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‘Capitana’ Pàmies

El 'Any Teresa Pàmies' arranca como una oportunidad para ordenar y revalorar el legado de la comprometida autora de ‘Testament a Praga’ y ‘Va ploure tot el día’

La escritora Teresa Pàmies, en una imagen de 2005.
La escritora Teresa Pàmies, en una imagen de 2005.

Si algo enmarcó la producción literaria de Teresa Pàmies fue, calidad aparte, que podía leerse como una crónica de su tiempo en los convulsos años previos a la Guerra Civil y los aún más tristes del exilio y sus miserias, todo siempre sujetado con un transparente pero insobornable y contundente hilo crítico, especialmente con los suyos y, más de una vez, consigo misma. Si ese espíritu pudiera impregnar el hoy ya sólo por ello habrá tenido exitosa razón de ser el Any Teresa Pàmies, que, a los siete años exactos de su muerte, ha presentado la Institució de les Lletres Catalanes (ILC), a rebufo del centenario del nacimiento de la autora de Testament a Praga o Quan érem capitans.

“Es una declaración de intenciones”, define el director del ILC, Joan-Elies Adell, un programa de actividades que, habitual últimamente en estos actos promovidos por la Generalitat, ni está cerrado ni presenta presupuesto específico, si bien “tendrá dinero para lo que se ha de hacer”. Entre las decenas de eventos clásicos previstos, donde abundan adaptaciones teatrales de una autora que nunca escribió una pieza dramática que se sepa y se apunta una exposición itinerante a base de seis paneles, sobresale un acto institucional central desde un espectáculo a partir de Testament a Praga, con Emma Vilarasau i Jordi Bosch (sin fecha ni lugar aún). También está prevista una biografía a cargo de Montserrat Bacardí, la recuperación de títulos hoy inencontrables como Gent del meu exili, Memòria dels morts o Amor clandestí (Testament a Praga y Va ploure tot el dia gozan de vida activa en las librerías) y el simposio Teresa Pàmies. Política, memòria i literatura, previsto para octubre.

“Era muy querida a nivel popular, pero siempre tuvo la impresión de que la Academia la miraba de reojo y eso le pesaba; ahora habrá una visión científica de su obra de la que hasta ahora no ha gozado”, se felicita el escritor Sergi Pàmies, en nombre de todos los hijos (Antonio, Tomàs y Pau) y de los nietos de una “sagrada tribu” que aprovechará el centenario, admite, para ordenar el legado de su madre. “Permitirá desenterrar cajas con papeles y cintas de radio y de tele que no tocábamos; se han tirado y perdido cosas y habrá otras que saldrán… por no saber, no sabemos ni cuántos libros ha escrito mi madre”, admitió Sergi Pàmies. Por el momento, son 47, nueve de ellos en castellano, según se ha contabilizado ahora. “Es una autora que necesita ser revisitada y mirada desde hoy”, coinciden Adell y la escritora, periodista y filósofa Montse Barderi, comisaria del Any Teresa Pàmies, que piensa que las tesis que sustentan su obra (descubrimiento del pasado reciente, poner límites al poder económico y político, mantener la dignidad o reivindicar el esfuerzo individual sobre los desastres colectivos) son plenamente vigentes.

El caso de Teresa Pàmies (Balaguer, 1919-Granada, 2012) tiene, de por sí, una novela. Hija de un dirigente marxista de Balaguer, con 10 años lectora de versitos panfletarios encaramada a la mesa del bar del pueblo o vendiendo la revista La batalla del Bloc Obrer i Camperol, con 16 años ya participa en el mítico mitin que Lluis Companys y Federica Montseny encabezan en la Monumental de Barcelona. Lo hizo en representación de la Aliança Nacional de la Dona Jove, encuadrada en las Joventuts Socialistes Unificades de Catalunya, donde también dirigirá el semanario Juliol. La mitología de la tribu recoge que estuvo instigando una de las últimas barricadas, en la plaza de la Bonanova, con las que frenar la entrada de las tropas franquistas en Barcelona el mismísimo 26 de enero de 1939.

“Ella nos hablaba del resplandor del sol de aquella mañana en las bayonetas de los fascistas, pero bueno… en cualquier caso, ahí está”, admite Sergi Pàmies, que recordó que su madre, tras un larguísimo exilio con etapas en Francia, República Dominicana, Cuba, México (donde estudió periodismo), Yugoslavia (Belgrado), Checoslovaquia (Praga) y finalmente París, llegó a la literatura con 51 años, con Testament a Praga. “Todo lo anterior que había escrito era vocación corporativa, fruto del exilio, el comunismo…, textos que mayormente firmaba con el pseudónimo Núria Pla”. Todo cambió en 1970, cuando decidió enviar al premio Josep Pla las memorias de su padre Tomàs, que ella no sólo había pasado a máquina sino a las que les fue intercalando sus opiniones y miradas, hasta cuestionar las opciones vitales de su progenitor o chocar frontalmente ante la invasión soviética de Checoslovaquia.

Comunista con historial, casada con el dirigente del PSUC Gregorio López Raimundo, tuvo que pedir un visado para poder acudir a recoger el premio. “El dinero se gastó todo en la mudanza de ella y tres de sus hijos, en una decisión contra todo y contra todos, incluido el partido comunista; se justificó diciendo: ‘veo más vitalidad en la Barcelona de Franco que en el París de los exiliados”.

A partir de ahí, se libera de la carga de los encargos; “se volvió un ser creativo”, dice su hijo. Nacerá así una prolífera obra tan bella como crítica y comprometida, que acabará siendo reconocida con la Creu de Sant Jordi (1984) o el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes (2001). “Llegó tarde a la literatura, pero con la ventaja de un poso vital inusual, un compromiso político, moral y ético cargado de catalanismo, comunismo, socialismo, izquierdismo, feminismo con el que se llenaban las charlas a la hora de comer y que nos hacía murmurar a los hijos: ‘¡Ya está bien!'… Era más idealista y altruista que nosotros los jóvenes y eso nos chocaba; en cualquier caso son temas y cosas que no son muy habituales hoy”, constata Sergi Pàmies.

El escritor también recuerda la participación de su madre en una de las primeras jornadas sobre la mujer que se realizaron en Barcelona en 1976. En un momento dado, irrumpieron unas jóvenes radicales, que, para protestar por la composición de una mesa que consideraron de mujeres maduras, les lanzaron sostenes. Una de las que encabezó la curiosa maniobra fue la hoy televisiva Karmele Marchante. “Así es la vida…”, resume Sergi Pàmies.

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