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OBITUARIO OPINIÓN i

‘Just like a woman’

Diana Garrigosa era una persona luminosa, con una energía cargada de verdad, que los amigos y todos los que la pudieron descubrir echaremos de menos siempre más

Diana Garrigosa
Diana Garrigosa, en una imagen del 2007.

Diana Garrigosa (Barcelona, 1944-2020) se ha ido. Diana era una persona luminosa, con una energía rebosante de verdad, que los amigos y todos los que pudieron descubrirla echaremos de menos para siempre.

Los noticieros hablarán de la mujer de Maragall y, sin duda, es una de las claves y una de las más indiscutibles para entender la trayectoria y la huella histórica de Pasqual. Ella, a pesar de no encajar en ninguno de los tópicos de la mujer detrás de un gran hombre, fue una extraordinaria compañera para una personalidad de su talla. Lo fue a pesar de ser una mujer del siglo XXI, que tenía muy claro su papel y la dignidad que ahora llamamos de género. No lo tuvo fácil pero lo hizo admirablemente. Recordando la canción de Bob Dylan, era Just like a woman.

La recordamos del colegio, el Liceo Francés, donde probablemente fue a parar por ser hija de un hombre extraordinario, ilustrado y progresista, Cristóbal Garrigosa, que ella siempre adoró. Tanto lo respetaba, y tanta era su generosidad y discreción, que invirtió toda su herencia en la Fundación Memorial Cristóbal Garrigosa para continuar con una causa, el Banco de Ojos, que su padre había iniciado. No quería que se conociera su gesto, y esto es notorio y excepcional.

Por extrañas circunstancias del destino, que desgraciadamente todos conocemos, se encontró al final presidiendo otra fundación, la del Alzheimer, y esta vez tuvo que hacerlo encabezando la iniciativa y bajo todos los focos. No le gustaba figurar y era incluso tímida, pero su inteligencia y honestidad la empujaron a entregarse en cuerpo y alma al proyecto. Es un orgullo para todos.

También nos viene a la memoria su etapa americana, que tanto la marcó. Los años vividos en Nueva York la convirtieron en una moderna, y muchas de sus certezas se forjaron entonces.

La recordamos también como una extraordinaria profesora de informática, avant la lettre, cuando todavía aspiraba a tener vida propia y no verse arrastrada por los avatares de la política. Los alumnos le deben las herramientas que les permitieron acceder al mundo del futuro.

Es cierto que disfrutó de unos años y unas experiencias excepcionales que Barcelona, las Olimpiadas y la intensidad de aquellos años le brindaron. Ella sabía disfrutar con plenitud, los que la conocemos somos testigos de ello.

Lo que de verdad le apasionaba era el mar. Era capitana diplomada y navegaba con un entusiasmo que despertaba ternura, lo hizo hasta el final con su barca La Rupiana. Rupià, en el Empordà, fue un refugio lleno de experiencias únicas, donde se juntaron los placeres de la naturaleza, su familia, sus amigos y el mar allí cerca. Todo esto quedará para siempre.

Ahora mismo no me siento con ánimos de asimilar su ausencia, hace pocos días estábamos haciendo planes y la muerte no entraba en ellos... Diana era un puntal, moral y vital, y lo era de verdad. Mi hijo, que heredó sus vinilos, le dedica una canción de Stan Getz.

Margarita Obiols fue secretaria de Relaciones Internacionales de la presidencia de la Generalitat (2004-2006).

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