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Columna

Rasca y gana

Rafael El Gallo tenía una teoría propia sobre la espantá, disciplina taurina tan particular como el volapié o el pase natural. Decía que las espantás le salían del corazón... y de la falta de piernas. Los analistas están tratando de concluir si la salida de Rodrigo Rato de Bankia ha sido otra espantá como la que protagonizó en el FMI o el reconocimiento de la falta de piernas en la entidad, tan politizada como mal gestionada. Hay quien considera incluso que el banquero ha podido ser espantado, deporte que practican los niños con las palomas, pero también los políticos con las personas que perviven en su turbio entorno.

No llegaremos a saber nada de todo esto, abonados a la antiinformación, con periodistas que asisten cada día a declaraciones y comunicados donde las preguntas están prohibidas. Ese silencio permite que la mentira deforme los conceptos y así subir impuestos se define como cambiar la ponderación para favorecer el crecimiento e inyectar dinero público a los bancos es no inyectar dinero público a los bancos. Pero quizá detrás de la dimisión de Rato hay algo que tiene que ver con los falsos prestigios que fabrica la política.

Nos inoculan ideas en la cabeza por el proceso de repetirlas hasta que uno cede, vencido por la insistencia, mucho más que por la explicación racional. Sorprendía leer en el periódico más importante de la India el perfil de Rodrigo Rato cuando fue nombrado director del FMI. Más allá de nuestro orgullo porque un español llegara tan lejos, el analista situado a 10 mil kilómetros sostenía que el nombramiento era un premio político de los norteamericanos a la complicidad militar aznarista, concedido apenas sesenta días después de perder las elecciones españolas y que delataba falta de rigor en la selección. La salida no ayudó a disipar esas sospechas. El prestigio de buenos gestores incluye a Cascos vanagloriándose de su gestión en Fomento pese al planteamiento del Ave a Catalunya y a Trillo como persona adecuada para representar a España en la Embajada de Inglaterra. Prestigios, sueldos y trayectorias ganados en la política por medio del rasca y gana, juego infantil que consiste en desvelar con el frotamiento de la uña si te ha correspondido un regalo.

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