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El Teatre Lliure se dinamita para reinventarse

La nueva temporada es una apuesta radical por nombres nuevos y prioriza la dimensión social del teatro

'Drei Schwestern', versión de 'Las tres hermanas' de Chéjov por Susanne Kennedy que se verá en el Lliure.
'Drei Schwestern', versión de 'Las tres hermanas' de Chéjov por Susanne Kennedy que se verá en el Lliure.

Los sans-culottes del teatro se adueñan del Lliure, que consuma la revolución iniciada al decapitar metafóricamente a Lluís Pasqual e instaurar un nuevo régimen dirigido por Juan Carlos Martel. La presentación este mediodía de la nueva temporada ha servido para ver hasta qué punto las declaraciones programáticas de Martel y su giro rupturista hacia un Lliure más social, abierto, participativo –incluso asambleario-, joven, paritario (136 mujeres y 133 hombres ensayando ya en el teatro) y de “sostenibilidad ética”, iba más allá de las proclamas. Y lo que ha presentado el nuevo director, en el cargo desde febrero, es realmente una bomba.

El Lliure se dinamita a sí mismo desde dentro para reinventarse, y a ver qué pasa. La temporada que ha presentado (en realidad media temporada, desde septiembre a enero de 2020, el resto se revelará más adelante), consta de 16 espectáculo, 7 propuestas artísticas, 4 proyectos de residencia, 1 workshop y “numerosas acciones”. Es una apuesta, la del primer semestre, por el teatro más radical sin apenas concesiones a la tradición del Lliure, a los grandes nombres, a los habituales de la casa y al establishment escénico catalán. Una apuesta por artistas fuera del mainstream que crean colectivamente y por llegar como sea al público joven. “Lo establecido ha de reconfigurarse” y “la cultura que sólo se conserva no es cultura en absoluto”, son dos de las afirmaciones que ha hecho Martel.

Más de un seguidor de toda la vida del Lliure o abonado dará un respingo al repasar un cartel compuesto casi exclusivamente (están también Pep Pla, Míriam Iscla, Alicia Gorina o Josep Maria Miró) por nombres poco o nada conocidos del espectador medio y con propuestas y estéticas de drástica contemporaneidad. Martel asume la radicalidad del cambio y ha afirmado ser “consciente del riesgo de huida de espectadores que puede sufrir la casa”, y asumirlo. En todo caso, para el segundo semestre se han avanzado los nombres de Julio Manrique y Carlota Subirós, para insuflar un poco de tranquilidad.

El reto va a ser mantener al público de siempre consiguiendo llegar a otro nuevo. Martel afirma que el Lliure se plantea ser “el teatro que la ciudad no tenía y necesita”. La programación, fruto de “una conciencia diversa”, viene acompañada de un énfasis en lo social y en valores más allá de lo puramente escénico. En ese sentido, el “comité de transparencia, paridad y diversidad” del teatro, aboga no solo por potenciar la diversidad de clase, racial, funcional y de género y sexualidad sino que lamenta que el Lliure no tenga “suficiente presencia de relatos de personas racializadas”.

Foto de familia de la nueva temporada del Lliure.
Foto de familia de la nueva temporada del Lliure.

Habrá revolución en los horarios, con nuevas funciones a las 11 de la mañana y a las 4 y a las 6 de la tarde y adelanto de las de noche a las 20 h. Y “viernes accesibles” para público con movilidad reducida. Se crean nuevas modalidades de entradas con precios asequible , grandes descuentos, packs y un carnet para menores de 30 años con tickets a 9 euros, de forma que “se acabó decir que el teatro es caro”.

Entre lo que se verá la nueva temporada, The story of the story, de Theater Arthemis, una compañía holandesa que trabaja intuyendo cómo piensa el espectador; Paisajes para no colorear, de Teatro la Re-Sentida de Chile, interpretada por chicas de entre 13 y 17 años que muestran su visión de la violencia a la que se han de enfrentar; Oblivion, de la belga Sarah Vanhee que lleva a escena los residuos que ha acumulado durante un año, o Drei Schwestern, de Susanne Kennedy, unas tres hermanas chejovianas (¿guiño irónico a Pasqual que hizo un montaje icónico de la pieza?) pasadas por el túrmix del eterno retorno de Nietzsche y protagonizadas por actores enmascarados y con sus voces pregrabadas. La programación incluye hasta un concurso de rap (las habituales “batallas de gallos” freestyle que se suelen hacer en espacios urbanos). Con decir que Falaise de Baró d’ Evel, Flam de Roger Bernat y Càsting Giulietta, que dirige el propio Martel, suenan a lo más clásico del cartel...

El Lliure da entrada a la compañía La Calórica, que nunca había pisado un teatro público, para que celebre sus diez años con la reposición de su primer montaje, Feísima enfermedad y muy triste muerte de la reina Isabel I. Asimismo entrega la gestión del Espai Lliure a otra compañía La Ruta 40 para que lo programe. El plan de residencias, que se sitúa bajo la advocación de Carlota Soldevila –un guiño al proletariado del viejo Lliure, a los que fueron indispensables pero no formaron parte del estrellato-, incluye la del colectivo Mos Maiorum como compañía residente y Carla Rovira como artista residente.

Cambio de estética también en el Lliure, que toma como icono la ligadura tipográfica “&”, en rojo, para destacar su compromiso copulativo de añadir nuevos elementos diferentes, acciones y compromisos. Preguntado Martel si no le parece que ese signo tiene un aire al polémico lazo amarillo, ha respondido que ni les había pasado por la cabeza, peroha añadido jesuíticamente que en todo caso “quien lo piense así no está mal tampoco”. La “&” sirve para definir secciones de la programación como Lliure &ciutat, &katharsis, &espai o &acciódirecta.

El director, enjuto como un Greco y con convicción de Savonarola teatral ha presentado la temporada en la sala principal de ensayos del Lliure de Montjuïc , con la programación escrita en los espejos. Ha considerado que la sala de ensayos es uno de los lugares más sagrados del teatro, donde pasan muchas cosas y donde se acostumbra escuchar a los demás. Ha ofrecido algunos datos del ejercicio 2018, con 128.272 espectadores, 85,75 % de ocupación y recaudación de 1,34 millones de euros. Pero ha matizado que le interesan más otros indicadores que son “los valores culturales”. Ha dicho que quiere establecer “tempos más humanos” en el Lliure y priorizar factores sociales. “Nuestra misión es escuchar y dialogar con el presente para construir un futuro mejor”, ha reflexionado.

Ha subrayado que el nuevo Lliure quiere entroncar con el de los inicios en el que los fundadores tenían una edad media de 25 años. Martel ha cedido la palabra a su adjunta a la dirección, Georgina Oliva, que ha recalcado el propósito de redefinir colectivamente qué es el teatro, con la idea de dejar de lado lo formal y lo elitista y retomar la cultura de calle. Martel ha revelado luego que han recibido 264 propuestas de proyectos cuando el último año de Pasqual llegaron solo 58. Una parte de la programación se sitúa bajo el lema de “acción directa” con la pretensión de ligar educación, sociedad y cultura. Con respecto a la paridad, Martel ha dicho que no solo es un autoexigencia fundamental y que ha de llevarse también a la platea sino que en el Lliure se impulsa ya “un pensamiento de conciencia diversa”.

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