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HORACIO MARTOS | COFUNDADOR DE SOCIAL POINT

“El videojuego en Cataluña está mejor que nunca, pero no es suficiente”

La compañía que factura el 27% de la industria de ocio digital se plantea ir más allá de los juegos para móvil

Horacio Martos en el congreso de videojuegos Gamelab.
Horacio Martos en el congreso de videojuegos Gamelab.

El reto es abrir un restaurante. Contratamos a un chef de prestigio y una asesora nos recomienda que vayamos añadiendo mesas para ganar “más oro”. El negocio incluye campos de cultivo, ahora que “está tan de moda la comida ecológica", explica el cofundador de Social Point, Horacio Martos (Barcelona, 33 años). Estamos ante el título más reciente de la empresa de videojuegos, Tasty Town. No sabemos cómo evolucionará el negocio de la partida, pero a Social Point las cosas le continúan yendo bien. Después de ser adquirida por 250 millones de dólares hace dos años por la norteamericana Take Two, Martos asegura que la compañía mantiene su independencia y su facturación en Barcelona: 101 millones de euros el año pasado.

“El videojuego en Cataluña está mejor que nunca, lo veo creciente, pero no es suficiente”, opina Martos. El ejecutivo es partidario de medidas de “todo tipo para acelerar el crecimiento del sector”, como incentivos fiscales para inversores y más diálogo entre la Administración y el sector privado para fomentar la industria cultural más nueva. Sobre el bloqueo político que impide aprobar nuevos presupuestos, Martos lamenta que el hecho de que “solo se hable de pocos temas lo frena todo y hace que no se traten otras cosas que realmente interesan a la sociedad”.

El libro blanco del videojuego en Cataluña, elaborado por la asociación de desarrolladores DEV, apunta que la mitad de empresas del sector tiene dificultades a la hora de encontrar los perfiles que buscan en el mercado, a pesar de que la oferta en grados y másteres es amplia. Martos explica que intentan “buscar siempre la máxima experiencia”. “En Cataluña la industria es joven. Nuestra empresa es madura y solo llevamos diez años”. Los 350 empleados de Social Point trabajan en el distrito 22@ de Barcelona y un 30% son extranjeros. “Quizás sí tendríamos que hablar más con las universidades y, a veces, contratar gente que no tenga necesariamente cinco años de experiencia”, opina Martos sobre la apuesta por el talento local.

Horacio Martos y Andrés Bou, el otro cofundador de Social Point, montaron la empresa en 2008, justo después de licenciarse. Los momentos más felices que han vivido desde entonces han coincidido con el lanzamiento de cada uno de sus juegos que, diseñados para teléfonos móviles Android e iOS, acumulan 500 millones de descargas en todo el mundo. Lo peor, explica Martos, ha sido “como en cualquier empresa, cuando tienes que echar a alguien”. En los últimos dos años repitieron una facturación de un centenar de millones anuales, un 27% de los 367 millones facturados por todo el sector en Cataluña en 2017, el último año del que se tienen datos globales, según el libro blanco. “Hay algunas empresas que hacen juegos en Barcelona, pero no los publican aquí y la facturación cae en algún otro país como Estados Unidos. Nosotros lo hacemos todo aquí”, afirma.

Del móvil al PC

“Continuamos siendo una startup en la manera de funcionar y tenemos la misma esencia, pero últimamente estamos intentando hacer juegos más ambiciosos”, dice Martos sobre su relación con Take Two, con quien cada año fija unos objetivos. Reconoce que formar parte de un gran grupo les proporciona tranquilidad y estabilidad. No se arrepiente de la venta. De hecho, él se plantea continuar en la compañía a largo plazo y, sobre los nuevos retos, habla de hacer juegos para PC: “Ahora es fácil tecnológicamente hablando pasar un juego de una plataforma a otra”. Otra pista sobre próximos movimientos: la posibilidad de un nuevo juego pensado a partir de imaginar cómo serán los deportes del futuro. El modelo de negocio continuará siendo de juegos gratuitos con la posibilidad de comprar complementos. En el caso de Tasty Town, contratar a chefs exclusivos o hacer crecer el restaurante a un ritmo más acelerado.

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