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Philip Glass, en la ‘playa’ del Palau de la Música

El creador de la ópera ‘Einstein on the beach’ toca hoy en Barcelona

Philip Glass, ayer en el Palau de la Música.
Philip Glass, ayer en el Palau de la Música.

Nada menos que 14 conciertos ha decidido el Palau de la Música Catalana destinar de su programación de este año a Philip Glass, autor de 12 sinfonías y 20 óperas. Quedan tres. El primero, este martes 21, contará con la presencia del compositor, que interpretará dos de sus obras pianísticas. El lunes se presentará una versión concertística de su ópera Einstein on the Beachy el 29 de mayo la formación BCN 216 cerrará la programación.

Philip Glass (Baltimore, EE UU, 1937), recién aterrizado a Barcelona, se ha mostrado afable e irónico, como cuando explica, algo desconcertado, que no conocía la versión de Einstein on the Beach con Suzanne Vega como narradora que se ofrecerá el lunes. “No sé muy bien que será. Suzanne Vega siempre dice sí a todo lo que proponen”. La ópera Einstein on the Beach se estrenó en el festival de Aviñón en 1976 y 16 años después pasó por el Liceo: rompió todos los moldes. “Fue más el final de un periodo y no creo que cambiara el panorama musical; no habla del futuro, habla del pasado. Cuando la preparábamos con Robert Wilson no pensábamos en cómo se recibiría”, afirmó ayer. “Es una composición con casi medio siglo, pero cuando ahora la escucho me doy cuenta de que la energía sigue ahí como si hubiera sido escrita hace pocos días”.

El concierto de este martes se abrirá con un fragmento de otra de sus obras más famosas, Koyaanisqatsi para coro y piano, en el que colaborará el Orfeó Català. “Es la primera parte de una trilogía de 1986 de la que se hicieron tres filmes. Habla de cómo la humanidad se ha ido separando de lo orgánico, sobre todo en la ciudad. Los textos se combinan con imágenes”. Cuando se estrenó impactó tanto por ellas como por el poderío hipnótico de los pasajes corales. “Fue de las primeras piezas para coro que hice. Cuando estudié en el Conservatorio los compositores tenían que cantar como parte de su formación me gustaba. Pero gracias a eso pude escribir obras corales”.

Sobre el concierto, que comparte con los también pianistas Anton Bagatov y Maki Namekawa, Glass opina que es “una buena fotografía del progreso de mi música desde 1978 hasta una pieza compuesta el pasado año. El piano es el instrumento que más he utilizado en mi vida: empecé a tocarlo a los siete años”.

Ahora, con 82, Glass no baja la guardia. “Escribo más música que nunca. más lentamente pero escribo más. Me he separado bastante de las instituciones oficiales, hemos llegado a un punto de ignorancia mutua que nos va bien a todos. En este momento la inspiración me viene más del mundo de la pintura que del de la música. A menudo trabajo con talleres de pintores. Trabajo muy bien con ellos porque no tienen miedo de que les robe las ideas y se sienten muy cómodos. Me gusta su disciplina y su gusto por la forma. Mezclar disciplinas es muy interesante. Me viene de la época en que trabajaba con Ravi Shankar. En nuestro entorno teníamos músicos de todo el mundo, gente formada de forma tradicional y otros que tenían formas de tocar únicas. Y pasaban cosas extraordinarias. A menudo se habla de la música como de un lenguaje internacional, pero es mucho más que eso, es un lenguaje que permite la creatividadMe he separado de las instituciones oficiales: hemos llegado a una ignorancia mutua que nos va bien a todos”.

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