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Son chinos y madrileños

Ciudadanos de la tercera comunidad extranjera con más habitantes en la región rechazan el prejuicio del hermetismo y aislamiento

De izquierda a derecha, y de arriba a abajo: Xiao Hai Zhu; Eva Yin; Sen Lin; Dawei Ding y Jorge Chen.
De izquierda a derecha, y de arriba a abajo: Xiao Hai Zhu; Eva Yin; Sen Lin; Dawei Ding y Jorge Chen.

Zhejiang va como un tiro. La provincia del este de China aumentó el año pasado su PIB en un 7,1%, y es la cuarta región del país en ingresos públicos, según destacó su gobernador, Zhejiang Yuan Jiajun, en su informe anual. No siempre fue así: el siglo pasado, esta región —hoy puntera en industria digital— basaba su economía en la producción de seda, y no había trabajo para todos. En los años setenta muchos vinieron a Madrid a probar fortuna. Hoy, sus hijos, nacidos en la capital, ven China como algo lejano.

“Solo he vivido tres años en China, entre los tres y seis. Y no me he planteado volver nunca. La mayoría de mi generación ya pensamos en China como el país de nuestros padres. Me siento más español que chino y me siento más identificado con la gente de aquí, la verdad”, cuenta Jorge Chen, mientras sirve un par de refrescos a dos clientes que acaban de entrar por la puerta de su bar. A sus 31 años, dirige un bar. Chen rechaza el prejuicio del autoaislamiento de la comunidad. “Es cierto que podemos ser un poco más cerrados o más desconfiados al principio, pero luego somos muy familiares”, explica.

Sus padres, y muchos de los de su generación, sí que se encapsularon al llegar a Madrid: es complicado ver a un chino mayor de 40 años en los mismos bares que frecuentan los lugareños. Al menos, en el mismo lado de la barra. Una reacción normal: los primeros migrantes de una comunidad en otro país tienden a vivir juntos como un modo de hacer fuerza colectiva, y enfrentarse a los prejuicios.

La comunidad china en la región de Madrid crece a un ritmo constante. En los últimos diez años prácticamente se ha duplicado en número de habitantes. Concretamente, ha pasado de los 33.489 que había en 2008 a los 59.757 de 2018, según datos del Instituto Nacional de Estadística. La barrera idiomática ha mantenido a la primera generación de chinos separada del resto de la ciudad, algo que no ocurre ya con los más jóvenes. Por otro lado, las etiquetas rodean a las minorías así como algunas reacciones (como frases hechas o dichos) de la cultura popular, que en ocasiones tienen una base racista.

“Nos ponen muchas etiquetas”, comenta uno, que prefiere no revelar su nombre. “Como que no pagamos impuestos, o expresiones que se han normalizado incluso entre los propios chinos y que no deberían, porque son racistas. Hace referencia a frases hechas como: “Me han engañado como a un chino”; “Trabaja como un chino”...

Madrid capital alberga a 38.547 de chinos, según datos del Ayuntamiento. La cuarta parte vive en le distrito de Usera, donde se mantienen con mayor arraigo costumbres y tradiciones. “Ahí se ha formado un Chinatown, una comunidad más cerrada que no ha necesitado relacionarse ni integrarse. Los chinos de Usera lo han identificado como su propia casa, y no han tenido que adaptarse”, explica Jorge Chen.

Ensayo del pasacalles para la celebración del Año Nuevo Chino en el barrio de Usera.
Ensayo del pasacalles para la celebración del Año Nuevo Chino en el barrio de Usera.

Marisa Wang, hija de los dueños de un supermercado del centro de Madrid, es el ejemplo opuesto. Se siente profundamente capitalina y, a sus 27 años, está pensando en opositar. “Mi sueño era ser realizadora de vídeos para publicidad, pero no está el país como para muchas aventuras”, dice, con marcado acento madrileño. “Mis padres vinieron porque China era algo así como el tercer mundo. Ahora, es la primera potencia económica del mndo, mientras España lleva no sé cuántos años en crisis”. Tiene muy clara su ideología, no tanto a quién votar: “Siempre he sido de izquierdas. Podemos nos trajeron mucha ilusión, pero creo que muchos jóvenes de izquierdas nos sentimos decepcionados”. También le preocupa Cataluña —“El nacionalismo es peligroso”— o el racismo y la ultraderecha: “A veces me da miedo que pueda aparecer en algunas partes de España”.

