CRÍTICA / DISCOS

Rosenvinge gira hacia lo electrónico

La cantante confiesa estar marcada por el tiempo, pero al final sucumbe al pop luminoso

Adiós a confesar en clave pop, o casi. Ro­senvinge aparca el formato banda y gira hacia lo electrónico —de forma contenida— con sintetizadores y reverberaciones. Bajo el influjo de Lou Reed, susurra para expresar lo que escribe, huyendo de textos fáciles. Evita el sonido recorrido para no recrearse, pero no renuncia a su certero contraste entre la suavidad y una crudeza patente. Cantos de sirena, coros celestiales y aullidos cubren la desasosegante percusión de ‘La tejedora’, justo antes de los aires de carrusel y ballet de ‘Pobre Nicolás’.

Ritmos de los ochenta en ‘Segundo acto’ y ‘Lo que te falta’ — quizá bajo el influjo de New Order— y electro para hablar de la muerte en ‘La muy puta’. Coros infantiles abren la crítica ‘Alguien tendrá la culpa’ antes de la adhesiva ‘Romeo y los demás’, la canción más cercana a Tu labio superior. Confiesa estar marcada por el tiempo en ‘La absoluta nada’, pero al final sucumbe al pop luminoso en ‘Alameda’, como quien vuelve a casa tras una angustiosa tormenta de incertidumbres.

Lo nuestro. Christina Rosenvinge. El Segell del Primavera.

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