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La Rambla con objetivo infinito

Massimo Vitali y Jordi Bernadó retratan por dentro y por fuera el gran río que cruza Barcelona y cierran la primavera dedicada al paseo

Massimo Vitali (Como, 1944) ?el maestro? y uno de sus discípulos más aventajados, Jordi Bernadó (Lleida, 1966), han retratado La Rambla. Se han repartido el trabajo de forma simple y concisa: uno ha mirado hacia fuera, hacia la gente, y el otro ha buscado en los recovecos interiores. El resultado es la exposición La Rambla. In/Out, que puede verse en el Arts Santa Mònica hasta el próximo 27 de junio y que viene a ser el cierre de esta primavera dedicada a revisitar el gran río de Barcelona.

Vitali y Bernadó practican la fotografía objetiva, "la metodología objetiva", como prefiere llamarla Vitali, para quien la fotografía "es como un río con miles de corrientes internas que nunca convergen; van en la misma dirección, fluyen una al lado de otra, pero separadas". La metodología objetiva consiste en que el artista establece a priori el concepto y define la imagen que quiere obtener. La realización, por compleja y difícil que pueda llegar a ser, es algo secundario. "No miramos cuando hacemos las fotos", indica, para que quede claro que no tienen nada que ver con los cazadores de instantes que, en el fluir del tiempo, encuentran el encuadre sin saber lo que buscan.

Lo de que la realización es algo secundario parecería una boutade para quien los viera trabajar. Tanto Vitali como Bernadó utilizan cámaras de placas de gran formato, se esconden bajo el paño negro tradicional, arrastran artilugios, construyen tarimas y plataformas, y mueven un equipo de gente. Hacen fotografías como las que se hacían hace un siglo. "La historia de la fotografía cambia cuando las fotos dejan de ser perfectas, gracias a la llegada de las cámaras manejables, que permitían improvisar mirando por el objetivo. La tecnología ha sido pésima para el arte de la fotografía", asegura Vitali, que ya ni siquiera menciona la explosión de la imagen digital.

Pero en los últimos 20 años todo ha cambiado de nuevo con la entrada de la fotografía en el mercado del arte contemporáneo, en buena parte por la puerta abierta por el arte conceptual, que ha supuesto la vuelta al gran formato. "Los galeristas y los marchantes de arte pidieron a los fotógrafos que les fabricaran grandes piezas para poder competir con las telas de los pintores, a precios más bajos, aunque ahora los precios ya no entienden esta lógica".

Y es este retorno de las grandes imágenes lo que, para Vitali, pone en evidencia todos los problemas técnicos que "la fotografía había ido escondiendo debajo de la alfombra" de las cámaras manejables y, ahora, de la tecnología digital. "No se había reflexionado sobre ello desde 1910", asegura, "y ahora hemos recuperado la artesanía de la fotografía". Y explica que el foco infinito no lo tienen ni el 30% de las cámaras digitales profesionales.

Vitali sabe de qué habla. Ha tocado todas las teclas del oficio desde que se licenció en la London School of Printing. Desde el fotorreportaje, pasando por los trabajos industriales, hasta la dirección de fotografía cinematográfica. Pero a principios de la última década del siglo pasado entró en crisis. "Nada me llenaba, no le encontraba sentido. Y me tomé un año sabático". Fue entonces cuando escogió las cámaras de gran formato y empezó la extraordinaria serie de fotografías panorámicas de playas, que le sirvió para trascender la condición de fotógrafo y convertirse en artista. Son imágenes de playas llenas de gente, que dibujan una topografía sorprendente curiosa que propone lecturas que alcanzan lo antropológico. También ha retratado discotecas llenas a rebosar y al público de los conciertos. Pero Vitali no busca la masa que reacciona al unísono como los espectadores de un partido de fútbol, sino que explora la diferencia, se fija en los grupos que hacen cosas distintas en un mismo espacio, que mantienen su individualidad. La fotografía, asegura, incluso cuando se ha convertido en parte del arte contemporáneo, "nunca ha dejado de ser un comentario social".

Vitali llega pronto por la mañana, cuando todavía no hay nadie en el lugar escogido, y monta todo su tinglado. Luego va viendo como la realidad se acerca a lo que había imaginado. Retratar La Rambla, sin embargo, ha sido mucho más complicado de lo que se imaginaba. Le tomó un montón de sesiones repartidas entre 2008 y 2009, y más de un desespero. "Los primeros días lloraba en el hotel", admite. "Normalmente tomo 10 fotos al día, y estaba tomando hasta 30 y no salía nada. La Rambla es un río con moléculas de agua siempre en movimiento", explica. El resultado son unas imágenes fascinantes, con una profundidad de foco casi imposible ?desde el primer plano hasta el puerto? y de una riqueza de detalles que hipnotizan al espectador.

La magia de la exposición de Arts Santa Mònica, sin embargo, nace de la combinación de estas imagenes de fuera, del río de gente, con las de los lugares ocultos que Bernadó encuentra en las riberas del río. La luz blanca de las fotos de Vitali choca con los claroscuros casi caravaggianos del Museo de Cera ?la excepcional escena de la muerte de Joselito? o las imposibles piezas del decorado de una ópera del Liceo reposando tras las bambalinas.

Para Bernadó, que hace una semana protagonizó una pequeña exposición de cámara, también en La Rambla ? en la Cúpula Venus?, bautizada , trabajar con el "maestro" ha sido "un privilegio". El autor del sorprendente Welcome to Espaiñ... vuelve a recordarnos que la realidad va siempre mucho más lejos que la ficción. Y tan pronto nos lleva al estudio de un pintor para turistas como nos descubre salones que parecen haber dormido el sueño del tiempo. Ahora solo falta que La Rambla sea realmente como la ven los artistas.