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El PP, frente al abismo

La formación de Díaz Ayuso abre la campaña con el riesgo de perder el poder por primera vez desde 1995 | El PSOE ganaría el 26-M, según el CIS | Cs no lograría el sorpasso

Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida, en el mitin de apertura de campaña celebrado ayer en el Templo de Debod. En vídeo, Casado abre la campaña del PP en Madrid, este jueves.

El PP se encuentra al filo del abismo. Tras gobernar la Comunidad ininterrumpidamente desde 1995, la formación se arriesga a perder el poder en la región que convirtió en su santo y seña para toda España. Así lo advirtió ayer el CIS, que predijo la victoria del PSOE en los comicios del 26 de mayo, y la formación de un gobierno de izquierdas apoyado en los escaños de Podemos y Más Madrid. Así lo avisaron las elecciones generales, que coronaron al partido de Pedro Sánchez como el más votado de la región por primera vez desde 1986. Y así los analizan los estrategas de todas las formaciones, que se preparan para una campaña a cara de perro. Desde hoy, Isabel Díaz Ayuso, la candidata popular, afronta la quincena decisiva rodeada por tres fantasmas: perder la Comunidad, ceder el dominio de la derecha a Ciudadanos y firmar el peor resultado de la historia del PP.

“Pero afronto las elecciones con la seguridad de que somos el partido que mejor conoce la Comunidad y que tiene más estructura”, contrapone Díaz Ayuso, que llegó hasta la candidatura tras imponerse a Ángel Garrido —hoy en Ciudadanos— en la pelea por ocupar el lugar que dejó vacío la dimitida Cristina Cifuentes. “Mis expectativas de responsabilidad son ahora aún mayores porque veo que soy el único candidato y el único proyecto que puede defender a los madrileños de subidas de impuestos y de la gestión del PSOE, que siempre ha sido nefasta para Madrid: ellos se negaron a Metrosur, a los nuevos hospitales, a la libertad de horarios comerciales, reniegan de la educación concertada y de la especial...”

Antes, Esperanza Aguirre mete el dedo en la llaga y echa sal en la herida en un momento clave. Ocurre en la recepción del Dos de Mayo, día de la Comunidad. Han pasado tres días desde el batacazo del PP en las elecciones generales. Y justo cuando va a entonar su discurso Pedro Rollán, el tercer presidente regional del PP en cuatro años, la antigua líder lanza un dardo que recuerda los tiempos en los que mandaba con puño de hierro en guante de seda.

“Los votantes estaban en el PP”, dice, enfatizando que eso es cosa del pasado. “Eso, en 2007, representó el 53% de los votos que recibió la lista que yo encabezaba. Esa es exactamente la misma cifra que Ciudadanos, Vox y el PP han tenido en las generales”, recalcó. “Esto de la vuelta al centro... ¡Siempre estuvimos en el centro! ¿O es que aquel 53% de los votos no era de centro? Claro que lo era”, remató tras solazarse en el punto álgido de los resultados electorales regionales del PP, que desde entonces han retrocedido paulatinamente hasta el 51,7% de 2011, el 33,08% de 2015 y el 22,9% que prevé el CIS para 2019, lo que solo le serviría para evitar el sorpasso de Ciudadanos (16,4%).

¿Qué ha ocurrido? ¿Hay factores específicamente madrileños para una crisis que también tiene carácter nacional? ¿Cómo explicar la crisis de un partido que hizo de Madrid el corazón de su organización, y que aquí acumuló una mayoría absoluta tras otra?

La izquierda pide prudencia ante el CIS

Pepu Hernández (PSOE): “Es una encuesta, pero demuestra que la izquierda está en condiciones de parar los pies al trío de Colón”.

Isabel Serra (Unidas Podemos IU Madrid en Pie): “Hay que ser cautelosos, pero parece que estamos ante la oportunidad histórica de echar al Partido Popular”.

Íñigo Errejón (Más Madrid): "Podríamos conformar un gobierno progresista y decente al frente de la Comunidad”.

Ángel Gabilondo (PSOE): “Hay mucho que hacer, hay mucho que trabajar”.

