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Hacia la estación Finlandia

Así saltó Podemos del aula universitaria a la batalla política: produciendo ideología desde un plató de televisión

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias.
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias.

En una conferencia sin desperdicio impartida a las juventudes comunistas de Zaragoza en 2013 —y citada por Ignacio Torreblanca—, Pablo Iglesias recordaba que para quienes se empeñan en una batalla ideológica siempre han existido los trenes precintados. Lo mismo afirmaba Monedero en una reciente entrevista publicada en este periódico: “Nosotros entendimos que la televisión era el tren que los alemanes pusieron a Lenin para ir a Finlandia”. Bueno, no fue exactamente así; pero eso no importa. Lo fundamental es que, por ser la televisión el principal productor de ideología, aparecer en programas de televisión, aunque fuera la de tu peor enemigo, debía entenderse como requisito ineludible para llegar desde el exilio hasta la Estación Finlandia, en Petrogrado, donde Lenin proclamó sus famosas Tesis de abril, el billete que abrió a los bolcheviques las puertas del palacio de Invierno.

Así saltó Podemos del aula universitaria a la batalla política: produciendo ideología desde un plató de televisión. Formaban, como los presenta Torreblanca, un grupo dirigente muy unido por vínculos de amistad y pensamiento en torno a la figura de un líder, el “compañero de mente incisiva y voluntad bolchevique”, que Errejón veía en Iglesias cuando presentó su tesis doctoral. Los dos, con Monedero, aparecen en las páginas de Asaltar los cielos como una especie de triunvirato gestado en un departamento de la Universidad Complutense para librar la lucha ideológica por la hegemonía política, construida sobre la “dicotomización del espacio entre pueblo y élites con la meta de articular nuevas identidades populares”.

La nueva identidad popular se resumió en la sustitución de pueblo por gente y de élite por casta, con unas gotas de na­­cional-populismo y unos toques de emoción política. Para tan fantástico hallazgo no les vino mal su familiaridad con Maquiavelo y Lenin, con Gramsci y Laclau, con Negri y, aunque aquí no se mencione, Carl Schmitt, tomando de cada cual lo que bien les convenía para construir el marco que daría todo su sentido común al relato de la gente expoliada por la casta, siendo ellos también gente en estado puro. De aquellas experiencias de amistad y de estas lecturas compartidas surgieron, como los dibuja Torreblanca, estos “buenos bolcheviques”, emprendiendo “ensayos de contrapoder” en la Facultad, en las emisiones de La Tuerka y en el centro de estudios y asesoramiento de diversos Gobiernos latinoamericanos.

Hacia la estación Finlandia

El éxito del experimento, acelerado por el cambio en la estructura de oportunidades políticas ante la masiva desafección a los partidos de la casta, desembocó en el “leninismo 3.0”, una estrategia de conquista de poder a base de hiperliderazgo personal, comité ejecutivo fuerte, asambleas bajo control, afiliados deliberantes en círculos abiertos, presencia en la televisión como mejor instrumento “productor de ideología” y uso masivo de redes sociales, ya fuera para provocar trending topics, ya para reafirmar el liderazgo ante dificultades imprevistas. De los ensayos de contrapoder surgió “la máquina de guerra elec­­toral”, puesta a prueba con un resultado apabullante en las elecciones europeas.

El asalto a los cielos desde la estación Finlandia se transmutó de inmediato en comienzo del cambio desde un plató de televisión, como si se dijera: de Lenin a Tierno Galván pasando por Chávez. Cuando constató que la más preciada construcción de su vida se convertía en una maquina electoral al mando de “generales mediocres”, Monedero envió una doliente carta de despedida a Iglesias, testimonio de que cuando y donde se palpa poder, las identidades fluctúan, los programas no importan, mudan siempre las ideologías. Pero esto, que ya es historia, no entra en este libro, urgente, ágil y brillante, que deberá entenderse como primer acto de una fantástica representación en la que todavía queda mucha ideología por producir hasta el triunfo electoral final.

Asaltar los cielos. Podemos o la política después de la crisis. José Ignacio Torreblanca. Debate. Barcelona, 2015. 218 páginas. 15,90 euros.

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