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ARTE / FOTOGRAFÍA

Ugo Mulas y el misterioso acto de la creación

Comprender a los artistas fue su oportunidad para convertirse él mismo en uno de ellos. La Fundación Cartier-Bresson expone la obra de este artista que renovó la fotografía

Autorretrato de Ugo Mulas reflejado en la obra de Michelangelo Pistoletto, “Vitalità del negativo”, Roma, 1970 Ver fotogalería
Autorretrato de Ugo Mulas reflejado en la obra de Michelangelo Pistoletto, “Vitalità del negativo”, Roma, 1970

La primera vez que cogió una cámara fue por casualidad. Ugo Mulas (Brescia 1928- Milán 1973) era entonces un estudiante de leyes, cuando un conocido le prestó una y tras simples explicaciones acerca de su funcionamiento le animó a utilizarla. Ocurrió en el café Jamaica de Milán, en 1948, donde el joven solía acudir con un libro de poemas en su bolsillo, en busca de la compañía de los artistas. Allí, comenzó su corta pero intensa carrera; su afición por observar, analizar y descifrar a los artistas y a su universo. Afición que le convirtió en uno de ellos a través de la fotografía.

No solo llegó a ser un gran fotógrafo, sino que “fue el primero en desarrollar una lectura crítica del artista y del sistema artístico a través de la fotografía. Y haciéndolo subrayó la importancia de la fotografía como lenguaje del arte en un momento, a finales de los 60, en que el arte conceptual estaba entrando en escena”, explica Giuliano Sergio, comisario de Ugo Mulas, La Photographie. La exposición recoge la obra del artista italiano y puede verse en la Fundación Henri Cartier-Bresson. Reúne varias de las imágenes que Mulas seleccionó, para la publicación de La Fotografía (Einaundi, 1973), ya un clásico de la fotografía, testimonio de su obra y sus reflexiones. Reconocido como uno de los grandes de la fotografía italiana del siglo pasado, su figura es prácticamente desconocida en nuestro país (ha sido expuesta solamente una vez, con motivo de PhotoEspaña en 2009).

Andy Warhol, Philip Fagan y Gerard Malanga, Nueva York, 1964 ver fotogalería
Andy Warhol, Philip Fagan y Gerard Malanga, Nueva York, 1964

El pintor Max Ernst se apoyaba en la barandilla de un vaporetto en Venecia, cuando Mulas le sorprendió con su cámara y captó la soledad de aquel que sabe ver lo que el resto no vemos envuelto en la cotidianidad de la gente normal, pero el joven italiano ansiaba ir mucho más allá en la profundidad de sus retratos. Era el primer año que Mulas documentaba la Bienal de Venecia, atraído por aquel universo del arte que inconscientemente pretendía desentrañar. Al tiempo documentaba la vida de las calles italianas, empapado por la estética neorrealista en auge de aquellos días. Fue en la edición de la Bienal de 1964 cuando conoció al galerista Leo Castelli y al crítico Alan Salomon. Quiso entonces ser testigo de aquello que ocurría en los estudios de los artista neoyorquinos, y sin saber inglés, el fotógrafo marchó a Nueva York dispuesto a desvelar los secretos de los pintores con su mirada e intuición como única herramienta. “Cuando fotografío a los artistas, no me interesa hacer el típico retrato, lo que me interesa es dejar claro la conexión del artista con su obra, es decir, intento averiguar cual de sus actitudes es crucial. Para algunos pintores es más importante lo que no hacen que lo que hacen. Por ejemplo, de nada sirve fotografiar a Newman dibujando una de las líneas que divide el espacio de su obra, cualquiera puede imaginarse como lo hace. Es más curioso mostrar lo meticuloso que es, organizando su estudio antes de comenzar a trabajar”, escribía el artista.

Fotografió a Rauschenberg, a Rosenquist, a Jasper Johns, a Stella, a Dime y a Lichtenstein, entre otros. La creatividad fue sustituyendo al artista como objeto y de esta forma dio origen a un retrato que va mucho más allá de lo emocional, lo que Umberto Eco denominó “un retrato crítico que trata sobre la estrategia de la obra, donde el artista que trabaja entra en escena solo cuando su gesto forma parte de la estrategia”. Comenzó así a hacer crítica de arte a través de la imagen fotográfica en vez de la palabra. Fue Andy Warhol, uno de los artistas que más le impresionó. “El hecho de que la escena pop reflexionase sobre el papel de la imagen en el arte, era algo muy importante para un fotógrafo como Mulas, ya que hasta los años 60, el fotógrafo seguía siendo considerado como un mero productor de imágenes”, señala Sergio. Mulas se percató de que la fotografía había dejado de ser un elemento neutral que tendía a ser central a medida que el arte conceptual ganaba adeptos. Fueron Castelli y Salomon los que le indicaron que artistas debía visitar. “Mulas insistió en fotografiar a Marcel Duchamp. Consideraba que Duchamp era el artífice detrás de esta escena. Aunque ya no trabajara, ni tuviese nada que ver con la cultura pop. Esto fue una decisión crítica que tomó Mulas, una decisión crítica a través de su fotografía”, subraya Sergio.

Lucio Fontana, 1964. ver fotogalería
Lucio Fontana, 1964.

Lucio Fontana no quiso que le fotografiase mientras acuchillaba el lienzo, y le sugirió que lo hiciese en el momento justo antes de hacerlo; el momento preparatorio, en el que agarraba la cuchilla antes de acercarse a la tela resultaba ser más decisivo para el resultado final de la obra. A cambio Mulas sugirió a Fontana que le permitiese fotografiarle de espaldas, simulando el momento que va a comenzar a rasgar la obra, cuando el concepto de la elaboración ya ha sido procesado por el artista y está claro. “En el momento en que dos aspectos de las acción se encuentran; el concepto precursor, y la ejecución, cuando el concepto se convierte en realidad”, explicaba el fotógrafo. De aquí salió una serie de imágenes, que el artista presentó sin ocultar que habían sido escenificadas. “ Esto suponía una ruptura con los fotógrafos de una generación anterior, como por ejemplo Cartier- Bresson, que de alguna manera lo hubiesen calificado de falsificación. Pero Mulas hizo de ello una firma. Era la creación de una representación del arte. Esto era un tema crucial a finales de los 60, cuando muchos artistas se cuestionaban el sistema del arte”, añade Sergio.

La experiencia americana resultó en un libro y una exposición, New York, the New Art Scene. La gran innovación de la exposición fue la presentación de siete hojas de contactos impresas en papel, ampliadas a tamaño individual. Estas no se presentaban con la intención de desvelar su mecanismo de trabajo, sino como obras independientes, con un discurso propio, complejas e innovadoras por si solas. El fotógrafo diría que fueron las muchas horas que pasó en los estudio de los artistas “las que precipitaron su deseo de penetrar en la naturaleza de la fotografía.”

Marcel Duchamp, Nueva York, 1965 ver fotogalería
Marcel Duchamp, Nueva York, 1965

A partir de 1970, en la recta final de su vida, Mulas comenzó a tomar imágenes donde la fotografía se convierte en sujeto en sí misma: “una especie de análisis de las operaciones de la fotografía destinadas a identificar los elementos básicos y su significado intrínseco”, explicaba el autor. Esta serie conocida como Verificaciones, que dedicó a Niepce (autor junto a Daguerre del primer proceso fotográfico) consolidó el carácter renovador de su obra y su precoz entendimiento del potencial de la fotografía como elemento crítico y esencial del arte.

Ugo Mulas La Photographie. Fondation Henri Cartier-Bresson, París. Desde el 15 de enero hasta el 24 de abril.

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