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Tras las batallas electorales, las orgánicas

Los partidos valencianos empiezan a rodar sus engranajes de cara a los procesos congresuales que arrancan en 2020

Votación en el Consell Nacional del Bloc, este viernes.
Votación en el Consell Nacional del Bloc, este viernes. Europa Press

Asimilada la sobredosis electoral -cinco campañas en ocho meses- y posterior metabolización de los resultados, los partidos valencianos empiezan a rodar sus engranajes de cara a los procesos congresuales que afrontarán a partir del próximo año.

Los grandes cónclaves de las organizaciones políticas -no otra cosa es un congreso- debieran servir para resetear los principios programáticos y esbozar las grandes líneas estratégicas; todo ello dirigido a alcanzar los objetivos frente a futuras contiendas electorales.

La práctica nos ha enseñado que sí; que para las citas congresuales se elaboran y ponen a disposición de los congresistas paquetes de documentos, del mismo modo que se celebran intensos debates sobre cuestiones que el consenso político marca como los grandes asuntos a figurar en la agenda. Hoy, la emergencia climática y la lucha feminista en todas sus vertientes son los platos principales de cualquier menú político que se precie. Negacionistas, abstenerse.

Por encima de todo ello, sin embargo, las citas congresuales son puras expresiones de la lucha por el poder en el seno de los partidos. Luchas orgánicas. Juegos de tronos para los más versados en series televisivas.

Así, durante los meses previos a la convocatoria congresual, las diferentes familias o sensibilidades que conviven en cada partido -o malviven, según casos-, llevan a cabo movimientos tácticos para garantizarse el control de la organización mediante el acceso a los órganos de dirección de la misma. Esos órganos de dirección son los que luego decidirán asuntos nada baladíes como la composición de las listas electorales. Dicho en lenguaje prosaico: quién entra o sale de las candidaturas futuras.

En ello andan la práctica totalidad de partidos valencianos, aunque ralentizados por el parón político marcado desde Madrid. A la espera de que se resuelva la formación del Gobierno central y las organizaciones madre fijen sus posiciones en el tablero político nacional.

El PSPV-PSOE debería celebrar su XIV Congreso en 2021 -el anterior se celebró en julio de 2017- aunque muchos en sus filas apuestan por un adelanto del mismo. Dos incógnitas elevan la temperatura precongresual socialista. La primera, si su actual secretario general y Presidente del Consell, Ximo Puig, optará a la reelección. En 2017, ante el plenario del congreso, anunció su decisión de no aspirar nuevamente al liderazgo del partido. Sin embargo, parece que la firmeza mostrada entonces se tambalea ahora, y no está claro que Puig haya desestimado cubrir otro ciclo de cuatro años como líder de los socialistas valencianos. La segunda, cómo se posicionarán el actual número dos del PSOE y ministro en funciones, José Luis Ábalos, y sus huestes valencianas. La amenaza de presentar un candidato alternativo a Puig está ahí, latente, desde la clausura del anterior Congreso. La última noticia que nos llega es que Àbalos, en modo hombre de Estado e inmerso en las negociaciones para llevar a buen puerto la formación de un Gobierno presidido por su amigo Pedro Sánchez, no dispone de tiempo para atender otras batallas. Veremos.

