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Los planes para frenar la regresión de las playas caen en saco roto

El Área Metropolitana de Barcelona (AMB) y el Ministerio de Transición Ecológica exploran soluciones alternativas para frenar una erosión que devora tramos de costa.

Un par de bañistas en la playa de Monsolis, que apenas tiene arena. rn
Un par de bañistas en la playa de Monsolis, que apenas tiene arena. EL PAÍS

El Área Metropolitana de Barcelona (AMB) y el Ministerio de Transición Ecológica exploran soluciones alternativas para frenar una erosión que devora tramos de costa. Las medidas tomadas hasta ahora para frenar la erosión de las playas, no funcionan. No se hallan soluciones fiables para mitigar la afectación que tienen las tormentas y temporales en la línea de la costa y los apaños, como la aportación extra de arena, tienen una eficacia tan efímera que se ponen en cuestión los costes económicos y logísticos que suponen. En la zona de Barcelona se producen entre siete y ocho temporales al año y algunas de las playas han quedado reducidas a la nada. La AMB y el Ministerio colaboran para buscar remedios perdurables.

Las playas de Barcelona y su área vecina son el espacio público más visitado de la Unión Europea. Lo afirma un informe de la AMB, que calcula en 10 millones de usuarios la afluencia anual en el tramo de costa comprendido entre Montgat y Castelldefels. De media, cada bañista pasa tres horas en la playa y, según una encuesta de satisfacción, las playas metropolitanas merecen un 7,7 sobre 10. Notable. Las mejor valoradas, las playas de El Prat.

La AMB invierte cuatro millones de euros al año para mantener el litoral de los ocho municipios costeros (Montgat, Badalona, Sant Adrià, Barcelona, El Prat, Viladecans, Gavà y Castelldefels), pero la pérdida de arena en sus playas es continua. El problema afecta sobre todo a la zona norte de la capital catalana. “Montgat perdió un 70% de la playa entre 2014 y 2018”, certifica Daniel Palacios, responsable de playas de la AMB. El informe apunta que en Montgat se da una “fuerte regresión” playera, con la merma de toda la arena en zonas como los Toldos, Monsolís y Can Tano. El Ministerio hizo una aportación de 10.000 metros cúbicos de arena en junio de 2018, pero el mar se ha tragado la playa. No es un caso aislado. En Badalona, la playa de la Barca Maria encogió hasta 30 metros de anchura y más de dos metros de altura en un solo temporal.

La falta de arena es un fastidio para bañistas y negocios, pero también es un quebradero de cabeza a nivel de infraestructuras. En Montgat, como pasa en buena parte del corredor del Maresme, la playa ampara del oleaje la línea de tren de Rodalies. En Badalona, la falta de arena descalzó y rompió el colector de Levante, que da servicio a 250.000 personas.

En Sant Adrià el desgaste queda controlado en un 5%, “tal vez por la desembocadura del Besòs”, opina Daniel Palacios, pero en Barcelona la merma de las playas se sitúa entre el 25% y el 29%. “Y suerte de las obras de espigones que realizó el ministerio, sino se habría perdido casi toda la arena”, considera. La AMB ha anunciado que está impulsando un plan para estabilizar las playas y trabaja con el Ministerio para la Transición Ecológica un plan que contempla la construcción de barreras sumergidas “de bajo impacto ambiental”. Una de las soluciones prevé unos espigones blandos, geotubos textiles, que se colocan en el fondo marino para frenar la fuerza del oleaje. El oleaje incide directamente en el desgaste de la franja playera. Es una de las explicaciones de por qué las playas del sur de Barcelona resisten mejor que las del norte.

500 toneladas de residuos hacia las playas

Los temporales de lluvia registrados durante el año pasado arrastraron 500 toneladas de residuos a las playas de Barcelona y su área metropolitana. La AMB clasifica estos deshechos y logró separar 100 toneladas de restos vegetales, básicamente cañas, para compostaje. Las 400 toneladas restantes corresponden a basura irrecuperable. “Miles de latas, toallitas, plásticos y neumáticos”, detalla Daniel Palacios. El aporte de basuras a la playa se produce principalmente por riadas y, según la AMB, 2018 fue un año muy conflictivo.

En El Prat, Gavà, Viladecans y Castelldefels, la pérdida media está entre el 15% y el 20%. “Son playas más tendidas, no hay una pendiente tan pronunciada y las olas rompen más lejos”, detalla Palacios. Òscar Saladié, director de la Càtedra Dow de Desarrollo Sostenible en la Universidad Rovira i Virgili, indica que la dirección de las corrientes propicia un arrastre de “de nordeste a suroeste”. Detalla que la tendencia ordinaria en el Mediterráneo es que la arena se desplace hacia el sur, con lo que, en teoría, las playas pierden y ganan y se van regenerando por propio equilibrio natural. La construcción de infraestructuras en la línea de la costa “altera ese equilibrio”. La AMB acepta que la regresión estructural de las playas metropolitanas “hace necesaria una planificación a medio y largo plazo que dote a las administraciones de mecanismos que permitan abordar los problemas crónicos de erosión”.

Una de las medidas consiste en la creación de sistemas de dunas, con una inversión de 256.000 euros, que han servido para crear 105.000 metros cuadrados de médanos y para plantar 14.000 ejemplares de vegetación autóctona. Las dunas actúan como una barrera natural contra la fuerza de los temporales y el oleaje. Mientras, soluciones como la aportación extra de arena tienen efectos mínimos. “No podemos decir que sean medidas inútiles, pero hay factores que nos condicionan. Por ejemplo, el grano de la arena que se aporta debe ser igual al de la arena de playa, solo así se consigue que cuaje y que tenga mayor durabilidad”, dice Palacios.

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