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Impotencia

Las promesas están hechas para ser rotas, decía un viejo personaje de novela. Las frases brillantes se fabrican para salvar la dignidad en los momentos de traición, corrección o vergüenza. El discurso de Rajoy en el Parlamento no dejó grandes frases ni bellas expresiones para envolver el dolor, no anduvimos muy inspirados en dialéctica. Las comparaciones con los discursos de Churchill provocarían sonrojo si no estuviéramos tan asustados todos. A veces le interrumpían aplausos, por esa asombrosa nueva costumbre de aplaudirlo todo, no tanto para recompensar la tarea bien hecha sino para estimular lo fallido. Se aplaude al cadáver cuando pasa, al tertuliano que grita cuando se queda sin argumentos, al concursante bloqueado. Aplaudir la enunciación de recortes es aplaudir a la lluvia, tiene algo de impotencia. Pero es posible que la impotencia sea clave en lo que está pasando.

Por qué tanta enconada campaña electoral, tanta urgencia porque el anterior presidente se quitara de en medio, tan poca colaboración ni racionalización de las circunstancias, para llegar a reconocer que no hay libertad de decisiones y que las medidas se toman porque no hay más remedio. No hacía falta enconar tanto el clima del país ni dar lecciones ideológicas ni hacer promesas llamadas a romperse. Pero los españoles se han mostrado dispuestos al sacrificio, aguantan con estoicismo la situación y tan solo de tanto en tanto reclaman que haya menos impunidad para los delitos de corrupción, hasta ahora jamás castigados en nuestro país con rigor, sino premiados con amnistías y fidelidades de partido que ya quisiéramos ahora tan valientes y enfrentadas a la autoridad, venga de donde venga.

Las cuentas no salen por ninguna parte. Los recortes siguen una vía sin capacidad creativa, son una poda que no provocará más frutos ni un árbol más robusto sino una cortoplacista presentación de resultados urgentes. Si el intento por reducir la deuda sigue aumentando la deuda, parece claro que lo único que perseguimos es obtener la ayuda externa a cambio de presentarnos lo más andrajosos posible ante quien nos podría echar una mano. Levantar España es la expresión de un esfuerzo activo, imaginativo y potente. En la publicidad, la impotencia se llama ahora disfunción eréctil, pero nadie promete curarla con aplausos de ánimo.

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