Los populares valencianos respiraron el pasado 10-N cuando las urnas les otorgaron un crecimiento electoral de 4,5 puntos porcentuales en la Comunidad Valenciana, ratificándose como la segunda fuerza política autonómica y liderando el llamado bloque de centroderecha. Isabel Bonig, la presidenta del PPCV, exhibe como un triunfo personal que en las elecciones generales de noviembre el bloque de los partidos de izquierda retrocediese frente a la suma de votos de PP, Cs y Vox. Hoy la mayoría absoluta -dijo- la tendría el centroderecha” en la Comunidad Valenciana. El congreso regional del PPCV, según el calendario oficial, tocaría en 2021, tras el congreso nacional previsto para febrero de ese año. Esa es la hoja de ruta de Bonig, ajena a los compañeros de filas que se muestran partidarios de adelantar la convocatoria. También en el PPCV hay mar de fondo sobre los liderazgos. Elegida presidenta del partido en abril de 2017 con el 94%, el liderazgo de Isabel Bonig ha sido permanentemente cuestionado por sus opositores, algunos de ellos con hilo directo en la calle Génova -sede madrileña del PP nacional-. Pendientes de celebración desde hace dos años están los congresos provincial y de ciudad del PP de Valencia, en los que Bonig pondrá a prueba su resistencia. Dos sobresalientes figuras a tener en cuenta en el mapa del poder de los populares valencianos: María José Catalá y Fernando de Rosa. La primera tiene un magnífico escaparate como jefa de la oposición en el Ayuntamiento de Valencia; el segundo, senador, con buenas conexiones en Madrid, aspira a todo.

También bajan las aguas revueltas por la coalición Compromís y su fuerza más destacada, el Bloc. Respecto a la coalición, sus integrantes deberán decidir en los próximos meses qué quieren ser de mayores. Continuar bajo la misma fórmula o, como algunos de sus dirigentes defienden, llevar a cabo una reforma de sus estructuras para convertirse en un único partido en el que se diluyan todas las siglas. Ese debate está abierto en el Bloc desde hace mucho tiempo y es una de las claves que los nacionalistas deberán afrontar en el congreso que celebrarán en junio del próximo año. Junto con la reformulación de sus principios en pos de una ansiada transversalidad que incremente su bolsa de votantes, fallida en notables puntos de la Comunidad Valenciana. El liderazgo de Mónica Oltra en Compromís también hará correr mucha tinta.

El lío en Cs es de tal magnitud que, hasta la celebración de su congreso extraordinario nacional en marzo, poco se puede adelantar sobre lo que sucederá en su filial valenciana. Para ampliar información, ver artículo en estas mismas páginas del pasado domingo.

En Podemos no son ajenos a la fiebre congresual. Deberían haber celebrado su asamblea autonómica el pasado mes de octubre, convocatoria que frustró la repetición electoral del 10-N. Con su secretario general, Antonio Estañ, dimitido, y el partido en manos de una gestora, queda pendiente una nueva fecha para la asamblea. Dos mujeres, Naiara Davó y Pilar Lima, ambas diputadas, se han posicionado como aspirantes a sustituir a Estañ. Los más sensatos defienden una candidatura de consenso y unidad para evitar la imagen de división y familias enfrentadas que ha sido una constante en la historia de la formación morada.

Y Vox. Aupados tras el 10-N a la categoría de tercera fuerza autonómica, por delante de Cs, Unidas Podemos y Compromís, los valencianos de Vox se felicitan por contar en Madrid con su número uno por Valencia, Ignacio Gil Lázaro, en el puesto de vicepresidente cuarto del Congreso de los Diputados. Como destacó con gracejo Ximo Aguar en ValenciaPlaza, “El poder valenciano era…Ignacio Gil Lázaro”. Nada se sabe de las citas congresuales del partido liderado por Santiago Abascal. Ni falta que les hace, al parecer. Subidos a la cresta de la ola electoral, les sobran congresos y les basta mantenerse en su papel de derechita sin complejos. La armonía no preside las relaciones entre sus dirigentes valencianos y la falta de experiencia en las obligaciones institucionales se hace patente en las Cortes Valencianas y en el ayuntamiento del cap i casal.

Esbozado el calendario de la vida orgánica de los partidos valencianos, apasionante para los militantes y frikis de la política, convendría recordar a sus dirigentes que ya se empieza a hablar de las geografías del malestar -Joan Romero, dixit- como sinónimo de territorios donde se ha instalado la inseguridad y la incertidumbre, espacios donde los nuevos populismos de todo signo encuentran el terreno abonado para crecer. Evitar que la Comunidad Valenciana se integre en esa geografía debiera ser el objetivo de todos los debates congresuales.

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