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Sin voces de mujer en las batallas de rap

Solo 10 chicas, frente a medio millar de hombres, destacan en España en este género de competición musical y ninguna de ellas es catalana

Dieciséis hombres participaron en la final de este año de la Batalla de Gallos de Red Bull. Ninguna mujer se clasificó para el evento pese a ser una competición mixta, la más importante de los duelos freestyle, un género de rap que gana cada vez más adeptos. La final, el pasado 13 de julio en el estadio del Espanyol, reunió a 22.000 aficionados. La única mujer en el escenario era Mary Ruiz, la presentadora de la gala y conocedora como pocos del freestyle español desde sus inicios a principios de este siglo. De los tres mil inscritos este año en España en el concurso de Red Bull, solo seis eran mujeres, y ninguna de ellas procedía de Cataluña, según Ruiz.

La ausencia de mujeres en el freestyle es una constante que los expertos aseguran que está, poco a poco, corrigiéndose. En Cataluña, sin embargo, parece que no llega el cambio. Asier Fernández, director de Urban Roosters, empresa promotora del otro gran campeonato de freestyle de España, informa que de los 500 participantes que han puntuado en esta competición esta temporada, solo diez son mujeres. Y ninguna es de Cataluña. Los eventos y retransmisiones de Urban Roosters tienen una audiencia de más de 800.000 personas en España —y de cinco millones si se suma América Latina—-; de estos, un 5% son mujeres, según Urban Roosters. Para Fernández, la clave es que en Barcelona surja una freestyler que rompa moldes por su calidad y que “se convierta en viral”. Esto actúa como un imán y aumenta la participación de chicas en los torneos, según Fernández, como ha sucedido en las Islas Canarias con la estrella del momento, Sara Socas (21 años), en Madrid con la veterana Erika Dos Santos o en Alicante, la jovencísima NG (15 años). Ruiz, en cambio, señala que la progresión va más allá de que alguien tenga que romper el hielo: “Primero, el terreno de las batallas es eminentemente masculino; segundo, es un problema de educación, a nosotras nos cohíbe más el miedo al ridículo en el escenario”.

“Batalla de rap 2x2. Batalla mixta. Faltan mujeres”. Ester Angelats, dinamizadora de juventud del Ayuntamiento de Vilanova del Vallès, recuerda que tuvo que añadir a los carteles promocionales del segundo torneo de rap de ese municipio el aviso de que no había chicas registradas. La actividad, organizada a petición de jóvenes del pueblo, se celebró el pasado abril: finalmente participaron diez parejas, veinte jóvenes, pero ninguna voz femenina. Entre el público, un centenar de adolescentes, sí se contaban numerosas chicas.

Angelats dice que lleva meses trabajando con una chica para que supere el miedo y se presente a la próxima batalla. Opina que los impedimentos para que las mujeres den el salto en los encuentros de improvisación de rap se encuentran en la base, en la calle, que es donde se organizan la mayoría de duelos: “La cultura de la calle tiene un dominio masculino, y a ellas les cuesta más participar si están rodeadas solo por chicos. Una solución puede ser que primero ganen confianza en un ambiente más íntimo, y así se formen grupos de chicas”.

Ari Casado tiene 18 años y es de Castellar del Vallès. Asistió a la final de Red Bull y mientras hacía cola para entrar al estadio, explicaba a EL PAÍS su experiencia como freestyler en reuniones de barrio. “Yo practico con el skate y era un poco lo mismo, por ser mujer te miran más y es incómodo”, dice Casado. Míriam Calomarde es de Barcelona, tiene 24 años y llegó al freestyle por un amigo, Lucas Tornos. Calomarde también opina que el freestyle tiene una agresividad muy masculina: “No digo que las chicas no puedan ser agresivas, pero en estas peleas ellas se exponen a una agresividad que sigue roles de género”. Tornos cree que hay que incentivar “la integración de las chicas” en el mundo del freestyle y Angelats es partidaria de incluir en las peleas de rap normas que penalicen versos machistas.

Enrique Rico, un conocido freestylerque empezó en 2009 en Badalona organizando competiciones con amigos del barrio, cree que el déficit de mujeres solo se corregirá cuando se animen entre ellas: “Como no ven a otras mujeres, se cortan. Tiene que haber algo que rompa el hielo”.

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