Desalojada a la fuerza la activista Greta Thunberg durante las protestas contra la ampliación de una mina a cielo abierto en Alemania

La policía saca en volandas a la joven junto con un grupo de manifestantes que se había acercado demasiado a la zona

Oficiales de policía alejan a la activista Greta Thunberg de la protesta contra la ampliación de una mina a cielo abierto en el pueblo alemán de Luetzerath este martes.Foto: FEDERICO GAMBARINI (AP/LAPRESSE) | Vídeo: REUTERS

La activista sueca Greta Thunberg ha sido desalojada por la policía alemana junto a otros manifestantes de una protesta en el pueblo de Lützerath, en el oeste del país. Tres agentes la han sacado en volandas de la zona donde un grupo de personas se habían sentado para reclamar que se detuviera la extracción de carbón en la cercana mina de Garzweiler. Los activistas climáticos han convocado acciones de protesta después de que las autoridades desalojaran el municipio, que será demolido para ampliar la mina.

Según explicó un portavoz de la policía de Aquisgrán, Thunberg formaba parte de un grupo que se acercó demasiado al lugar donde la tierra queda cortada al inicio de la zona minera. Los agentes consideraron que era peligroso permanecer sobre ese terreno ―en la zona ha llovido mucho en los últimos días― y decidieron ir sacando a los manifestantes uno a uno en volandas, trasladarlos unos 50 metros más allá y pedirles la documentación. La activista sonreía durante el traslado y toda la operación transcurrió de forma pacífica.

La policía retiene a un grupo de activistas entre los cuales se encontraba Greta Thunberg antes de su desalojo.
La policía retiene a un grupo de activistas entre los cuales se encontraba Greta Thunberg antes de su desalojo.Roberto Pfeil (AP)

Lützerath, en el Estado de Renania del Norte-Westfalia, se ha convertido en el epicentro de la lucha contra el cambio climático y del debate en Alemania sobre la vuelta a la quema de carbón para producir energía tras la crisis provocada por la guerra de Ucrania. Durante varios días, centenares de activistas se resistieron al desalojo cavando zanjas, subiéndose a los tejados de las granjas o atándose a postes. Este lunes, la policía sacó a los últimos dos manifestantes, que se habían atrincherado en un túnel en un intento de retrasar lo más posible el desalojo. Salieron voluntariamente tras negociar con los agentes.

El movimiento ecologista planea continuar con las protestas pese a que el pueblo ha quedado acordonado tras haberse demolido las últimas casas, granjas y cabañas de madera que quedaban. Sus habitantes se marcharon hace dos años después de que la energética RWE, propietaria de la mina, les fuera comprando sus viviendas. Solo un granjero aguantó en el pueblo hasta hace pocos meses. La empresa tiene permiso para empezar a excavar.

La operación policial para vaciar el pueblo, con más de un millar de agentes de refuerzo llegados de otros Estados, tuvo en vilo a los alemanes durante varios días, pero el desalojo de Greta Thunberg le ha dado a la protesta eco internacional. Los activistas han hecho de Lützerath su línea roja. Aseguran que harán lo que sea necesario para evitar que se extraigan las 280 toneladas de lignito que se esconden bajo el municipio, donde antes vivían unas 100 personas, principalmente de la agricultura y la ganadería.

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La activista climática Greta Thunberg gesticulaba, sentada en un autobús, este martes.
La activista climática Greta Thunberg gesticulaba, sentada en un autobús, este martes.WOLFGANG RATTAY (REUTERS)

La confrontación entre ecologistas y autoridades ha puesto al partido alemán de Los Verdes en una posición extremadamente incómoda en las últimas semanas. Los activistas acusan a sus miembros de traición a la causa verde por haber hecho un pacto con RWE en plena crisis energética por el corte de suministro de gas ruso hacia Alemania. El acuerdo permite a la empresa explotar el lignito que se oculta bajo los terrenos de Lützerath a cambio de cerrar la mina en 2030, ocho años antes de la fecha prevista en la legislación alemana para dejar de quemar carbón. El plan original era destruir otros cuatro pueblos más para permitir el crecimiento de una explotación que ya ocupa 48 kilómetros cuadrados.

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Sobre la firma

Elena G. Sevillano

Es corresponsal de EL PAÍS en Alemania. Antes se ocupó de la información judicial y económica y formó parte del equipo de Investigación. Como especialista en sanidad, siguió la crisis del coronavirus y coescribió el libro Estado de Alarma (Península, 2020). Es licenciada en Traducción y en Periodismo por la UPF y máster de Periodismo UAM/El País.

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