Katherine Heigl se endurece

La actriz protagoniza ‘Asuntos de Estado’, su regreso a la televisión tras ‘Anatomía de Grey’

“¿Por qué es una chica tan difícil?”. Esa fue la pregunta que, hace menos de un año, un periodista le hizo a Katherine Heigl cuando la dulce Izzie de Anatomía de Grey preparaba su nueva andadura televisiva con la serie Asuntos de Estado (States of Affair), que estrena Calle 13 (22.25). La intérprete, de 36 años, se quedó por una vez sin palabras. Por una vez porque desde que despuntó en Hollywood, primero en televisión y luego en cine con comedias tipo Lío embarazoso o 27 vestidos, Heigl nunca ha callado.

Dijo lo que pensaba de los comentarios homófobos de Isaiah Washington contra su amigo T. R. Knight, ambos actores de Anatomía de Grey. Criticó los tintes machistas que dominan el humor de Judd Apatow. Pero de dar su opinión a tacharla de difícil hay un mundo. “Claro que me dolió”, comenta ahora la actriz, “mucho. Me he sentido tan intimidada que no sabía qué hacer”.

En Asuntos de Estado ha encontrado su tabla de salvación. A Heigl la criaron para ser una mujer fuerte, lo mismo que ella quiere para sus hijas. De ahí que se lanzara a la producción de la serie que también protagoniza y que habla de esas otras mujeres fuertes que trabajan como agentes de la CIA. Una serie de ficción pero inspirada en historias que podrían ser reales y con la asesoría de dos exagentes de la CIA. “Son héroes y quiero hablar de ellos en este drama que acabé construyendo para mí”, admite a las claras.

Eso no significa que Charleston Tucker, la agente que interpreta y que diariamente asesora a la presidenta de Estados Unidos en materias de Estado, se parezca a Heigl. “Yo no bebo tanto como ella, y si fuera por ahí acostándome con el primero que pillo, mi madre me mataría”, afirma comparándose con su personaje esta actriz casada y madre de dos hijas adoptivas. “Pero si digo que lo construí para mí es porque quise incluir este tipo de disfuncionalidad, de peculiaridades en una mujer tan inteligente y poderosa para unas cosas y tan fallida en otras”, admite.

Heigl sigue contando con la admiración de sus compañeros de promoción de Anatomía de Grey por haber conseguido lo que les es difícil a los actores de televisión: dar el salto al cine. “Katherine cambió las cosas, la primera que salió de la serie para ser una estrella de cine”, recordó hace unos meses Ellen Pompeo. Heigl se ríe con ganas de lo mucho que han cambiado las cosas desde entonces. “Ahora en televisión hacemos películas de 45 minutos. Y como mujer de una cierta edad encuentro aquí personajes interesantes que ni olería en el cine”, insiste. Lo dice también para que nadie se crea que vuelve con las orejas gachas tras su abrupta marcha de Anatomía de Grey.

Reconoce que siempre le gustó la televisión y se declara adicta de series como Nashville, New Girl, True Blood, Outlander, The Honorable Woman y Blacklist. Menos esta última, todas protagonizadas por mujeres. “Y no quiero competir con Homeland”, añade a sabiendas de los paralelismos que se pueden establecer entre su serie y la que protagoniza Claire Danes. “Tengo claro que mi prioridad es el trabajo. No importa el medio. Quizá algún día el teatro si me quito el miedo al público”, añade. Y si no encuentra lo que quiere, papeles para y por mujeres fuertes, está dispuesta a escribirlos. La producción sólo ha sido el primer paso hacia su meta. “En el set de Asuntos de Estado me he dado cuenta de que la clave es rodearte de gente que comparte tus ideas. Nunca podré cambiar otras percepciones que venden revistas entre los que disfrutan del cotilleo, pero pienso disfrutar del trabajo que tengo”, remata.

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