Nochevieja en televisión: refritos, bragas y lo de siempre

Las cadenas apuestan por programas de humor, enlatados y reemisiones

José Mota durante su programa de Nochevieja.
José Mota durante su programa de Nochevieja.

Refrito tras refrito (Por Ricardo de Querol)

En Nochevieja, el menú favorito de Atresmedia es el refrito. En Antena 3 esperaron las uvas repasando momentos de sus programas más populares; después de las 12 vinieron horas de música también enlatada, de cualquier tiempo y de procedencia diversa: artistas, concursantes o famosos ante un micro, con subtítulos de karaoke. Para las campanadas, el canal apostó por Carlos Sobera, valor seguro, y Cristina Pedroche, que el año anterior se había convertido en trending topic por su aparición en La Sexta con un vestido, negro, muy transparente. Repitió jugada con una pieza de encaje blanco que dejaba ver la mayor parte de su piel. Ambos se desenvolvieron con desparpajo. Más, desde luego, que sus rivales (o compañeros) de La Sexta a esa hora, Chicote y Andrea Ropero.

Antes y después de eso, parecía más interesante, a priori, la apuesta de La Sexta por el humor. Pero nos metieron más refrito. El intermedio Christmas Edition fue una mera sucesión de fragmentos de todo el año del programa de Wyoming. Y en la última entrega de 2015 de El club de la comedia, el atuendo veraniego de monologuistas y público delataba que se trataba de otra reemisión. Tras las uvas continuó el (dignísimo) programa de cómicos que ahora presenta (dignísima) Alexandra Jiménez, y con una toma más actual, la misma de Nochebuena. Por cierto, no ayudará nada a Jiménez a superar el fantasma de Eva Hache la repetición continua del programa, porque luego vimos a la segunda conduciendo otra sesión, por supuesto en diferido. Para competir con TVE, lo mínimo para Atresmedia era ofrecer algo elaborado para la ocasión. Pero no. No hubo más que el vestido de Pedroche.

Cristina Pedroche con el traje que lució en Nochevieja.
Cristina Pedroche con el traje que lució en Nochevieja.

Cámbiame… de canal (Por Juan Cruz)

Dejaron 2015 en bragas… rojas, por supuesto. Por la pendiente de los tópicos, los tocaron todos; los de Cámbiame acabaron llorando mientras explicaban sus deseos de amor, y fueron tan cursis como una boda vieja. Subieron a tal nivel el cutrerío de Kiko Rivera que les faltó el canto de un duro para convertir el siglo XXI en la Edad Media, aunque una de las voces del equipo gritó “Sí se puede” para parecer contemporáneos. Kiko Rivera, por cierto, mostró más ropa que cara, y su acompañante mexicana, Patricia Manterola, fue peor que una partenaire, fue demasiado. A ella se debe esta perla, debida a su pasión exagerada: deseó “¡Muchísima abundancia!”.

Como Kiko carece de música, ella le puso pelo al asunto, y en la sala alguien gritó “¡Bravísimo!”, contagiados todos de esa abundancia muchísima. A la cadena le gustó desear “Un año exageradamente bueno”, y empezó haciendo lo peor: convirtiendo las campanadas en sonidos tan viejos como el play back. Lástima de desperdicio que hacen cada año: son mejores, siempre Prats y Paz. Este Cámbiame de 2015 fue atosigante y ñoño, como las bragas rosas.

Las princesas, las brujas y Don Pelayo cargaron tanto las tintas de la nada que este telespectador se cambió, de veras, pero al Mad Men que estaban poniendo en AMC y que refleja la vida en 1960. Más moderno que lo que vimos como si ocurriera en 2015, amaneciendo en el 2016. No fue fraude. Fue tonto.

Más campanadas, por favor (Por Ángel S. Harguindey)

Al César lo que es del César y a TVE lo que es de TVE, y ayer es más que probable que hubiera vuelto a arrasar en las audiencias de las campanadas de la Puerta del Sol, como ya lo hizo en las del año anterior. Conclusión: la muy desprestigiada RTVE debería dar las campanadas todas las semanas.

¿Por qué?, he ahí la cuestión. Quizá por lo mismo que el muy desprestigiado Partido Popular consiguiera ser el partido más votado en las últimas elecciones generales. ¿Conservadurismo de la ciudadanía?, ¿atracción por ese caballero presentador con capa, la pañosa, que tuvo su apogeo a finales del siglo XIX?, ¿deseos de comprobar si se produciría un fiasco similar al que sufrió Canal Sur el pasado año cuando se interrumpieron las campanadas por un fallo informático? Nunca lo sabremos.

La noche comenzó con un especial José Kubrick o Stanley Mota, en el que el humorista utilizó a El resplandor como hilo conductor del programa y del que no sabemos si se trataba de un homenaje o de una ofensa, detalle por otra parte sin mayor importancia en una noche en la que los tópicos más pedestres ratificaban esa definición no escrita de que el periodismo es un sacerdocio y más en el caso concreto de los designados para cubrir el anual evento.

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