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¿Son lícitas las memorias de Valérie Trierweiler?

El dilema: ¿fenómeno literario o simple venganza?

Valérie Trierweiler, en pasado enero en un viaje a  India.
Valérie Trierweiler, en pasado enero en un viaje a India.

Reclamar el espacio

Por Patricia Souza

Valérie Trierweiler ha sacudido la reentré literaria en Francia y saca un libro donde revela todo sobre su relación con el presidente francés: el triángulo amoroso, frases lapidarias de Hollande sobre los franceses, escándalo. Hasta ahí tiene los ingredientes de un libelo, de un arreglo de cuentas para curar un abandono. Varias librerías deciden no venderlo. Mensaje: la literatura es un hecho separado del mundo real, no transitivo a la esfera pública. Trierweiler fue inmediatamente encerrada en el círculo inmanente de la loca histérica y celosa que escribe por dinero. Pocas personas han salido en su defensa y los literarios han sentido que el tema no les concernía. Argumentos: división entre vida pública y privada, derecho al secreto. Pero estas dos reglas corresponden a una división que viene del siglo XVIII y divide el trabajo en dos conceptos distintos en función del género: las mujeres tienen reservado el espacio íntimo, lo doméstico, y los hombres el público o el ejercicio de una ciudadanía plena. La gente se lanzó a comprar el libro, no solo por chismosa, sino porque les hablaba de sus propias vidas, de una mujer de extracto social bajo que es repudiada. Es la fuerza de la literatura popular contra su versión burguesa (no hay perlas sino lágrimas, no hay marcas sino desarraigo). Es el hecho pequeño, banal y cotidiano, llevado al espacio público, es el derecho al discurso negado a las mujeres en sociedad. Quizás este hecho histórico signifique que el ejercicio del discurso en lo público es también otra forma de hacer de la literatura un fenómeno vivo y social, en suma un hecho también político. Cuanto más lejos esté la literatura de las experiencias concretas, más fría será la mirada exterior. En este caso, la realidad se impone a la ficción con un libro que decide hablar, con todos sus excesos y pequeñeces, desde el espacio de la emoción, desde la no teatralización de la verdad.

Dañina y mediocre

Por Ana Palacio

Merci pour ce moment, de Valérie Trierweiler, es un libro de alcoba y mensajes de texto de teléfono, en el que las largas disquisiciones de la autora sobre su vocación de ayuda a niños y pobres no consiguen prender la atención del lector. Y lo mismo cabe decir de los excursos sobre François Hollande que trascienden su relación amorosa; los comentarios sobre el político o el amigo de sus amigos resultan artificiosos y se despegan del relato. Estamos, así, ante un vodevil que, pese a su liviandad y sin ni siquiera pretenderlo, atañe a los fundamentos mismos de la République.

Los medios franceses anunciaron a bombo y platillo que conoceríamos detalles escabrosos del presidente que cuestionarían su aptitud para gobernar Francia. La realidad, sin embargo, es bien otra: Valérie Trierweiler no descubre nada de interés. El hilván del libro son sus celos. Celos que confluyen en despecho, que culmina en el rechazo a un Hollande que le suplica volver en 29 mensajes telefónicos de texto enviados en un solo día. No estamos, así, ante el Otelo del siglo XXI.

Y no, Hollande no esconde un Mr. Hyde. Resulta ser un hombre como tantos, un hombre corriente parapetado en lo sentimental tras medias verdades, que simultánea dos relaciones, a quien le cuesta romper. Pero, si bien la mediocre venganza de Trierweiler va dirigida a la pareja, a quien alcanza es al presidente de una República francesa en cuyo ADN figuran las formas, las convenciones, la liturgia, la bienséance en fin. Cultura política esta que cristaliza en las unánimes y encendidas críticas —desde el aliado Manuel Valls hasta la némesis Marine LePen— porque esta desnudez íntima del rey carece de interés para los ciudadanos y es dañina para la institución.

 

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