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OPINIÓN i

¿Tendrá agua la piscina de Ximo Puig?

La batalla sobre el futuro liderazgo de los socialistas valencianos está abierta y, en ese contexto, Puig vino a insinuar hace unos días que aún no ha decidido si volverá presentarse

El presidente y secretario general de los socialistas valencianos, Ximo Puig, con el resto del Consell, en los Encuentros SER.
El presidente y secretario general de los socialistas valencianos, Ximo Puig, con el resto del Consell, en los Encuentros SER.

“Creo que hay agua en la piscina”. Con esta frase Pedro Sánchez anunció en enero de 2017 en Sevilla la disposición de volverse a presentar a la secretaría general del PSOE. Apenas cuatro meses antes, en octubre de 2016, se había producido su traumática dimisión como líder del socialismo español, al sentirse desautorizado y cuestionado -tras perder una importante votación- por el mismo partido cuya militancia le había elegido dos años antes. Resiliencia se le llama a eso. No se equivocó el dirigente socialista: en la alberca había agua. En mayo de 2017 resultó reelegido secretario general y hoy es presidente del Gobierno. En funciones, pero presidente.

Los sensibles sismógrafos internos del PSPV-PSOE -codificados para detectar hasta el más leve de los movimientos- se dispararon el pasado martes cuando su secretario general y presidente del Consell, Ximo Puig, respondió con ambigüedad al periodista Bernardo Guzmán cuando este le preguntó si entraba en sus planes volver a aspirar en un par de años al liderazgo de los socialistas valencianos. “La decisión aún no está tomada", dijo, "y la tomaré cuando corresponda, pensando en el interés general”. Parece la respuesta correcta en boca de quien, en estos momentos, lidera un gobierno a cuatro bandas -PSPV-PSOE, Compromís, Unidas Podemos y Esquerra Unida- que va a exigir para su estabilidad una estrategia más sutil que la de los aliados cuando preparaban el Desembarco de Normandía, ya que estamos de conmemoración del Día D. Como para andar preocupándose y ocupándose de futuribles. El presente es mucho más prosaico.

Pero hay asuntos que no pueden esperar. Ximo Puig cometió el ¿error, desliz, ingenuidad? de anunciar hace dos años en la cita congresual de Elx (Alicante) que no volvería a presentarse a la reelección como secretario general del PSPV-PSOE. Y los suyos -muchos no tan suyos- le tomaron la palabra. La batalla sobre el futuro liderazgo de los socialistas valencianos está abierta y, en ese contexto, Puig vino a insinuar que anda midiendo cuánta agua tiene la piscina. Tiempo resta para que la medición fluctúe al alza o a la baja, pero los que ya le han adjudicado la categoría de “pato cojo” -dirigente que afronta su último mandato según argot de la política norteamericana- también han aprendido la importancia de ser resilientes. Y persistentes.

Ahí esta el valenciano José Luis Ábalos, ministro de Fomento en funciones, mano derecha de Pedro Sánchez y secretario de Organización del PSOE. Los suyos -entiéndase el uso simplificado del posesivo- dan por seguro su regreso a tierras valencianas, en un tiempo prudente, para disputarse la secretaria general del PSPV-PSOE -en 2021-, y la candidatura a la Presidencia de la Generalitat en 2023.

Ignoro si entre las aficiones de Ábalos está la mesa de póker, pero se defiende como nadie en la práctica del all in: estrategia de juego que consiste en apostarlo todo cuando crees que puedes ganar. Ir a por todas. Lo demostró cuando cerró filas junto a Pedro Sánchez frente a la andaluza Susana Díaz, perdedora candidata oficialista por la que, sin embargo, sí apostó Ximo Puig. La ruleta socialista valenciana ya da vueltas.

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