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Melcior Comes gana un premio Crexells “reconducido”

La novela del escritor mallorquín 'Sobre la terra impura' ya ha obtenido el Serra d’Or, el Núvol y fue finalista del Òmnium a mejor novela del año

Melcior Comes, con la obra ganadora del premio Crexells.
Melcior Comes, con la obra ganadora del premio Crexells.

“Ya vivimos un momento histórico en Cataluña con suficientes incertezas como para que nosotros añadamos aún más”, aseguró ayer el presidente del Ateneu Barcelonés, Jordi Casassas, para zanjar las crisis que en las dos últimas ediciones ha vivido el premio Crexells de novela que concede la entidad. Reconocer una obra autopublicada (2016, con Crui, de Joan Buades) y un cambio de criterio del jurado para incorporar obras no elegidas por la votación popular previa (2017) generó tales tensiones que llevó en el último caso hasta a la suspensión de la convocatoria, por vez primera en la historia del galardón decano de las letras catalanas. Ahora, la XLVIII edición fallada ayer, que coincide con los 90 años de su primera convocatoria, ha ido a lo seguro en la medida en que, con jurado único de expertos, ha apostado por Sobre la terra impura (Proa), del mallorquín Melcior Comes, obra que en un 2018 de aceptable cosecha literaria ya ha ganado con ella el Serra d’Or y el Núvol y le dejó finalista del Òmnium a la Mejor Novela del año.

“Si en cada sitio se habla de lo que se ha de hablar, y aquí toca de literatura, es lo mejor que puede hacerse para el país; Cataluña ha salido fuera de cauce y es bueno volver a él”, insistía ayer Casassas, mientras Joan Maluquer, vicepresidente de la entidad, hablaba más en términos técnicos de “la reconducción” del premio tras comprobar que “hay experimentos que no hacen más que complicar las cosas”, en referencia a los diversos formatos que entre elección por parte de expertos y lectores populares ha condicionado el funcionamiento del galardón desde 2009. En ese sentido, la novela de Comes, la séptima vez que gana el Crexells una obra de un escritor de les Illes y sexto autor (Baltasar Porcel lo obtuvo en 1987 y en 2000) galardonado originario de ahí, parece una elección que no generará demasiada polémica.

“Los libros han de ser entretenidos, no puedes clavarle un latazo a la gente”, argumenta Comes (Sa Pobla, Mallorca, 1980) para defender ese punto de intriga y humor que rezuma la ambiciosa novela, donde, en 500 páginas, un escritor va descubriendo el turbio pasado falangista y las oscuras maniobras para mantener el poder de una familia mallorquina enriquecida con la industria del calzado. “Si analizas la mayoría de los premios Pulitzer, u obras que yo admiro como Pastoral americana, de Roth, o Middlesex, de Eugenides, hay siempre auges y caídas de familias industriales, y yo tenía esa ambición de contar también una historia económica”. Asegurando que “no es una novela en clave”, si admite que pueden existir ciertas concomitancias con industriales de la zona de Inca, como los de la famosa marca Camper.

“Sabía desde el principio cuántos capítulos tendría la novela y como empezaría y acabaría y cuándo la terminaría: hay que planificarlo así si quieres hacer una obra ambiciosa”, defiende Comes, que tiene más premios que novelas, ocho con el Crexells: el Ciutat d'Elx ya con su debut, L'aire i el món (2003); el Documenta por L’estupor que us espera (2004); el Ciutat de Palma-Llorenç Vilallonga por El llibre dels plaers immensos (2006), el Josep Pla por La batalla de Walter Stamm (2008), el Sant Joan por Hotel Indira (2014) y los dos que ya había cosechado Sobre la terra impura.

Quería asimismo Comes reconstruir también el periodo de la Transición, una telaraña sociopolítica que “comportó un terrorismo en los años 70 que también me interesaba, en especial el caso Bultó, como también los mecanismos de vinculación de unas élites al poder como sea”. Como Dickens decía, Comes asegura que con sus obras quiere “hacer reír, llorar, hacer esperar y, si puedo, hacer reflexionar”. Sobre el humor, admite el influjo de su admirado Porcel, que de algún modo le apoyó en sus inicios. “Hablo mucho con Porcel mentalmente; en realidad, me siento solo, no se puede pensar en términos generacionales: todo escritor está solo”, dice quien vive en Esplugues de Llobregat y utiliza en su obra un catalán estándar: “Si eres un escritor catalán has de utilizar un catalán estándar, el que todos conocen, no el mallorquín porque soy de ahí; eso sólo se nos pregunta los que somos de allá; yo no quiero hacer costumbrismo lingüístico”.

Amén de la necesidad de mitigar el ruido mediático o sociopolítico, la estabilidad del premio Crexells llega también en un momento clave en lo literario, en tanto que, desde hace dos años, precisamente cuando el inicio de sus turbulencias, le ha surgido un competidor en su papel de Goncourt catalán. Se trata del premio Òmnium a la mejor novela, que convoca la entidad cultural homónima, mejor dotado económicamente: 20.000 euros para el autor y 5.000 euros más para su editorial para que promocione la obra, frente a los 6.000 euros y una pieza artística de Alícia Viñas que ofrece ahora el galardón del Ateneu Barcelonès. Quizá por ello, el Crexells incorpora ahora también una campaña de difusión a partir de la edición de 30.000 puntos de libros de la obra ganadora y anuncios en radio para el verano.

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