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Crónica:

'Coitus interruptus'

Elbicho pone el calor en el primer tramo del Metrorock ante un público que se queda con ganas de más

Una hora sin descanso. Durante sesenta minutos, que parecía tener cronometrados, Elbicho ha deleitado a los asistentes al Metrorock enganchando canción tras canción en un repertorio que no ha olvidado ninguno de sus grandes temas.

"Casi no nos dejan ni saludar", se ha justificado en un último gesto de agradecimiento el líder del grupo, Miguel Campillo. Frente a él, un público variopinto y muy entregado que pedía, sin éxito, algún bis. Miles de personas que abarrotaban el complejo deportivo Cantarranas de la Universidad Complutense de Madrid, donde se celebra el festival, y que se resistían a que Elbicho se bajara del escenario tras la interpretación de Letras, uno de los momentos más mágicos, y sin duda el más íntimo, de la velada.

Pero cualquier cosa fuera del guión parece imposible en un Metrorock que ha arrancado con una organización milimétrica, lo que sin duda es una ventaja para agilizar las grandes colas que se están registrando. Así, el conjunto de flamenco fusión ha comenzado su concierto, puntual como no podía ser de otra manera, a las siete de la tarde, una hora inusual. "Qué bien que sale el sol, así nos vemos todos las caras", bromeaba su cantante.

Algunos problemas iniciales con el sonido no han restado intensidad a la velada, en la que no han faltado sus temas de mayor éxito. Canciones como Locura, Mamá Dolores o Los rokipankis, en las que la banda ha buscado la complicidad del público con continuos juegos de palmas y ralentizaciones de temas que casi parecían música de Nueva Orleans.

Así, canción tras canción, y sin un solo segundo entre ellas, ha llegado el momento de Condena, tema perteneciente a su último trabajo, Vii, que la banda ha interpretado con especial deleite, como queriendo detener el tiempo. Pero, pese a todo, los minutos corrían. Y hoy Elbicho sólo tenía sesenta en los que, eso sí, la banda ha conseguido una gran conexión con los asistentes.