La joven Wang tiene planeado ir a Usera este fin de semana, donde se celebra por todo lo alto la fiesta del Año Nuevo chino, el del Cerdo. Las fiestas tendrán su culmen en el ya tradicional desfile de Usera (mañana a las 11.00), con pasacalles de dragones, leones y farolillos. En el barrio se respira un ambiente festivo. La asociación de cantoneses, de Macao y de Hong Kong, ensaya la danza del león. Haibien Luo, su presidente, les dirige el ensayo. Lo hace en chino. A pesar de llevar más de 20 años viviendo en Madrid, le cuesta expresarse en otro idioma que no sea el natal. Un caso que se repite por todo el barrio.

“Antes hablábamos poco, no teníamos relación más que con nuestros paisanos”, cuenta en trabado castellano Xiao Hai Zhu, de 51 años, secretario general de la Asociación de Quingtianes en España y que llegó a Madrid hace más de tres décadas. “La gente joven, nuestros hijos, van a la escuela y se pueden relacionar más”. Antonio Liu Yang, otro de los encargados de los preparativos de la celebración, considera que “para los padres es un tremendo orgullo que sus hijos hablen español. Pero es importante que no se olviden de sus raíces”.

El hostelero Sen Lin, de 35 años, lamenta que los de su generación están perdiendo las costumbres de su país. “Ya no solemos celebrar tanto nuestro año nuevo. Y da un poco de pena. Esas tradiciones están quedándose solo para los chinos que viven en barrios mayoritarios como Usera”. Y añade: “Sigo manteniendo la nacionalidad china —con la residencia es lo mismo—; no quiero perder mis raíces”.

“Tenemos diferencias culturales enormes”, opina el director de cine y artista audiovisual Yu Depeng, que presenta (del 15 de febrero al 3 de marzo) Perro Callejero en Naves Matadero, un proyecto híbrido a caballo entre el videoarte y el cine experimental que se acerca “a la desconocida comunidad china de Madrid”, que también es diversa.

La mayor parte de la población migrada de China pertenecen a la etnia han. “A ella pertenecemos la mayoría de los chinos”, explica Dawei Ding, fundador y director de China FM, la primera emisora de radio en Europa que emite 24 horas en chino mandarín. El periodista cree la diáspora de su país hacia España de las últimas décadas es normal: “Es perfecto: buen clima, buena comida y una hospitalidad que no encuentras en ningún otro sitio”, dice. Y remata: “Los madrileños son las personas más tolerantes que he conocido”. Eva Yin, que lleva 17 años en la capital y trabaja de camarera, opina parecido: “Vivo muy bien aquí. Tengo un montón de amigos españoles y, por ahora, no planeo regresar. Eso sí, no me iría a otro sitio que no fuera Madrid: no soy chiñola \[mezcla de chino y español\]; soy china y madrileña”.

Un gran pasacalles el domingo

Desde el 5 de febrero los chinos celebran la llegada de Año Nuevo. Este año le toca al cerdo, del que el horóscopo dice que trae la prosperidad, la felicidad y la abundancia.

En Usera, donde reside la mayor comunidad china de Madrid, ya está todo engalanado con carteles y se empiezan a repartir algunas de las miles de caretas que poblarán las calles con la cara del animal. Este fin de semana las celebraciones por la llegada del año 4717 alcanzarán su punto álgido en el distrito con desfiles, espectáculos, conferencias y unas rutas muy especiales preparadas para la ocasión.

Hasta 15 puntos, entre los que se encuentran restaurantes, librerías, establecimientos musicales o colegios, formarán parte de esta ruta que pretende que los madrileños se adentren y conozcan las historias que hay detrás de esto s comercios y los secretos de la cultura china. Como por ejemplo, la Librería Zhonghua, donde los asistentes podrán asistir a una exhibición de calaigrafía china con auténticos pinceles de piel de lobo y llevarse a casa un recuerdo en forma de lienzo con su nombre.

Pero el plato fuerte llegará el domingo, cuando un gran pasacalles recorrerá las calles de Usera. Convertido ya en una tradición, este año contará con la participación de más de 1.200 artistas y voluntarios que llenarán el barrio de trajes traídos de China, dragones y leones gigantes, elementos iconográficos de este país, farolillos fabricados por niños y niñas, y música en directo.

Una carroza en forma de barco comandada por pasajeros de las diferentes regiones de China representadas en España abrirá el paso del desfile, que comenzará a las 11.00 en la calle Marcelo Usera y recorrerá la avenida de Rafaela Ybarra para concluir en la calle Dolores Barranco.

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