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Plásticos

Mar de plástico, es una buena serie que, además, refleja con acierto una situación en la zona en la que la bonanza económica se entremezcla con la semiesclavitud de los temporeros ilegales y ciertos arisbos de racismo.

Plásticos

Mar de plástico (Antena 3) cerró el pasado martes su primera temporada con una audiencia de 3.687.000 espectadores, superando incluso al enésimo Gran Hermano, demostración de que las series españolas, al igual que los largometrajes, tienen una notable aceptación popular si están bien hechas, lo que es el caso.

Buenas localizaciones (diversos pueblos de Almería en los que la producción agrícola se vio catapultada por el uso de invernaderos de plásticos), un reparto funcional en el que el único defecto en varios de sus protagonistas es una deficiente vocalización -la espontaneidad tiene sus riesgos-, una más que correcta dirección con alardes en las secuencias de acción y unos guiones con altibajos por la, en ocasiones, excesiva acumulación de situaciones y personajes trágicos. En todo caso, Mar de plástico, es una buena serie que, además, refleja con acierto una situación en la zona en la que la bonanza económica se entremezcla con la semiesclavitud de los temporeros ilegales y ciertos arisbos de racismo.

El azar dispuso que durante la emisión de los trece capítulos de la serie, los medios de comunicación dejaran constancia del entramado empresarial de Gabriel Amat, alcalde de Roquetas, presidente de la Diputación y del PP de Almería, y sus presuntos hábitos corruptos: según un informe de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) de la Costa del Sol del pasado febrero "podrían estimarse delitos continuados de estafa, cohecho, prevaricación y tráfico de influencias". Amat, un simpático empresario hecho a sí mismo y mecenas durante años de los cursos de verano de la Universidad de Almería, tuvo, al parecer, relación con 103 empresas en las que figuran 53 parientes, según informes de la policía. La telaraña societaria podría extenderse a más de 300 firmas a través de nexos comerciales, según los investigadores, que señalan un posible trato de favor y uso de información privilegiada durante 17 años. Nada nuevo bajo el sol. Los guionistas de la serie sólo tenían que fijarse en lo que les rodeaba para perfilar al cacique de la serie.