El premio Crexells, suspendido tras la ‘huida’ de todos sus finalistas

El Ateneu Barcelonès abre un "proceso de reflexión", mientras su vicepresidenta, Gemma Calvet, dimite

Entrada principal del Ateneu Barcelonès.
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Sin finalistas, claro, no hay ganador; y sin ganador, no puede haber premio. A las 24 horas de que los escritores de la 47ª edición del Crexells decidieran retirarse después de que el jurado añadiera cuatro obras a las siete que habían sido elegidas por una votación popular, algo no previsto en las bases, el Ateneu Barcelonès, convocante del histórico galardón, acordó a media tarde “suspender esta convocatoria y abrir un proceso de reflexión que permita mantener el prestigio del decano de los premios literarios de nuestro país”. En cualquier caso, la crisis se ha cobrado ya su primera víctima: apenas dos horas antes, la abogada Gemma Calvet, vicepresidenta primera de la entidad, anunciaba por Twitter (canal por el que se ha desarrollado íntegramente la polémica), que había comunicado por la mañana su renuncia al cargo, una decisión tomada “por las discrepancias respecto de la gestión de la crisis del Crexells y de otras anteriores a la Junta de la que he formado parte”.

En una breve nota de 13 líneas se piden “disculpas a todas las personas afectadas en este proceso” y añaden que han recopilado todas las críticas y propuestas que se han expuesto en las redes sociales o por carta, asegurando que se tendrán en cuenta las aportaciones “para arreglar errores cometidos”.

“El problema fue la decisión del jurado, pero no se trata de un tema de culpa porque lo hizo con la mejor de las intenciones, si bien es evidente que a medio partido no puedes cambiar las normas de lo que es penalti; nosotros, como entidad convocante, debemos excusarnos”, aseguró ayer a este diario el presidente del Ateneu, Jordi Casassas. Sin embargo, la nota que ya el martes lanzó la institución hacía hincapié en que “la decisión ha sido del jurado” y que se había respetado entendiendo que “ampliar los finalistas no contravenía las bases sino que resolvía la baja participación”. Como viene siendo habitual desde que se instauró la votación popular (a partir de los socios de la entidad y de los clubs de lectura de Bibliotecas de Barcelona), ésta suele ser muy baja: la de este año fue de 174 entre socios y clubs de lectura, de una entidad de 4.019 afiliados. Esa participación fue calificada de “muy insuficiente”, lo que a tenor del jurado habría provocado que “se hayan excluido obras muy buenas”.

Esa combinación entre la votación pública y la necesidad de mantener el listón de rigor que ha llegado a caracterizar el que se ha apodado como el Goncourt catalán “es la dificultad que ha provocado la crisis, pero en la reflexión que deberemos hacer no podemos renunciar a esta aportación popular”, cree Casassas.

Sobre la dimisión de Calvet, aseguró que “es una decisión que la honra”, si bien admitió que también han influido “temas de funcionamiento interno de otros ámbitos”. Tampoco descartó que en la ebullición pública de la polémica, a tenor de algunos de sus participantes, aún hayan ecos de la dura batalla electoral por la presidencia del Ateneu de marzo del año pasado: “Eso habría que preguntárselo a la gente de incontinencia tuitera”, zanja Casassas, que prefiere guardar silencio hasta que “mañana hable con la gente del jurado”.

La intención del jurado parece la misma: la de mantener cierto silencio, si bien uno de sus miembros, que prefirió el anonimato, aseguró ayer a este diario: “A diferencia de lo que ha sucedido hasta ahora, nosotros no tomaremos una decisión en caliente; no vamos a seguir encendiendo la Red; intentaremos consensuar una respuesta y justificar nuestra decisión”.

La polémica surgió la noche del lunes, cuando la escritora Tina Vallès anunció por Twitter que renunciaba a ser finalista del Crexells después de que el jurado, compuesto por Valèria Gaillard, Lluïsa Julià, Miquel de Palol, Xavier Pla, Enric Sòria, Carme Riera y Rafael Argullol (si bien estos dos últimos excusaron su presencia en dicha reunión), decidiera añadir cuatro obras a las siete que previamente habían elegido los socios del Ateneu y los clubs de lectura de las Bibliotecas de Barcelona y que eran a partir de las que, según la bases del premio, el jurado debía de escoger al ganador. La retirada de Vallès provocó un efecto dominó en todos los finalistas, ya fueran los elegidos popularmente como los propuestos por el propio jurado.

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