“Por encima de cualquier otro factor —el desgaste del poder, la corrupción o el perfil o capacidad de liderazgo de los candidatos— el PP perdió las elecciones generales en Madrid por la misma razón que en España: la división de la derecha le hizo emprender una estrategia equivocada”, analiza Ángel Valencia, catedrático de ciencia política de la Universidad de Málaga. “La radicalización conservadora del discurso del PP que exhibió Pablo Casado, así como su tono crítico, a veces, rayando la agresividad, en mi opinión, le perjudicó seriamente”, sigue. “El 28-A ha supuesto el fin del liderazgo del PP como partido que vertebraba y unía el voto de la derecha en España”, dice. “La labor del PP ahora es encontrar de nuevo su espacio”.

“No acaban de encontrarse en su propia identidad”, coincide Begoña Villacís, candidata a la alcaldía de la capital por Ciudadanos, el partido que aspira a sustituir al PP como referente de la derecha. “No saben si quieren acercarse a los extremos, o acercarse al centro”, abunda. “Te quedas con la sensación de que es un partido desorientado. Lo van a tener muy complicado porque tienen una crisis de identidad y no están encontrando tampoco las maneras para regenerarse”.

Las dudas sobre el futuro hicieron que Casado apostara en Madrid por dos candidatos capaces de neutralizar a Vox con su verbo acerado. La apuesta ha tenido, por ahora, resultados opuestos. Cuando las generales mostraron que Ciudadanos había superado al PP en la Comunidad, pero no en el Ayuntamiento, un runrún empezó a cobrar cuerpo en el entorno de algunos cargos populares. La formación, aventuraron, corre el peligro de que se divida su voto en función de los candidatos, como le ocurrió al PSOE en 2015. Entonces, Ángel Gabilondo cosechó 170.000 votos más en la capital que Antonio Miguel Carmona. Y en mayo, temen fuentes populares, los electores pueden apostar más por José Luis Martínez Almeida, aspirante a la alcaldía, que por Díaz Ayuso.

“Frente a lo que sucedió en la Comunidad, en la ciudad de Madrid no hubo sorpasso de Ciudadanos, por lo que creo que vamos a poder resistir”, dice Almeida. “A nosotros nos han comido por nuestra izquierda y por nuestra derecha”, diagnostica. “El bocado de Ciudadanos ha sido notable, pero la aparición de Vox es lo que nos ha roto los esquemas definitivamente. No nos suponíamos que pudieran aparecer con tanta fuerza como han aparecido. La verdad es esa”.

Desde 2015, todo han sido sorpresas, terremotos y crisis para el PP. La salida de Aguirre, portavoz municipal, en 2017. El ingreso en prisión de Ignacio González, expresidente regional, en abril de ese año. La dimisión de Cristina Cifuentes en 2018. La moción de censura que desbancó a Mariano Rajoy del poder, a los dos meses. O el paso de Ángel Garrido, expresidente regional, a Ciudadanos, en 2019.

El Dos de Mayo

De sacudida en sacudida, algunos de los políticos llamados a liderar el partido vivieron meses clave más preocupados de su supervivencia —traducida en su puesto en las listas— que de la ejecución del proyecto popular. El Ejecutivo regional tampoco pudo abstraerse de las cuitas internas: durante largos meses, Garrido protagonizó un pulso encarnizado con Díaz Ayuso para encabezar la candidatura autonómica.“No ha habido un proyecto”, critica Íñigo Errejón, el candidato de Más Madrid a la presidencia de la Comunidad. “El último Dos de Mayo hubiera sido un día para que alguien presentara el proyecto para el siguiente año, para la siguiente legislatura”, ejemplifica. “Y fue un 2 de mayo en el que nada de eso existió, en el que todo el morbo residió en si se presentaría Esperanza Aguirre o no, tras salir en los papeles de la Guardia Civil; en que Cristina Cifuentes no podía estar por los papeles del máster; o en que Ignacio González acababa de salir de prisión”, enumera. “Por desgracia, hace mucho tiempo que los españoles oyen hablar de la Comunidad por la Púnica, por la Gürtel, por un máster falso, por el sainete del PP de Madrid”.

Noche electoral de mayo de 2015. El PP solo respira cuando el recuento supera el 90% de los votos. Ciudadanos acaba de sumar el escaño decisivo para que siga en el poder. Cuatro años después, Cifuentes ya no está. Dimitió. Ignacio Aguado, de Ciudadanos, aspira a liderar la derecha. Y el PP está sumido en la crisis más grave de su historia. El santuario de Madrid está en peligro.

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