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EN POCAS PALABRAS

“Hay pocos placeres como el de meterse a la cama con un libro”

La última película de Gracia Querejeta, vicepresidenta de la Academia de Cine, 'Felices 140, fue preseleccionada para representar a España en los Oscar

Gracia Querejeta.
Gracia Querejeta.

Gracia Querejeta dice que con la buena literatura, como con el buen cine, hay que tener un mínimo de paciencia: “A veces hay que esperar a la página x, justo la que te engancha y ya no puedes dejarlo”.

-En el cine las mujeres directoras son minoría, ¿siente que le ocurre lo mismo a las escritoras?

-Hay mucha literatura escrita por mujeres, hay muchas más escritoras que directoras de cine.

-¿Cuál es ese libro que marcó su infancia o adolescencia? ¿Y la película?

-Más que en la adolescencia fue entre los diecitantos y los veintitantos. Era una lectora compulsiva de Guillermo Brown, de Richmal Crompton. ¡Mira, una escritora! Lo tengo todo en distintos tipos de ediciones. Otra de mis pasiones de la época era Gerald Durrell, el naturalista. En mi casa hay muchos libros, pero mi padre [Elías Querejeta] tenía muchos más que yo. Su biblioteca era gigantesca, podías encontrar desde todos los diccionarios del mundo a poesía de Cernuda, Salinas, Miguel Hernández. Tenía una relación muy directa con Chus Visor, tenía cuenta en la librería y Chus cada mes le mandaba los libros que creía que le podían interesar.

¿Y cine?... Veía todo el de mi padre, aunque algunas películas no las he vuelto a revisar y tengo un recuerdo muy vago. En esa edad descubrí el neorrealismo italiano, a Truffaut, la nouvelle vague… todo ese cine tan distinto al que se hacía aquí. ¿Quién no ha visto Los cuatrocientos golpes?

-¿Lee teatro?

-Poco, pero sí leí mucho en épocas juveniles. He sido muy lectora de Shakespeare. Me gusta más el teatro leído que visto, será porque trabajo con imágenes diferentes a las teatrales.

-¿Se plantea dirigirlo?

-Me lo he planteado y me lo han propuesto, pero nunca me he atrevido. Puede llegar a tentarme pero tiene que ser algo que sienta cercano, que entienda muy bien, en eso no se diferencia del cine.

-¿Qué le da la literatura que no le dé el cine?

-Es una cuestión de tiempos, la lectura me da un placer más extenso en el tiempo y el cine más inmediato. Pero son muy similares, ambos te teletransportan a otros lugares, vidas, tiempos.

-¿Podría destacar alguna frase de un libro o de una película?

-Una de Luis García Montero que habla de la nostalgia al principio de El Embrujo de Shanghai de Juan Marsé: “La verdadera nostalgia, la más honda, no tiene que ver con el pasado, sino con el futuro. Yo siento con frecuencia la nostalgia del futuro, quiero decir, nostalgia de aquellos días de fiesta cuando todo merodeaba por delante y el futuro aún estaba en su sitio.”

Y de cine me viene una de Una estación de paso, mi primera película: "No hagas mucho caso de las estaciones, pasan una detrás de otra, no saben nada de nosotros". No la escribí yo, es de mi padre.

-¿A qué libro daría un Goya?

-A muchos de Faulkner. [Comienza a repasar con la vista su librería y menciona algunos de los que tiene]. A Ana Karenina, a Reo de nocturnidad de Bryce Echenique, a Cómo ser buenos, de Hornby…

-¿Es el libro siempre mejor que la película?

-No, eso no es una verdad absoluta. Cuando se hace cine partiendo de una novela lo absurdo es hacer una película muy pegada al libro. Son lenguajes distintos, casi siempre necesita despegarse un poco. No es ni mejor ni peor.

-Si la mejor manera de ver una película es a oscuras y en pantalla grande, ¿cuál es la mejor manera de encontrarse con un libro?

-Por la noche, cuando se acaba el barullo del día. Hay pocos placeres tan intensos como el de meterse a la cama con un libro que te apetece leer.