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OPINIÓN i

Regreso al futuro

Los extremos se tocan y ahí tenemos Junts per Catalunya y Ciudadanos tensando la cuerda. Con ERC poniendo a diario una vela a Dios y otra al diablo y a los Populares intentando no perder protagonismo

Mariano Rajoy y José Manuel García-Margallo.
Mariano Rajoy y José Manuel García-Margallo.

S ostiene García Margallo que el primer error grave del PP para con Catalunya fue recurrir el Estatuto. Máxime cuando ellos habían copiado textualmente algunos artículos para incluirlos en el valenciano. Y eso, a pesar de la afrenta del tripartito de Maragall de apartarles de cualquier consenso. Barcelona, Saló del Tinell, el día que las izquierdas consiguieron romper la barrera convergente y gobernar la Generalitat. Añade quien después fue ministro español de Exteriores y azote del independentismo que se quejó a Rajoy. Éste, entonces amigo, le preguntó qué haría él. Revisar la Constitución y adaptarla a un nuevo marco político de acuerdo con lo que los catalanes han votado, respondió. Y como el líder popular se lamentó de que esto también se lo decían otros pero que nadie le concretaba método alguno y él prefería leer el Marca, a los días el entonces eurodiputado le libró su personal Carta Magna revisada y redactada de su puño y letra y de arriba abajo. Texto que pasó a dormir el sueño de los justos o a aumentar la ristra de documentos inútiles. O las dos cosas a la vez porque comparten el mismo destino. La nada.

Seguramente fue en aquel momento cuando de manera ampulosa el PP pasó a judicializar la política tal y como lamentamos hoy. Había precedentes, pero aún no marcaban tendencia. El parlamentarismo mantenía vías abiertas de diálogo a pesar de las discrepancias. Y la acritud podía ser orillada cuando acababan las sesiones públicas y al percibirse que el riesgo pasaba a mayores. Un esfuerzo que suponía abandonar sutilmente la vía Aznar, sin duda el Presidente que más hostilidad, animosidad e irritabilidad ha provocado de entre todos los que se han instalado en Moncloa. Y de aquella aversión estas tensiones.

Nada parece indicar que el partido central de la derecha española tenga intención alguna de abandonar este camino. Para perjuicio de la convivencia que sigue ampliando su discordia y para desesperación de García Margallo que sigue insistiendo en denunciar el error. Su voz clama en el desierto.

Pablo Casado anunció una querella contra Torra por usurpación de funciones. Se presentó este miércoles después del cruce de navajas protagonizado por los socios de Govern a partir de la pérdida del escaño del President a quienes los suyos quieren mártir utilizándole para atizar al del Parlament de quien destacan su poca valentía por no saltarse la ley. En medio, unos letrados sometidos al fragor de la batalla por hacer su trabajo con profesionalidad. Los extremos se tocan y ahí tenemos Junts per Catalunya y Ciudadanos tensando la cuerda, cada uno por un cabo. Con Esquerra Republicana poniendo a diario una vela a Dios y otra al diablo y los Populares intentando no perder su porción de protagonismo consiguiendo los favores judiciales amigos y mantener la causa enarbolada. Así se han comprometido a seguir ante su electorado con todo lo que les disguste de lo que apruebe la coalición de izquierdas gobernante. El papel político de los jueces está tan garantizado como el peso de sus decisiones en la política. Por lo menos hasta que la sensatez regrese al futuro.

Mientras, y frente a la rivalidad independentista, la contienda constitucionalista. Otra batalla por la hegemonía a la que Inés Arrimadas anda ahora proponiendo candidaturas conjuntas en las tres nacionalidades históricas a las que niega la mayor. ¡Ay, si Fraga levantara la cabeza! Porque es sabido el cambio de opinión acerca del concepto constitucional de nación que combatió como ponente en el 78 cuando accedió a la presidencia de la Xunta y los batallones de gaiteros celebraban el inicio de sus mandatos. Por herencia y mayoría, es lógico que Núñez Feijoo se niegue a coaligarse. Y especialmente con Ciudadanos que no tiene representación en el Parlamento de Santiago como tampoco en el de Gernika. Y que tampoco mandó representación a Madrid en las generales de noviembre ni desde el País Vasco ni desde Galicia donde perdió los dos diputados que logró en abril.

Catalunya es, en cambio, otro hecho diferencial. Ante la hecatombe que las encuestas auguran para quien ganó los comicios hace dos años pero que nunca supo ni quiso administrar tan simbólica victoria, qué mejor que disimularlo dándole la mano a quien no levanta cabeza. Una suma de perdedores puede matizar derrotas individuales e incluso mejorar expectativas y así mantener la imagen de martillo de herejes. Aunque esto quede lejos de las soluciones anheladas y nunca facilitadas con alternativas que no sean las de la judicialización.

“Tengo la impresión que en España el futuro es cierto pero el pasado es impredecible”. De nuevo y desde sus Memorias heterodoxas, García Margallo echándose al suelo cuando llegan los suyos. Y Vox en la colina.

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