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CRÍTICA i

La peligrosa banalización de Bizet en el Liceo

Fracasa el montaje de Lotte de Beer que convierte ‘Los pescadores de perlas’ del músico francés en un ‘reality show’

Un momento del montaje de la ópera de Bizet 'Los pescadores de perlas', en el Liceo.
Un momento del montaje de la ópera de Bizet 'Los pescadores de perlas', en el Liceo.

En la ópera no basta con entrener, hay que emocionar contando con la fuerza del canto como principal aliado. Y esa emoción se le escapa de las manos a la joven directora de escena holandesa Lotte de Beer al convertir Los pescadores de perlas, de Georges Bizet, en un reality show tan entretenido como peligrosamente banal. Entre guiños televisivos, frivoliza tanto la ópera que se evapora el encanto lírico y el aliento romántico del primer triunfo del autor de Carmen. Parte del público del Liceo lo abucheó a gusto en una velada vocal y musicalmente decepcionante.

Siempre se había cantado este título en italiano en el Liceo y así lo hizo el grandísimo Alfredo Kraus, último intérprete de Nadir en unas funciones que se remontan a diciembre de 1964. Más de medio siglo después, se ofrece por primera vez en francés esta ópera de opulenta orquestación y exótica ambientación, cuya acción transcurre en un pueblo de pescadores en la isla de Ceilán (actual Sri Lanka).

Los pescadores de perlas

De Georges Bizet
Ekaterina Bakanova, John Osborn, Michael Adams y Fernando Radó
Coro y Orqusta del Gran Teatro del Liceo
Dirección escénica. Lotte de Beer
Dirección musical: Yves Abel
Liceo de Barcelona, 13 de mayo de 2019

El libreto cuenta una historia de amistades traicionadas y amores prohibidos con reminiscencias de Norma y La vestale: la sacerdotisa Léïla y dos amigos que en su juventud estuvieron enamorados de ella, el pescador Nadir y el jefe del poblado Zurga, forman el triángulo amoroso que en este rompedor montaje son concursantes de un programa televisivo del tipo Supervivientes. El gran sacerdote del templo Nourabad es el presentador del show y el coro da vida al público que sigue su emisión en directo desde sus casas.

Hay soluciones escénicas ingeniosas —los concursantes confiesan sus emociones en directo ante la cámara— y divertidas en un espectáculo bien realizado, quizá útil para atraer nuevos públicos a la ópera con el uso de códigos de lectura más populares, pero tanta banalidad y confusión argumental causan estragos en el valor musical de una partitura con arias y dúo de gran belleza, estrenada en París en 1863.

Voces en unas casillas

El director canadiense Yves Abel conoce bien el estilo de la ópera francesa y mantiene un buen pulso narrativo en el foso, quizá demasiado contundente en las escenas de conjunto. Naufraga el coro en esta producción del Theater an der Wien por su mala ubicación, lejano y disperso en casillas compartimentadas —la escenografía muestra varias familias viendo el show en sus casas— que dificultan la cohesión y conjunción de las voces.

Decepción también en el reparto, con voces cortas de volumen. Destaca, por su encanto y ágil coloratura, la soprano rusa Ekaterina Bakanova, pero la voz del tenor estadounidense John Osborn, que fue un magnífico Benvenuto Cellini en el Liceo en 2015, suena apagada, con un uso del falsete no siempre feliz. Una lástima, porque la elegancia en el fraseo y la riqueza de matices siguen cautivando.

Muy insuficiente en lo vocal el Zurga del barítono estadounidense Michael Adams —tiene a favor un físico de galán, pero falta proyección en la voz y un fraseo más cuidado— y correcta actuación del bajo-barítono argentino Fernando Radó en el papel de Nourabad, que en este montaje compensa el menor protagonismo vocal del personaje con una presencia escénica constante como presentador del programa.

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