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Cuatro euros

España sigue padeciendo un enorme problema a la hora de normalizar su memoria, su historia, la relación con el pasado

Cuatro euros

Por las cartas al director nos enteramos de que visitar la tumba de Adolfo Suárez en la catedral de Ávila cuesta cuatro euros. Un malintencionado pensaría que eso justifica las grandes colas en su capilla ardiente, era urgente rendir homenaje a un personaje imprescindible de nuestra historia antes de pasar por taquilla. Esperemos que la familia, al menos, se lleve porcentaje en concepto de derechos. Esta anécdota es muy reveladora del enorme problema que sigue padeciendo nuestro país a la hora de normalizar su memoria, su historia, la relación con el pasado. Lo sucedido tras la muerte de Suárez, con la precipitada biopillería, prolonga tanto libro político que recurre a salvar la propia imagen y ensuciar la ajena más que a donar un equilibrado relato de tiempo y circunstancias.

Convergen estos asuntos en la retirada de un manual escolar de la editorial Anaya, con cuyo nombre hacíamos juegos de palabras crueles los estudiantes cuando éramos niños. La razón no es otra que la chocante conclusión a las muertes de Lorca y Machado. El primero falleció “cerca de su pueblo” y el segundo “se fue a Francia con su familia”. Da morbo seguir indagando en el libro de texto, porque es posible que Solzhenitsyn pasara tres años de retiro vacacional en el bonito Archipiélago Gulag y Primo Levi se instalara unos meses en un campo de concentración nazi en Polonia en busca de inspiración para su futuro libro Si esto es un hombre. Por suerte el manual se limita a la Lengua Castellana, territorio donde los retorcimientos ejemplifican la carencia de un relato acordado entre toda la sociedad.

Los niños aprenderán, eso sí, el significado de la palabra eufemismo, que consiste en eludir un tabú. Se asemeja al chusco episodio del Diccionario Biográfico Español, que avalado por la Real Academia de la Historia, retoca al gusto las voces no solo de personajes políticos sino también de relevantes figuras de la cultura y la sociedad. La asombrosa incapacidad, que tiñe de constantes polémicas la vida diaria porque no hay ni tan siquiera un acuerdo en la desautorización de los símbolos franquistas ni de los crímenes de ambos bandos durante la guerra, es ya nuestra mejor definición de país. Y de guinda, súmenle los cuatro euros.