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“Si se quiere, desde Madrid también se puede ver el mar”

Es ingeniera de Montes, trabaja en la Universidad, dirige un proyecto de ecoturismo para proteger a las tortugas del Pacífico mexicano, y vende pan artesano en Lavapiés

Clara Cordón, profesora de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Montes, en Madrid.
Clara Cordón, profesora de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Montes, en Madrid.

Desde que de pequeña iba a veranear al mar, la madrileña Clara Cordón (34 años) sintió tal fascinación por esa descomunal masa de agua salada que decidió dedicar su vida a desvelar parte de los misterios ahí encerrados. Quiso estudiar Ciencias del Mar, pero se quedó en Madrid para hacerse Ingeniera de Montes y estar “lo más en contacto con la naturaleza” que encontró para estudiar. Su proyecto de fin de carrera sobre la protección del desove de las tortugas marinas del Pacífico mexicano la ha llevado a desarrollar Kowabunga, un proyecto de turismo ecológico y sostenible que cada verano lleva a los manglares de Oaxaca (México) a un grupo de urbanitas para pasar sus vacaciones de una manera diferente.

¿Qué le fascina del mar?

Es un misterio. Desde siempre me ha obsesionado. Soy urbanita y me encanta Madrid pero que mi vida tenía que estar ligada al mar es lo que sentí desde la primera vez que lo vi. Necesito ir a verlo cada poco tiempo. Siempre que veía el mar en una foto, una película o en la literatura me daba mucha calma. Me encantan los faros, los acantilados…

¿Pero cómo llegó a las tortugas marinas?

Quise hacer voluntariado en Latinoamérica, siendo estudiante. Cuando tuve que hacer el proyecto fin de carrera, un profesor me ayudó a descubrir ese mundo de las tortugas. Como también habíamos estudiado gestión ambiental, uní ambas cosas y presenté Kowabunga como trabajo final.

¿Qué es el ecoturismo? ¿No es una contradicción turismo y sostenibilidad?

Es una rama del turismo que busca la interacción con las comunidades locales. Puede parecer una contradicción porque el ecoturismo va en contra del turismo de masas, pero el ecoturismo sí es posible, aunque no todo el mundo lo hace bien. Lo más importante es implicar a las gentes del lugar en las actividades para actuar entre unos y otros de una manera ambientalmente responsable.

¿Se puede soñar el mar desde Madrid?

Se sueña todos los días. Y lo veo muchas veces y de dos formas. Hay veces que en el skyline puedes meter el mar, y otras que lo ves casi de verdad. Puedes subirte al faro de Moncloa y sentirte de verdad en un faro marino, pero yo me voy muchas veces al atardecer al templo de Debod y allí lo veo realmente en el horizonte.

¿Cómo reacciona un urbanita madrileño cuando se lo lleva a las playas mexicanas?

De manera muy abierta y muy humana. Son grupos con ganas de empaparse de una experiencia diferente. Tienen ganas de salirse de ese asfalto y toman conciencia de la importancia de proteger a una especie en extinción, a la vez que fomentan el desarrollo socioeconómico de comunidades muy empobrecidas.

¿Por qué es más caro el ecoturismo que el turismo convencional?

Para que exista el ecoturismo, es vital pagar dignamente a las personas que lo hacen posible en cada comunidad. Y eso no se entiende bien. Hay que pagar bien a los guías que te van a guiar en tu experiencia. Ese tipo de cosas lo hace más más caro. El ecoturismo es una alternativa también para la gente del lugar. Muchos de ellos han dejado de traficar ilegalmente con los huevos de tortuga para convertirse en sus protectores. No es fácil hacerles cambiar de hábito. Y claro, a México se puede viajar por mucho menos precio gracias a las grande operadoras de viaje. Pero eso no es sostenible, el turista convencional es contaminador en sí mismo, y la huella ecológica que deja es muy grande. El ecoturismo debería ser la forma de viajar en el futuro pero sin convertirse en masivo. Y hay que tender a buscar el menor impacto.

¿Qué pasa si se acaban las tortugas?

Pasarían cosas nada buenas. Las tortugas son centinelas de los mares, estabilizadores de la cadena trófica que se alimentan de medusas y otras especies, y si rompes un eslabón de esa cadena, todo se rompe.

Además de Kowabunga, trabaja en la Universidad y también despacha pan en una panadería artesana de Lavapiés.

Sí, es el signo de los tiempos para sacar un sueldo final decente. En la Universidad trabajo cuatro días a la semana en proyectos educativos con la Comunidad Europea para formación de estudiantes y formación de formadores. El resto despacho en Panifiesto, una panadería agroecológica que montó un amigo mío que me contagió su entusiasmo por el buen pan.

 

Una agencia que no busca hacer negocio

Su propuesta de turismo sostenible es rentable porque se financia con lo que paga cada persona por el viaje, “pero nada más”, según Clara Cordón”. “Aquí no hay negocio. Y hay que seguir trabajando para que sea más rentable y tener más recursos para la protección de las tortugas” del Golfo de México.

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