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Foxización

Se han derrumbado tantos grandes nombres que ya nada sorprende. Pero a esto hay que prestarle atención: la CNN se tambalea. El canal que estrenó la información global continuada, esa que mantenía corresponsales bajo las lucecitas verdes de los bombardeos sobre Bagdad en 1991, ha caído en mayo a su audiencia más baja de las dos décadas transcurridas desde entonces. Su línea independiente, profesional ante todo, no vende. Lo que se impone, lo que lidera los informativos de Estados Unidos, es Fox News. ¿Información? Llámelo mejor propaganda, pero el público la devora. Señal de que el sectarismo gana terreno en las calles, allí como aquí. De que funciona la crispación.

La Fox es el tipo de cadena entregada a fondo a sus batallas y que sacude sin piedad a sus enemigos. Allí todavía insisten en el bulo de que Obama nació en Kenia, se le llama socialista, y se azuza el odio al inmigrante, o al gay. Ven tibio a Romney. El canal resiste incluso al desprestigio de su dueño, Rupert Murdoch, a quien los políticos británicos comían en la mano, porque les daba terror, hasta que la justicia empezó a revelar cómo sus periódicos pinchaban teléfonos hasta de niñas asesinadas (y borraban pruebas para que no se llenara su lucrativo buzón).

Como la Fox representa la sensibilidad del extremista Tea Party, en España se bautizó como TDT Party a los más estridentes predicadores surgidos a la vez que la nueva televisión (pero no solo ahí). Les fue mejor que a CNN+.Verán que ahora su prioridad es vapulear al que tosa al nuevo poder, aunque sea un estudiantillo. Vale. Son medios privados y tienen su público. Cada uno a lo suyo. Lo que asusta es que mañana pueda empezar el proceso para llevar ese estilo a la debilitada pero digna RTVE. O que, por ejemplo, Telemadrid vaya a ser privatizada para, qué liberal es eso, que se la quede para siempre un amiguete. Que nombren ya a los suyos, con eso contábamos. Pero, por favor, el ejemplo sigue siendo la BBC. No la Fox.