en busca del misterio de ese círculo mágico que traza la vida.

 

The Secret Sits (Wyeth Wonderland). Museo Thyssen- Bornemisza, Madrid. Hasta el 19 de junio

Más información